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Memoria POTQ: Rolando Alarcón, el hombre del tiempo

Sebastián Rivera Publicado el 28 de Marzo de 2017 por

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Quinta de Tilcoco, 1989. Unos de los infaltables de los viajes familiares en auto era una maletita donde mi madre guardaba sus cassettes con lo más granado de su música: desde The Beatles, Nana Mouskouri, Charles Aznavour, pasando por Ray Conniff, y en español, a Perales, Adamo, algo de la Nueva Ola y mucho folklore: Inti Illimani, Violeta Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón, entre otros.

Ya encaminados a destino, era común que su labor aparte de copiloto era la de ir poniendo música en la radio cassette del auto. La tecnología del compact disc tardaría en llegar y por mientras, desfilaban esos cantantes y bandas en formato cassette, en un loop que se hacía eterno por lo largo de los viajes y la lejanía del destino de turno.

Santiago, 2017. Veo en la vitrina de una librería el libro “Canción Valiente, 1960-1989, tres décadas de canto social y político en Chile” de la periodista Marisol García. Había leído muy buenos comentarios y no dudé en comprarlo. Ya en mis manos, me hizo mucho sentido la primera frase que aparece en el reverso del libro: “la historia sin sonido no es historia, y el sonido sin voces no es memoria”. Lo comencé a leer, detenidamente, y con gusto me fui adentrando en sus páginas e historias. Leyendo de Violeta Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón, el recuerdo fresco de algunas de las canciones de esos autores se mezcló con mis recuerdos de niñez, de esas que escuchábamos con mi madre en esos viajes familiares y que también sonaron en las clases de música cuando niño.

“Voy a recorrer el mundo/en un velerito blanco/ y el viento me mostrará/los puertos que voy buscando”. “Mocito que vas remando en tu lancha engalanada/atrácate para el muelle que quiero ver a mi amada/Siete días que me espera aquella preciosa flor/el canal no lo cruzaba por causa de un ventarrón”. Y la que más recuerdo que ella ponía: “Si somos americanos/somos hermanos, señores/tenemos las mismas flores/tenemos las mismas manos”.

Acá es donde me detuve y me cautivó la figura de Rolando Alarcón, por diferentes motivos aparte de los recuerdos sonoros: era profesor normalista, sacó doce LPs solistas y gran parte de ellos de la mano de la creación de su propio sello (Tiempo), en tiempos que no era fácil optar por esa vía para difundir sus creaciones. Hay que resaltar la transformación que se dio en su obra, pues transitó y fue actor importante de la historia del folklore, desde sus inicios hasta el movimiento de la Nueva Canción Chilena, de alto contenido social unido a una férrea unión y colaboración entre sus artistas bajo el alero del gobierno de la Unidad Popular. Sus letras y composiciones dejan clara esa evolución. En este sentido y en un comienzo, Alarcón abogaba a una Latinoamérica que debía unirse bajo una hermandad (‘Si somos americanos’), hasta llegar a un canto político comprometido con causas extranjeras (‘Algún día Vietnam’), que en ese momento se estaban gestando e influían de una u otra manera en todo el mundo. “…Si cantar al pueblo, si contar cantando las realidades de una época, es ser politizado, lo soy. Todo va de acuerdo al acontecer cotidiano. También en la música”, declaró al diario El Clarín respecto a las críticas realizadas por la letra de la canción ‘El Hombre’, ganadora en el año 1970 en el Festival de Viña.

En un momento e indagando en su amplio cancionero, llegué a la canción ‘En un pequeño mundo’. A mi juicio, una de las composiciones que más me encandiló. Un pequeño mundo que Rolando Alarcón se imaginó y quiso profundamente, y que luego de partir tempranamente a los 43 años, esperemos haya arribado.

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