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De underground seguro y amigos de internet: el lo-fi chileno que levanta nuevas canciones

Bárbara Carvacho Publicado el 25 de Agosto de 2017 por

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“Distintos músicos que se esconden en sus piezas y se expresan mediante ruidos que salen desde sus guitarras para el mundo gracias a la internet, lo que los hace cercanos a todo quien se interese en ellos”.

Esta semana, y con pretexto de la tocata Morimos Aplastados que los reunirá este sábado en el Parque Quinta Normal, nos juntamos con algunos integrantes del lo-fi* chileno. Cinco personajes e historias que hacen canciones y punto. Hablamos de pretensiones, internet, el pop de guitarras y el de alcantarilla, y de los espacios seguros.

Esta es la historia de un grupo de amigos. Amigos que tocan, amigos que van a la feria a comprar casetes para perpetuar entre ellos mismos las ideas que salen de sus cabezas y se expresan con los instrumentos que encuentran a mano en la comodidad de sus cuartos. Amigos por sobre todas las cosas, que desde el cercano 2015 en el Pop Subterráneo se dieron cuenta que podían forjar vínculos más allá de Soundcloud. Amigos que, tras toparse en varias tocatas, decidieron unirse entre chistes y compilados.

El camino para llegar a la música de cada uno de estos chicos no escapa de lo convencional: a Diego, más conocido como Indenadfin le gustaba Blink 182 y tuvo un grupo de cumbia en el colegio, Cristóbal de Plaga de Baile se creyó Gepe y funó cada banda de covers que se le cruzó, Vale Novales aprendió guitarra por sus idolas Demi Lovato y Britney Spears y tuvo sus primeras incursiones en las misas, igual que Nicolás más conocido como Teratoma o T3r4t0m4 para los amigos, que a su vez covereo a Iron Maiden mientras se encantaba con Violeta Parra, y Rena un pequeño Luciano deslumbrado por el grunge, Bob Dylan y apadrinado por su tío metalero que lo llenó de poleras de las bandas que pensó que le podrían gustar.

Todos cambiaron su destino musical y terminaron apreciando la precariedad de las grabaciones por distintos motivos. Aquí es donde entra el lo-fi, la bandera bajo la que se han agrupado. “Es una etiqueta nada más, todo es en talla. Cuando empecé a subir mis canciones ocupé el hashtag del lo-fi y quedó po”, dice Indenadfin, el arquitecto del lo-fi, un sobrenombre autoimpuesto como burla a los ejes de grandeza que descansan en el colchón más plácido de la industria nacional. Una broma directa a Cristián Heyne, que en algún momento fue catalogado como el arquitecto del pop.

“Es la búsqueda de una estética que no es culturamente aceptada o establecida. Para que sonemos así, como la mierda, hay trabajo, hay una búsqueda, yo grabo y subo la ganancia a cagar para que se reviente. No es llegar y grabar con el teléfono porque queda limpio y bien, con los computadores de ahora se puede hacer una huea hi-fi sin problemas, pero no queremos eso”, apoya el integrante de Plaga de Baile que hace unas semanas presentaron su disco homónimo grabado entre institutos, salas de ensayo baratas y tocatas en vivo en Buin, mientras que Valentina Novales guarda cada detalle de la precariedad como parte esencial de su obra: el ventilador de su computador que suena de fondo, las cosas que se caen, los autos pasando. Para ella el lo-fi es simplemente la honestidad de su relato.

“Nos conocimos virtualmente por las grabaciones que hicimos en nuestras casas”, dice Nicolás-Teratoma-T3r4t0m4 y es una idea que condensa su base. “Para mí es no querer darse color, por eso me caen bien estos cabros”, se cola Rena, quien tiene amigos en la escena del lado, la del pop de guitarras a la que nos referiremos como el primo de estos chicos, ese primo que tiene un poco de ventaja y una manera más pro de ver las cosas. “A veces pasa que esos amigos, quieran o no, están viviendo procesos de otra manera. No sé si será la edad, el tiempo que llevan, la profesionalización, pero son los que me preguntan cuándo voy a sacar el epé, y por mí, viviría subiendo canciones sueltas a mi Soundcloud. No hago un concepto, puedo soltar temas, no espero nada”.

“Nos conocimos físicamente siendo público de esas tocatas”, explica el creador del bonito El perrito conoce a los crecencios compuesto por canciones que ya han sonado en lugares como Loreto y no precisamente han sido cantadas por su autor. “Creo que nos sentimos un poco descendientes de lo que al principio fueron esas tocatas de patio, en el galpón, en la casa del Simón (Campusano, de Niños del Cerro), de los espacios de autogestión que para muchos eran los primeros que conocían”, empieza Cristóbal quien tiene un vínculo de odio pasado con el arquitecto, que se remonta a tocatas de hardcore nacional y Ases Falsos. “El pop de guitarras es el primer gran hito en el que vimos que había harta gente haciendo cosas desde el pop, no desde el punk, no desde el hardcore”.

Ellos, cercanos afectivamente pero alejados metodológicamente al primo capitalino, se agruparon a su manera en Gemelo Parásito, un sello que partió como canal en Youtube y que nace de la fusión de las ideas de comunidad de Diego y Nicolás. “Nosotros hacemos las cosas para nosotros mismos. Al menos yo, como Valentina, no me gustaría tomármelo tan en serio como veo que lo hacen bandas más “grandes”, porque me siento bacán así, disfrutando de mis historias y mis canciones. Yo disfruto mucho estar dentro de Gemelo porque son mis amigos, no les debo nada y no me deben nada, no se van a enojar si no puedo ir a tocar, no me presionan para que saque discos, no me piden que haga fotos…”.

“No tenemos aspiraciones, no tenemos pretensiones. En ese sentido nosotros hacemos una reflexión sobre la pieza, ese lugar en el que nos desenvolvemos porque no sabemos de tocatas en bares populares o estudios más bacanes”, se suma Teratoma, quien sólo quería armar discos bonitos de cosas que le gustaban. “Una escena falsa en un disco de gente que no se conoce, que no sale de su pieza, pero que pueden formar al menos virtualmente, comunidad” y eso es lo que lograron hacer en los compilados KL04K4P0P (cloaca pop, para los menos milénicos). “Yo quiero mantenerlo así, veo sellos de punk que llevan años y se puede”, cuenta Diego sentado en el Parque Forestal, el mismo que ha albergado dos instancias importantes para ellos: las tocatas acústicas No se escucha I y II, una de las primeras tardes en las que se vieron las caras y no las selfies.

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El 30 de julio el arquitecto volvió a hacer de las suyas y replicó una idea que tuvo David Castillo de Pizza Time y Pandaderia que consistía en ocupar todo un día para subir grabaciones de músicos de distintas partes del mundo a Facebook. Una tocata online con todas sus palabras que Diego llevó un poco más allá, ocupando sus herramientas creativas de milenial estudiante de periodismo: hacer transmisiones en vivo en la plataforma más popular de socialización digital.

El clímax de la amistad digital. “Yo sentía que estaba jugando Chile, estaba nervioso, emocionado, no paré de mirar en todo el rato el celu”, confiesa Rena, que ese día cruzaba Santiago llevando colchones y sillones de una casa a otra. “Fue significativo porque nos conocimos por internet. Todos hicimos canciones, las subimos y nos encontramos. Internet o muere”, dice tajante Indenadfin.

Aunque se sientan más grandes de lo que son o digan que tienen conexión recién desde el 2007, sus computadoras los han definido en sus convicciones, amistades y obras musicales, desde “la democratización de los recursos de información”, como dice Cristóbal, hasta el extremo de Vale que se muere de miedo de ser un meme: “yo existo gracias a internet”.

Aunque saben que tiene peros.

Cristóbal: “La gente se lo toma demasiado en serio, es como lo que pasa con esto del lo-fi. Yo soy re troll porque me gusta agarrar pa’l hueveo. Me da lo mismo si los hueones deciden tocar en Loreto o la Bienal, me da lo mismo, ese es mi problema pero la gente lo hace personal, no terminamos de entender que hay libertad en internet y en la cotidianidad. Yo puedo decirle al Diego ‘oye tu música vale callampa y no me gusta’ y ¿qué tiene? A él sí po”.

Diego: “Me lo has dicho varias veces ja, ja, ja. No hay que tomarse nada tan en serio, internet es grande, nadie te obliga a estar en mi Bandcamp. Antes me lo tomaba más personal, me dolía que no entendieran que la idea era que sonara así, me daba pena por la Vale o por el Teratoma que son hueones que yo encuentro bacanes, pero ya no pesco”.

Pero salpica más allá de ellos y es algo que todavía no terminan de entender. De pronto tres de sus cassettes se van a Inglaterra, arman una tocata, responden entrevistas.

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Rena: “El otro día me llegaron unos tweets de Japón que está obsesionado con la música chilena”.

Teratoma: “Es uno o dos o tres, no sé, pero es un grupo de cabros lo-fi asiáticos jajaja. Es chistoso que se fijen en nosotros pero internet, po”.

Rena: “Cuando llegaron los tweets me puse a investigar y había uno muy motivado que nos sigue cuático, de hecho tiene un tweet declaración que dice ‘Rena no es Vladimir’, por el Vado de El Cómodo. Quedé pa’la cagá con esa huea”.

“Tenemos que cuidarnos, no olvidar que no hay pretensiones acá, que no hay presión. Tampoco hay que tomarse la hueá en modo: somos un colectivo haciendo blablabla. Cada uno hace lo que quiere, con respeto, como lo hacen los amigos”, comenta Indenadfin. El integrante de las filas de Plaga concuerda: “creo que ninguno de nosotros está dispuesto a ceder nuestros espacios seguros. De eso también se trata nuestra precariedad, de juntarnos entre amigos donde no haya ningún ahueonao alucinado creyéndose patrón de fundo porque nosotros no le debemos nada a nadie y no vamos a aceptar el fascismo”.

Diego se ríe cuando Cristóbal denomina al clan como antifascista, pero “tenemos que hacer presente que somos un grupo de personas antifascistas, antihomofóbicas, antitransfóbicas”, tema que no se aleja de ellos: dentro del grupo de amigos hay un ser que no tiene interés en ser hombre ni mujer, y ellos tienen que proteger el espacio para que ese artista no corra peligro sólo por la necesaria disidencia de género.

“Todos tenemos esa parada de no soportar nada que sea ajeno de nuestra construcción de un under donde nos podamos sentir tranquilos y seguros. Si estamos escondidos en la alcantarilla y desprotegidos por el resto de los ejes, no nos queda más que cuidarnos a nosotros”, concluye Cristóbal.

*Portada: Indenadfin

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