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Filipina Bitch: Abandonar esta cultura

Rodrigo Alarcón Publicado el 30 de Junio de 2017 por

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A fines del año pasado, cuando el sol machacaba sobre Santiago, los cuatro integrantes de Filipina Bitch se encerraron durante dos jornadas en los estudios de Algorecords. Al finalizar la primera, luego de horas de horas preparando los equipos, fumando y tomando, grabaron más de una decena de canciones que venían tocando en vivo hace meses. A la mañana siguiente, descansados y repuestos, volvieron a tocarlas y grabarlas.

Esa segunda versión, registrada de una sola vez, es la que hoy se puede escuchar en Animales del espanto, quizás el primer retrato acabado de la formación actual del grupo. Iniciados oficialmente en Concepción como Philipina Bitch, un dúo entre Felipe Ruz y Sebastián Orellana, ahora son un cuarteto (casi) completamente distinto: el primero permanece como guitarrista y cantante, pero junto a Marcos Muñoz (guitarra y voz), Matías Cena (bajo) y Jorge Quelempán (batería).

Animales del espanto es ruidoso, a ratos saturado, se le ven las costuras. Se escuchan zumbidos. “¡Wena!”, grita alguien al finalizar una canción. No es el primer disco que Filipina Bitch edita con esta alineación, pero sí el primero concebido como tal, luego de los epés A (2013) y O de yo o no (2014), el ensayo editado como Sorpresa es soledad (2015) y un split publicado junto a Matías Cena el año pasado. “Queríamos grabarlo porque ya teníamos hartos temas para hacerlo y estaba bueno”, sintetiza “Koke” para explicar su origen. “Es una compilación desde que empezamos a tocar juntos. Es como el hito de la banda”, añade Marcos Muñoz.

Sentados en una fuente de soda de avenida Santa Rosa, los cuatro miembros de Filipina Bitch se atropellan al hablar: admiran un pase milimétrico de Alexis Sánchez a Mauricio Isla, se ponen al día, discuten los pasos siguientes del grupo. No es raro, porque últimamente no están habituados a reunirse. Dos viven en Santiago, uno en algún cerro cercano a Curacaví y el otro en San Sebastián, así que solo se juntan a tocar. “Pero después de un periodo súper intenso de darle y ensayar mucho. Alcanzamos un nivel agilao de comunicación al tocar”, asegura Marcos.

Animales del espanto, según un texto que acompañó su publicación, “es un trabajo sonoro que no sucumbe ante las clasificaciones contemporáneas mientras se sostiene con ambos brazos a la esperanza de un presente libre, es el disco de una banda que venció la muerte con la simple idea de querer hacer. De quererse y de querer”.

Matías Cena, presunto autor de esas líneas, añade ahora que “no es parte de nada, solo de nosotros. No tiene un lugar dentro del mapa de la música, no tiene un lugar dentro del mapa de una escena, solo tiene lugar dentro de nuestra historia y tiempo como banda. No se puede llamar de ninguna forma más que Animales del espanto, es la única figura que lo puede clasificar”.

Marcos agrega que “al menos yo no sentía que tuviésemos un disco que representara cabalmente eso. En la última época en que ensayamos harto terminábamos hechos mierda con lo que pasaba. Era mágico, como una comunicación telepática, con mucha coordinación. Eso es lo que ahora nos sostiene para tocar en vivo sin ensayar”.

“De alguna forma puede ser la misma química que pasaba con el Seba (Orellana), como que fluya no más”, continúa Matías. “Yo siempre voy a relacionar un poco eso, la química, lo desatado que es todo”, la sigue Felipe. “La sicodelia, la libertad al tocar”, la termina Marcos.

—¿Eso tienen en común este disco y la vida anterior de Filipina Bitch?

“Sí”, responden todos.

Marcos Muñoz: Lo más asombroso de ver al Feli con el Seba era cómo tocaban juntos, más que las canciones. Si escuchas Té, papayas y completos (2007), es cómo podían conectarse tan bien en esa incoherencia. Ahí cantan canciones hermosas, chistosas, tristes, hay un espectro emotivo amplio, pero lo que más me asombraba era verlos tocar juntos, porque estaban en una sintonía cuática. De hecho, cuando eran trío, siempre vi al Iván (Molina) un poco fuera de esa sintonía, aplicando esquemas más musicales. A los cabros los veía tocar más intuitivamente, eran más chicos.

—Felipe, tú que estás desde entonces, ¿lo ves así también?

Felipe Ruz: No sé, esa banda también tuvo momentos distintos. Entre que empezamos y dejamos de tocar en Conce, éramos como nueve tocando. El Seba y yo tocábamos guitarra, el Iván tocaba batería, uno tocaba djembé… Daba para todo, terminábamos tocando medio pachanga, su Santana. Después nos vinimos a Santiago con el Seba, hicimos un trío con Iván y empezó a haber una química entre los tres, un poco como lo que pasa ahora. El Iván iba arreglando más, pero las baterías siempre eran bien libres. Si yo le decía “toca eso de nuevo, está bacán”, no sabía cómo hacerlo jajaja.

—¿Cuánto hay de improvisación en este disco?

MM: ‘Mugre’ partió de una guitarra que yo me puse a tocar, le dimos y salió el tema.

MC: Y ‘Asco’.

MM: Claro, el último tema, que es como punki. Yo toco batería, el Koke toca bajo, el Mati toca guitarra y el Feli canta con guitarra.

FR: Dijimos: ¿si hacemos una canción en que nos crucemos los instrumentos? Ya.

—¿Venían buscando esa improvisación?

MM: Igual sí. Lo fuerza la droga, jajaja. A título personal, siento que he progresado como músico, se nota. Antes era más descontrolado, no le ponía tanta atención a la ejecución. En el disco es característico el matiz de las canciones, van de momentos muy ruidosos a momentos casi de batería sola.

FR: En un momento empezó a funcionar de verdad, nos escuchamos más entre nosotros. No se trata de “ah, está haciendo un Fa”, sino que “ah, se quedó pegado, sigámoslo”, ese tipo de cosas. Antes estábamos más preocupados de tocar bien las canciones o algo así. Es producto de ensayar mucho y conocernos en todo sentido, de amigos, de música.

MM: Yo he aprendido caleta, esta banda ha sido como una escuela para mí, en el sentido de entender cómo construir un sonido no desde una sola visión. Tienes un amplificador que suena gigantesco y va a tapar lo otro, entonces ¿cómo haces para que lo no tape, sino que se integre? Yo he pasado dos o tres años tocando a mucho volumen para entender esa dinámica.

FR: En realidad, eso es aprender a tocar en grupo. O sea, si alguien cambia algo, yo no digo que paremos. Es algo que pasa sobre todo en vivo, cuando alguien toca otra cosa porque se equivocó.

MC: Eso es algo que manejamos todos, que la equivocación a veces nos lleva a cosas más sublimes.

MM: Eso es muy bacán ahora. Si hay un error, ese error es una puerta a otro lado.

JQ: Una sorpresa.

—Me da la impresión que es un disco para escuchar a alto volumen, ¿fue pensado así?

MM: Igual tú lo pensaste.

FR: Sí. Cuando estábamos mezclando con Felipe Castro en Estudios del Sur, él le puso más cabeza a la mezcla. Estuvo sonando ‘Avanzar’ todo el día, fuerte, fuerte. Yo le decía a Felipe, ¿siempre escuchas los discos fuerte? Y me dijo: es que esto tiene que ser así.

¿Por qué Animales del espanto?

MM: Yo escribí esa letra  y me parece una imagen hermosa porque es difusa. No es muy lógica, pero tiene vida, fuerza y se mueve, como los animales. No se aferra a algo que puedas sintetizar con tu mente, no lo puedes reducir a una idea. En ese sentido, es una imagen libre, como la música.

FR: Yo también lo relaciono con una forma de tocar más animalesca, por así decirlo.

JQ: Sintiendo lo que está pasando.

MM: Más irracional, más instintiva, intuitiva, con esos sentidos que están vetados por una cultura racional.

—El disco está lleno de palabras relacionadas con la naturaleza. Hay una canción que se llama ‘Tundra luna’.

MM: Esa canción salió de una improvisación, un motivo que llevamos a todos los lugares a los que nos fue posible. El nombre lo pusimos en un chat de Facebook: ¿qué imagen se les viene a la cabeza?

JQ: Yo dije “Luna”.

MC: “Tundra”.

MM: ¡Chao! Jajaja.

—¿De dónde viene todo eso relacionado con la naturaleza?

MC: Hace rato tenemos ese motivo medio metido en la cabeza.

MM: Yo lo refiero como abandonar esta cultura. Abandonarla no significa no aparecer, sino más bien hackearte la mente, desenchufar esa hueá y entender que puedes habitar la música, las bandas, los proyectos, los sellos, todo, de otra manera. Para eso, es necesario armarte un mapa simbólico distinto y, en ese sentido, a mí me funciona escribir letras con los símbolos de la naturaleza.

—¿Es algo compartido por todos?

FR: Sí, el tema mío, ‘Ahora, queriendo avanzar’, igual habla de eso.

MC: Es como un motivo filosófico que buscamos.

MM: Desde ‘Hinsspeter’, que sentí que no nos representaba a todos, empecé a escribir letras que intentasen afiatarnos y siendo todos distintos, la única forma es construir un mapa poético distinto. Los animales y las plantas funcionan. Ahí podemos encontrar una comunión, en esos símbolos.

Lanzamientos

El lanzamiento de Animales del espanto será el próximo 15 de julio en Taller Ojo de Pez, junto a Inmontauk, Terminal y Columpios al Suelo. El 28 de julio también será presentado en Casa de Salud, Concepción.

Foto: Facebook Filipina Bitch.

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