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Deftones – Gore

Publicado el 18 de Abril de 2016 por

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La trayectoria de la banda californiana la podríamos separar en dos eras: La primera, desde sus inicios hasta el lamentable fallecimiento de Chi Cheng. La segunda, cuando vuelven con toda la potencia clásica en Diamond Eyes y con Sergio Vega en el bajo, supliendo el puesto que había vacante.

Y es dentro de esta segunda era que Deftones retomó la búsqueda sonora, que los llevó a alejarse definitivamente de la estética más clásica del Nü Metal para abrazar atmósferas etéreas, sonidos más densos y complejos. Influencias que se ven de manera drástica en los proyectos que ha llevado a cabo este último tiempo Chino Moreno, con Crosses y Palms. Todo esto convergió en uno de los mejores álbumes que han editado los de Sacramento, como lo fue Koi No Yokan, un disco de cuerdas pesadas y visceralidad a flor de piel, todo cubierto de una sonoridad espectral. La vara quedó más que alta y tuvimos que esperar cuatro años para que Deftones nos sorprendiera, para bien o para mal, con un nuevo material de estudio.

>Gore es un disco que separa aguas. Lo amas o lo odias. Un trabajo que si se comienza a hilar fino, no cambia mucho de su álbum anterior, tanto en la forma como en el fondo. Deftones decide quedarse en la zona de confort y no tomar el riesgo como lo ha hecho en diversas ocasiones, repitiendo patrones ya vistos en obras anteriores, pero que se acentúan de manera más clara en esta ocasión. Y todo esto se puede apreciar en la parte media de las once canciones que componen dicho larga duración.

Los puntos altos se aprecian en los extremos. Durante el comienzo, siendo ‘Prayers/Triangles’ y con justa razón, una de las mejores composiciones para este disco y con todos los atributos para convertirse en un neo clásico dentro del repertorio de la banda. Y en tramo final con el tema que le da el nombre al disco, junto a ‘Phantom Bride’, canción que cuenta con la colaboración de Jerry Cantrell. El resto del trabajo navega a velocidad crucero, sin mayores sobresaltos y llegando casi al auto plagio de lo que fue Koi No Yokan, siguiendo la fórmula del quiet-loud-quiet en cada canción, pero al estilo deftoniano.

Este octavo álbum de Deftones no es un mal disco, pero sin duda es el que más deja un sabor agrio dentro de la discografía de los oriundos de Sacramento. Mucho se ha hablado que no existe evolución e innovación, pero hay que ser claros, la banda lo ha sido desde sus comienzos, pero la máquina ya no anda a la misma velocidad de siempre y el primero en darse cuenta ha sido Stephen Carpenter, quien ya había dado luces en una entrevista que no se sentía a gusto con el rumbo que estaba tomando el conjunto y que le costó mucho interiorizarse en el trabajo. A la larga, Moreno y compañía se quedan dormidos en los laureles a causa de tomar el camino más fácil y con Gore como la primera víctima de esta mala jugada.

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