Ser adolescente e ir a ver a tu banda favorita es una ocasión especial. Tu fanatismo va a llegar a un punto cúlmine. Verás a ese amor platónico. Llegas temprano, con un cartel, con la polera o simplemente para estar adelante. ¿El propósito? Tal vez conseguir rozarle la mano o que tal vez te mire. Si lo logras, va a ser la anécdota para contar al otro día en clases, si no, igual será una velada emocionante de la que te vas a acordar muchos años después. Tal vez para contarle a tu hija y que ella se ría de los peinados ridículos de esa época. Tal vez pases esa fase de fanatismo y te de un poco de vergüenza. O tal vez se mantenga y cuando esa banda que te fascina vuelva, llevarás a tu hija.

Lollapalooza 2017 va a ser una ocasión donde evidenciaremos dos de estos escenarios. Veremos a esas adolescentes soñadoras crear recuerdos viendo a The 1975. Y también veremos a otras que se sentirán nuevamente adolescentes al ver a Duran Duran.

Duran Duran siempre tuvo que abrirse paso y lidiar con la etiqueta de boy band: integrantes atractivos que llamaban a una gran fanaticada femenina, que explotaban esta característica por medio de exóticos vídeos musicales (que ya son icónicos) y una cuidada estética que derrochaba glamour. “La banda era como una caja de chocolates, todos éramos el favorita de alguna chica”, declaró John Taylor. A pesar de la enorme popularidad que consiguió la banda, esto rápidamente se volvió una maldición.

John Taylor de Duran Duran con una fan, Michelle Coldwell-Simons en 1986
John Taylor de Duran Duran con una fan, Michelle Coldwell-Simons en 1986

Iniciado como un “proyecto artístico”, la etiqueta de boy band fue adquirida involuntariamente y, aunque en un principio aumentó su popularidad, rápidamente se torno un lastre al ver cómo los medios musicales del momento los marcaban como una banda “desechable”, ingeniada por algún manager, ignorando su calidad musical y sus propuestas cada vez más innovadoras que terminarían siendo influyentes en los años posteriores.

Incluso ahora, en una entrevista reciente, Simon Le Bon respondió molesto el porqué nunca fueron una banda de chicos. “Tocamos nuestros instrumentos, escribimos las canciones y nunca hicimos rutinas de baile… Y no hacemos lo que nos mandan”. Y, si revisamos la historia, Duran Duran siempre fue un proyecto con total control en su imagen y su sonido, cambiando managers y peleando con sus sellos para poder mantener esa libertad creativa.

The 1975 utilizó medios parecidos a Duran Duran pasando de ser un fenómeno local a llenar estadios, gracias a su público joven. Un estética marcada en blanco y negro o luces neón rosa, y un sonido que a ratos suena a los mismos Duran Duran (La guitarra de ‘Love Me’ parece prestada de ‘Notorious’) y otras veces más a One Direction. Incluso la fanaticada local es inusitadamente grande obligando a cambiar recinto, después de acabar los tickets en minutos, a pesar también de su casi nula aparición en radios.

La historia se repite ante las palabras del vocalista de la banda Matt Healy, ante la etiqueta.”¿Qué nos califica como boy band? Si es tener la locura de un público mayoritariamente femenino, tener un hotel rodeado de fanáticas y agotar conciertos… sí, seríamos una boy band. Pero tocamos nuestros propios instrumentos y tenemos una perspectiva más alternativa. Es algo que apareció por nuestro aspecto”. Resulta casi cómico cómo ha mutado la opinión de la prensa especializada sobre el grupo: NME los nominó dos años seguido al premio de la peor banda (la cual tuvieron el ¿honor? de ganar el año 2014) y dos años después, el mismo medio los coronaba como “Mejor álbum del año”.

Fans viendo a The 1975 en la Universidad de Liverpool
Fans viendo a The 1975 en la Universidad de Liverpool

Y es aquí que llega una pregunta. ¿Por qué tener un público conformado mayoritariamente por adolescentes es un signo de que estamos ante música mala?. ¿Por qué ciertos fans son mejores que otros? Parece que los medios musicales y la crítica no ha evolucionado nada desde los ochenta, y este estereotipo sigue aún presente.

Duran Duran, finalmente superó el estatus de “gusto culpable” y fue apreciado con el peso que tiene, tomando su puesto como una banda que marcó los ochenta, mientras poco a poco vemos publicaciones más serias sobre The 1975.

¿Y las fangirls? A pesar del tiempo y las incesantes críticas, siguen más presentes que nunca. Jamás necesitaron la aprobación de la crítica o de los demás, razón por la que orgullosamente se organizan y comunican por medio de blogs, fórums o páginas de Tumblr. Ojalá nunca desaparezcan. En este Lolla espero verlas arrimadas a la reja, gritando a todo dar, las Duranies de los ’80 y las del 2010, disfrutando al máximo, ya que confío en que las ganas de bailar son intergeneracionales.

Portada * The Duran Diaries