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Memoria POTQ – Los Mac’s

Memoria POTQ – Los Mac’s

Cándido e inverosímil son dos adjetivos que hoy se ajustan a 22 a-go go (1966), el primer disco que editaron Los Mac’s versionando éxitos que habían estallado unos cuantos años antes en el primer mundo, como “Woolly boolly”, “Ese será el día”, “Satisfacción” y “Córrete Beethoven”. Lo es no solo por su contenido musical, sino por la absurda pretensión de intentar replicar un concierto a través de incesantes chillidos de una audiencia femenina supuestamente enfervorizada y que es difícil soportar durante los 40 minutos que dura el disco (¡incluso piden otra, otra, otra!). “Llevamos a unas niñas para que metieran ruido. Eso es todo truco. Si ahora lo escuchas, vamos, te cagas de la risa. Pero para ese tiempo estaba de puta madre”, admite el baterista Erick Franklin en Prueba de Sonido, el libro del periodista David Ponce.

Hay que intentar imaginar el Chile en que un disco como 22 a-go go estaba de puta madre. Los Mac’s habían nacido en 1962 al alero de los hermanos Carlos y David Mac-Iver, que en su natal Valparaíso escucharon por adelantado a Gene Vincent, Chuck Berry, Elvis Presley y otros patronos del primer rocanrol. Sus canciones llegaron primero a los muelles del puerto, en manos de marinos europeos y estadounidenses, y luego se quedaron en los bares que acogían a esos mismos viajeros. Así las conoció una primera formación de Los Mac’s que grabó a algunos singles, pero la alineación clásica de la banda se forja en Santiago. Los hermanos Mac-Iver llegaron a la capital impactados por los primeros Beatles y se encontraron con los igualmente estupefactos Erick Franklin y Willy Morales, ya aburridos de formar parte de Alan y sus Bates, a pesar del fulminante éxito que habían cosechado. Esa es la formación de Los Mac’s que grabó aquel disco y luego GG Session by The Mac’s (1967), otra colección de covers, aunque ahora mejor producidos y un tanto más contemporáneos: The Animals, The Byrds, The Hollies y los infaltables Beatles y Rolling Stones.

En cada uno de esos discos, Los Mac’s apenas lograron incluir una composición propia, pero en el tercer intento dieron el gran salto: Kaleidoscope Men (1967) contiene solo canciones originales e ingredientes sorprendentes para la época. Hay un sexteto de cámara, hay arreglos de Carlos González, hay guitarras en reversa y hasta un minúsculo sample de “Gates of eden” de Bob Dylan. Hay, sobre todo, entrañables canciones, como el instrumental ‘Evangelio de la gente sola’, la delicada ‘Anne Marie’ y la rocanrolera ‘Tensión extrema’, que efectivamente transmite aquello en esas cuerdas agudas y electrificadas.

Ni siquiera Los Vidrios Quebrados -cuyo guitarrista Juan Mateo O’Brien colabora en la letra de ‘Dear friend Bob’- se habían dado esos gustos en el estudio, aún cuando se supone que fue su disco Fictions (1967) el que llevó a Los Mac’s a abandonar los covers. “O hacemos composiciones nuevas o nos quedamos en segundo lugar”, se dijeron luego de escuchar el LP de sus colegas, según consta en Se Oyen Los Pasos, del músico y periodista Gonzalo Planet.

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Claro, Los Mac’s tenían un “prestigio” que defender: se habían acostumbrado a llenar locales y encender fiestas a las que asistían los extranjeros residentes o los hijos de las clases más acomodadas. Ellos eran quienes tenían acceso a la música que hacía furor en Estados Unidos y Europa y encontraban en la banda una de las escasas aproximaciones locales a ese sonido. Los Mac’s tocaban en colegios, en discotecas al oriente de Santiago, en las playas más elegantes del litoral central y en las por entonces usuales fiestas de “ingreso en sociedad” de las jovencitas de la clase alta. De este modo no solo obtuvieron suficiente éxito para grabar discos, sino que adquirieron instrumentos y equipos que no eran habituales en el país. Tanto así, que la revista Ritmo alguna vez los mostró “de lo más orgullosos con su nuevo equipo electrónico, el que los coloca a la altura de los mejores conjuntos del mundo”.

Así de lejos parecía el mundo para el Chile de aquella época, pero Los Mac’s acortaron distancias con Kaleidoscope Men. Sgt. Pepper se había editado apenas unos meses antes y su influencia es vasta en el disco, donde también se pueden hallar vestigios de los Doors, de Hendrix y, en general, de la sicodelia que sacudía al hemisferio norte. Si el LSD se esparcía por esos territorios, acá Los Mac’s gozaban el desconocimiento sobre una marihuana que se podía fumar libremente en las calles y los cines, simplemente porque nadie sabía de qué se trataba.

En medio de todo está ‘La muerte de mi hermano’, esa canción apuntada como fundacional para el rock chileno, pese a que es una excepción en Kaleidoscope Men. Es la única cantada en español, fue compuesta por el libretista de radio Orlando Walter Muñoz y escrita por “Payo” Grondona, vecino de los Mac-Iver en Playa Ancha y luego conocido como cantautor de la Nueva Canción Chilena. Es una rareza, además, porque es un canto contra la invasión estadounidense a Santo Domingo, muy acorde con los tiempos, pero extraña para las motivaciones de una banda que apuntaba más al entretenimiento de la burguesía antes que a proclamas antimperialistas. En Se Oyen Los Pasos hay un singular diálogo entre Willy Morales y David Mac-Iver que lo ilustra. Mientras el primero admite su insistencia en grabar el tema (“me tenía muy preocupado la guerra de Vietnam, era como una piedra en el zapato”), el segundo subraya el origen de sus seguidores: “Tocábamos para los gringos, para la gente del barrio alto y fuimos justamente a cantarles a ellos un canción de protesta. No tengo idea por qué lo hicimos”, dice.

Con la distancia del tiempo, parece que el solo hecho de mantener una banda como Los Mac’s y grabar un disco como Kaleidoscope Men ya era bastante atrevimiento en el Chile de aquella época. El más cruel argumento para comprobarlo es que el disco fue un fracaso comercial y la banda volvió a los covers en un disco homónimo de 1968, editado cuando ya habían se habían instalado sin mayor éxito en Italia. Pronto se disgregaron y la historia solo se reanudó en años recientes, sin mayor brillo artístico. Este disco, entonces, es una cumbre. Mientras la incipiente industria discográfica local continuaba buscando réplicas de lo que había sido éxito hace años, Los Mac’s intentaban hacer una música que llevaba años de ventaja. Estaba llena de referentes foráneos, es cierto, pero al menos eran más contemporáneos, casi instantáneos. Al estar confinada al sur del mundo, además, inevitablemente es una música que adquiere un color propio, extraño, surgido entre la precariedad y la creatividad. ¿Cómo es que se hacía esta música en el Chile de esos años? En esa singularidad, quizás, sí que Los Mac’s son precursores del rock criollo.

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