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Sufjan Stevens y su cuatro de julio

Guillermo García Moscoso Publicado el 22 de Agosto de 2016 por

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Uno de los momentos más impresionantes que me ha tocado vivir, en lo que a música respecta, ha sido un concierto de Sufjan Stevens y, en particular, la parte final de ‘Fourth of July’, canción de su último disco Carrie & Lowell.

La canción comienza con un teatro donde la oscuridad es casi absoluta. Allí, Sufjan al piano cuenta su historia y, con ello, la historia de su madre, quien murió en diciembre de 2012 de un cáncer al estómago.

Recibiste suficiente amor, mi pequeño pichón

¿Por qué lloras?

Y lo siento, me fui, pero fue para mejor

A pesar que nunca se sintió bien

Mi pequeño Versalles

Debemos mirar la luna, mi pequeño bribón

¿Por qué lloras?

Haz lo mejor con tu vida, mientras es abundante

Mientras que es luz

Al acercarse el final, las luces comienzan a aparecer de forma giratoria en todo el teatro y la voz de Stevens, su coro y la banda, en un infinito eco, comienzan a cantar, mejor dicho a recitar el verso final como un verdadero mantra:

(We’ll gonna die)

 

(We’ll gonna die)

 

(We’ll gonna die).

El mantra se detiene de un segundo a otro, sin aviso.

Ya todos estamos seguros que moriremos.

Que alguna vez moriremos.

Carrie & Lowell son, respectivamente, la madre y el padrastro de Sufjan Stevens.

Carrie & Lowell, como disco, es la historia de la relación de Sufjan con su madre, quien sufrió de depresión, esquizofrenia y alcoholismo; quien lo abandonó cuando tenía recién un año de edad y, tras ello, con la excepción de tres veranos entre los 5 y 8 años, vio con intermitencia hasta su muerte.

Carrie & Lowell es, finalmente, tanto una despedida como una reconciliación.

Te perdono, madre, te puedo escuchar

Y deseo estar cerca de ti

Pero cada camino lleva a un final

Sí, cada camino lleva a un final

Tu aparición me atraviesa en los sauces

Cinco gallinas rojas – tú nunca nos veras de nuevo

Tú nunca nos verás de nuevo

Carrie & Lowell fue señalado por muchos como el mejor disco del año 2015.

Hoy, que lo escucho nuevamente con calma y poniendo atención a cada una de las palabras que se cantan, ha cumplido año creciendo de manera maravillosa: como un disco que se lee a la manera de un poemario íntimo; como un conjunto de canciones que se revisa a la manera de un álbum de fotografías familiares, mostrando esos recuerdos que alegran y también, por qué no, aquellos que duelen.

Debería haber sabido mejor

Nada puede ser cambiado

El pasado sigue siendo el pasado

El puente hacia ningún lugar

Debería haber escrito una carta

Explicando qué siento, ese sentimiento vacío

 

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