Todas las fotos cortesía de: Vicente Brogca

El Club Chocolate tiene tres puertas: la de Antonia López de Bello por donde entran las bandas, la de Ernesto Pinto Lagarrigue que supongo es para el personal, y la que queda justo en la esquina para el público. Todo eso lo descubrí a la fuerza.

-“Hola ¿por acá se entra al Club Chocolate?”, le pregunté a dos personas paradas dentro de la entrada de Ernesto Pinto.

-“Sí ¿por qué?”, me dice uno con cara de pocos amigos.

-“¿Estarán adentro Tus Amigos Nuevos?”

-“¿Qué amigos nuevos?”, me pregunta. Por su cara creo que cree que lo estoy hueviando.

-“La banda que toca hoy, se llama Tus Amigos Nuevos”.

-“No, no. No ha llegado ninguna banda. En todo caso las bandas entran por el portón de allá”.

Son las 13:10 de la tarde del jueves 11 de agosto. Hoy en la noche toca Chini and The Technicians, Los Verdaderos Cabrera y Tus Amigos Nuevos (desde ahora T.A.N.) en el Club Chocolate. Había entrevistado a Leo Salinas, parte de T.A.N. dos días antes y ahí salió la idea: un día entero con la banda. Leo me citó a la una pero aún no llega, así que decido tomar unas fotos del recinto y jugar Pokemon Go ya que en Bellavista está lleno de Pokeparadas. También le envío un mensajito al Leo: “Ya llegué. Estoy afuera”. Al rato me llega la respuesta: “Llegandi”.

Yo no lo sabía en ese momento, pero habían varias verdades que se terminaran cumpliendo. Uno: siete cigarros no me alcanzarían para sobrevivir hoy. Dos: los cuatro miembros de Tus Amigos Nuevos (Leo, Javier, Manu y Diego) tienen personalidades que uno rápidamente puede emparentar con las de nuestros propios amigos. Tres: terminarían siendo mis nuevos amigos.

Soy pintamonos porque el mundo me hizo así

Un fascista musical, así se definió en la entrevista Leo Salinas. Le gusta pelear sobre música, discutir sobre el synth pop que no soporta, o de cómo no entiende el culto que hay hacia el Corazones de Los Prisioneros. “No es la primera vez que me cae bien un fascista”, es lo primero que pienso. Ahí mismo, dos días antes de juntarnos en el Club Chocolate, me di cuenta que parecía que sudaba energía, como un hombre que se tira jales constantes pero pequeños (pero en el buen sentido). Puro apañe, un personaje difícil de encontrar en los libros de hoy sin que te caiga mal. Una suerte de anti-extranjero de Camus.

“Siempre llego primero, excepto cuando se trata de irse en bus, ahí siempre llego tarde. De hecho, siempre me pierdo el bus”, explica entre risas cuándo llega.

Cuando le hablé de la idea de seguir a T.A.N. un día entero fue él quien se encargó de hacer las gestiones con la banda para que dos días después lo esté viendo llegar en bici frente al Chocolate. Entramos por el portón de bandas, saludos de rigor y me ofrece salir a fumar un cigarro mientras llegan los otros, yo quería fumar poco hoy pero al parecer no será posible. En taxi, junto con los instrumentos, llega Manu del Valle y Diego Lorenzini, dos cuartos de la banda. Llegan con guitarras y bajos para bajar.

En la descarga de instrumentos llega Javier Chorbadjian, el eslabón final de la banda. Juntos ayudamos a bajar las cosas que traen Los Verdaderos Cabrera, que también acaban de llegar. Nos vamos a almorzar a la esquina de Pío Nono con Antonia Lopez de Bello, en un local con un cuadro gigante de Los Simuladores, esa serie antigua de Canal 13 que tenía a Benja Vicuña como protagonista y que ni se le acercaba a la versión original argentina. El cuadro estaba firmado con afecto por todos los protagonistas.

Leo pide de inmediato una cerveza de litro, y nada para comer, saca un Mac y comienzan a hablar de salas de ensayo, de cómo los pacos gasearon al Manu ayer por Baquedano, de cómo Diego quiere agua y no cerveza (por lo que se gana bromas de parte de los demás), de cómo al parecer el Chocolate tiene un “dress code”, por lo que no podrían tocar con zapatillas. “Deberíamos tocar en pelota”, dice Leo ante esto último.

Javier y Diego parecen los más interesados en el extraño que se las da de periodista en la mesa, hacen las preguntas de rigor (¿dónde estudiaste? ¿qué haces? etc…) hasta que Javier se comienza a lanzar de a poco.

-“¿No nos vai a entrevistar? ¿Nos vas a hacer preguntas?”, con un tono extrañado pero no por eso pesado.

-“Si es necesario no más. Mi idea es que al describir el día sus acciones hablen por sí mismas”, y mientras hablo veo como su cara cambia a una incomprensión más grande. “Es como ser una mosca en la pared, como decía Tom Wolfe, que es uno de los inventores del Nuevo Periodismo”, digo tratando de salvar la conversación.

(Mientras escribo esto me surge la duda ¿de verdad fue Wolfe el de la mosca en la pared? ¿No fue Krakauer? ¿O Talese? Pico, poco importa).

“La idea es ver hasta donde llega la mosca”, continúo diciendo. “Podría llegar a convertirse en la mosca en la sopa, como decía Hunter S. Thompson: ser parte de la historia”. Y mientras hablo, veo cómo eso les interesa más, en especial a Leo.

El almuerzo se acaba, entre preguntas periodísticas de Javier (que parece muy interesado) y bromas sobre una nueva sala de ensayo. Leo paga mi almuerzo en una muestra de buena onda inédita para un periodista amateur como yo, así que le insisto en que me deje poner ochocientos pesos para alivianar la carga.

Al Leo las mentitas le hacen mal, o al menos eso me dijo el otro día, aunque a veces come. Cuando llegamos al Chocolate y Los Verdaderos Cabrera (desde ahora LVC) nos ofrecen mentitas, él no las acepta. LVC al parecer son fans de T.A.N. ya que demuestran un interés enorme en ellos, les dicen que les recuerdan con esa “actitud punk” a Los Prisioneros, aunque si me preguntan creo que Pánico sería más acertado.

Leo ofrece un café a Diego y a mí, por lo que todo el lote termina moviéndose al café que queda al otro lado de la calle. Ahí se arman dos mesas, una con la mayoría de T.A.N. (además de su fotógrafo Vicente “Stanley” Brogca que acaba de llegar y yo) y la otra con la mayoría de LVC (a excepción de Javier). Aunque las mesas están juntas, las conversaciones son radicalmente distintas: en nuestro lado se habla de quién fue el que le colocó el apodo de “Stanley” a Vicente, si Diego o Manu (aunque después se metería Leo diciendo que él había sido). En la otra mesa, LVC están haciendo la pega que yo no estoy haciendo al entrevistar de manera exhaustiva sobre el nombre de la banda, cómo se conocieron, y todas esas preguntas obvias para los periodistas pero no para los no-periodistas. Pongo la grabadora en esa mesa a ver si saco algo bueno.

Las mesas del café están peligrosamente cerca de la calle (como todo en Bellavista), solo que acá hay unos arbustos adosados a un vidrio grande y un pequeño farol que están entre las mesas y la calle. En un mal movimiento de alguien de nuestra mesa, el farol termina destrozado contra el cemento de la calle. Todos se descartan la culpa por la cagada que acaba de quedar.

Nos vamos del café. No nos hacen show por el farol destruido, parece que hoy la suerte apaña.Farol
***

Leo es de los que baila tocando, con pasos cortitos acompañados de movimientos de hombro y cabeza. Se nota que la pasa bien, hace improvisaciones con el bajo desenchufado y con Diego mientras prueban la voz. Después hace otra, esta vez enchufada y “a lo Primus”, como le pide Manu.

Deben ser las 17:00 o 17:30. Se demoraron media hora o cuarenta minutos en la prueba de sonido, incluido cambios de instrumento (Leo parte tocando el bajo y termina en la guitarra). Se bajan del escenario y salimos por un cigarro y ver qué hacer. Leo arregla la lista de invitados que ha estado cambiando constantemente durante el día . “Ya no hay espacio para más gente” avisa en voz alta antes de irse a dar clases. Sí, Leo también es profesor.

“Vuelvo como a las 21:30, no te separes de estos hueones” me dice como un padre preocupado. “Ya, chao cabros”, dice mientras se sube a la bici.

Leo en bici 2
Llega a las 22:30, me pilla vendiendo discos con Diego, hablamos todos un poco pero empieza Chini and the Technicians, por lo que todos se paran a verlos y me quedo en el stand solo hasta que termina Chini y nos vamos al backstage donde por fin están todos juntos de nuevo.

Vendiendo discos
Ningún cobarde va a acostarse temprano

Cuando entra al Chocolate se encuentra de frente con su banda, los saluda afectuosamente a todos y me termina saludando a mí por defecto, aunque yo estaba sentado lejos escribiendo. Se me ocurren dos preguntas que pudieron ser la primera idea en la cabeza de Javier al verme: “¿quién chucha es ese hueón?” y/o “¿y este es el periodista?” o al menos eso decía su cara. Filo, ayudamos a descargar a LVC y nos vamos a almorzar.

Durante el almuerzo, Javier se lanza con sus preguntas sobre periodismo:

-“Tengo una pregunta, en House of Cards…”, todos se empiezan a reír al ser nombrada la serie, pero Javier continúa. “Hay un momento en que Frank Underwood le dice a una periodista que algo es off the record ¿qué es esa hueá?”.

-“Es una información que da la fuente con el compromiso de que no se revele la identidad de la misma”, le explico.

Mientras más específico me pongo con la explicación (los tipos de off the record, el embargo o si está en la constitución) más interesado parece estar Javier. Debe ser su formación de abogado la que lo obliga a saber ese tema a la perfección antes de comenzar a tirar tallas. Sí, Javier es abogado, aunque eso no le quita lo bueno pa’l hueveo.

De ahí en más las conversaciones con Javier son más relajadas y repletas de bromas sobre el off the record.

-“Yo amo a este hueón. Eso es on the record por si acaso” dice, ya terminando el almuerzo.

Los otros le siguen el juego y pronto estoy en una vorágine de información imposible de saber si puedo escribir o no.

***

Ya en el café, LVC se ponen a entrevistar a Javier y Leo como si ellos hubieran estudiado periodismo:

LVC: Ya pero llevan cinco años tocando, cuál es su objetivo ¿dedicarse a la música?

Leo: Chucha nuestro manager nos pregunta lo mismo.

Javier: Pero para mí la banda es una terapia. Un espacio de…

Leo: …de contracción.

Javier: No po, al revés, de distensión. ¿Qué onda Leo? ¿Eres como medio sado?

Leo: Puta sí, me gusta esa cosa. Pero al final la banda es como una terapia, con amistad cívica eso sí.

LVC: ¿Siempre se llamaron Tus amigos nuevos?

Leo: tuvimos muchos nombres, estuvimos a punto de llamarnos Daniel No, hasta que Daniel se enojó y dijo: “¡No!”

Javier: Daniel dijo que si se llamaba así la banda iba a ser el personaje de “No”, no el de Daniel, y así iba a sabotear la banda y las tocatas.

LVC: ¿Y quién es Daniel?

Javier: Con el Leo teníamos una banda: Los Domingos, y cuando se separó salieron Tus Amigos Nuevos y El Mal Gusto, que tiene a Daniel (Daniel No) y Pablo que eran de Los Domingos.

LVC: ¿Y de dónde salió el nombre de Tus Amigos Nuevos?

Javier: De la abuelita del Diego. Lo que pasa es que Diego tiene otra banda que se llama VariosArtistas, entonces su abuela le preguntaba si iba a tocar con esa banda o con “tus amigos nuevos”.

LVC: Es rico el nombre. Me gusta caleta.

Javier: ¿En serio? Igual Daniel No es mejor. Aunque siento que si se llamara así la banda, sonaríamos diferente, como que haríamos otra música.

Después la conversación comienza a irse en muchas direcciones diferentes. Descubrimos una serie de cosas. Por ejemplo:

1) LVC antes tenían una banda hardcore llamada Nada Especial.

2) Manu inspiró al personaje de Walala en Los Pulentos.

3) Un amigo de Diego hizo la canción de la Sal Disfruta (cuaaaaaandoooo laaaaa guaaaaa-tita dice-no).

Nos vamos del café. No nos hacen show por el farol destruido, parece que hoy la suerte apaña.

***

En la prueba de sonido Javier es el típico baterista, no deja de meter ruido en el tiempo muerto de afinar o de ecualizar los amplis. También, a pesar de su naturaleza tranquila, es el más loco arriba del escenario, y eso se nota incluso en la prueba de sonido, lo que contrasta de manera muy fuerte con el personaje calmado que muestra en el día a día.

De hecho, antes de conocerlo esta era la imagen que tenía de él:

“El video de ‘Viernes’ fue como salir del clóset. Juntar esos dos mundos que había tenido bien separados, vida personal y banda”, dijo durante el almuerzo.

Después de la prueba de sonido Leo se va a hacer clases y con Manu, Javier, Diego y Stan nos vamos a Patronato a estampar unas poleras con la talla de #LeoCuliao (con la que los fans ya están más que familiarizados) para lucir en el concierto. Stanley se dedica a hacer las gestiones.

Ahí, en Patronato, terminamos comprando en un supermercado chino varios jugos de sabores extraños, Javier compra un chocolate con sabor a té verde y se pone a hablar de sabores extraños que probó cuando fue a Japón. Antes de irnos de Patronato, se detiene a comprar una polera, me atrevería a decir que la más neutra que encontró y nos devolvemos al Club Chocolate.

Una vez afuera, él y yo acompañamos a Manu un cigarro y nos ponemos a hablar de las letras de T.A.N. Primero habló con Manu pero lo llaman por teléfono, así que me pongo a hablar con Javier que acaba de llegar del baño:

-¿Qué opinai de las letras de Tus Amigos Nuevos?

“Opino que Diego es un muy buen letrista, y quizás mi opinión está contaminada porque es mi amigo y lo conozco, para para mí son letras honestas. A mí me parecen buenas. Quizás a alguien no le gusten o sienta que no dicen nada, pero a mí me hace sentido por su honestidad”, explica.

-¿Crees que Tus Amigos Nuevos tienen alguna pelea contra algo? Como ahora que está como de moda la crítica política o crítica social.

“Cuando te decía que la banda era una terapia siento que las letras igual son una herramienta para expresar algunas cosas que cuesta más decir de una manera hablada. La cosa es no tomárselo muy en serio, nosotros todo lo hacemos como medio en hueveo, pero es como un escudo para hablar de otras cosas. Una suerte de mecanismo de defensa”.

-Leí una entrevista a ustedes y Diego explicaba que las letras quizás tenían cosas de Parra o Bertoni en el estilo de agarrar el hueveo y decir otra cosa con el mismo.

[Manu corta y se mete rápidamente a la conversa]

“Sí po, hay unas verdades muy cuáticas en las letras. Yo creo que el Diego es muy bueno pa hacer eso y se nota mucho en el disco solista, donde canta sobre anécdotas y todo es divertido y “jajaja” y de la nada te golpea con una verdad, pequeña pero que está ahí”, dice Manu.

“Son cosas que a todos nos pasan pero que te las dice de una manera no tan grave”, declara Javier.

-¿Y cuáles podrían ser esas pequeñas verdades?

Manu: Está ‘Pateando Petróleo’ que dice…mmmm…¿cómo era esa parte de trabajar en lo mismo? Puta la hueá, le estás preguntando a los menos indicados.

[Nos ponemos a buscar la letra en el celular]

Javier: Acá está la letra. “Es triste siempre trabajar en lo mismo, pero es más triste no poder trabajar”.

Manu: ¿Cachai? ¡Ahí hay una verdad que está hablando del país po!

Javier: “Tú solo aspira a terminar esa cosa, aunque no sepas muy bien lo que es”. Puta la letra buena hueón, la cagó. Y no tiene porque ser un como sermón.

Manu: Ahora hay las medias letras, ¿Has escuchado esa canción de Dolorio, ‘2667’? Es la raja esa hueá, todo muy decadente, con lo del borracho y llevar a la vecina al cine.

***

Adentro nos sentamos y Javier no se puede sacar una tonada de la cabeza, es una canción de LVC, que han estado probando sonido por más de una hora (después nos contarían que tuvieron muchos problemas en la prueba). “Azuuuuuuuul. Pintaré, pintaré”, canta despreocupadamente Javier. Es más pegajosa de lo que parece al comienzo, cada vez más gente la canta dentro del club y Javier solo se ríe ante tan pegote coro y como está atrapando las cabezas de todos en el Chocolate.

Le pierdo la pista al ponerme a entrevistar a Diego. No lo veo hasta después que vuelve Leo y se reúnen como banda en el backstage para ver el setlist antes de la tocata.

También crecí jugando Gran Capital

Manu, en palabras simples, tiene cara de cuico. Cualquier persona con un resentimiento grande a la clase acomodada podría odiar sin mucho trabajo a Manu sin conocerlo, pero veo bastante difícil que te caiga mal una vez hablaste con él.

Al almuerzo le cuenta a Diego como por su cumpleaños subió a Facebook el video en que los Ramones le cantan feliz cumpleaños al señor Burns. Y de cómo su padre (si no me equivoco) le preguntaba porqué mierda su hijo decía en Facebook que quería mandar a matar a los Rolling Stones. Además, al contarle que el de ‘Pateando Petróleo’ es mi video favorito de la banda, me dice que él fue quien lo animó, junto con su amigo Marcos Goldfarb, después me muestra otra obra suya, del mismo estilo pixelado pero ahora para el Festigame. Sí, Manu es animador.

También reacciona al explicarle que mi primera idea era tratar de hacer este seguimiento de un día pero con la banda Television, que tocan hoy mismo también.

-“Pero si ese hueón de Television es terrible pesado po”, dice Javier con voz de indignación.

-“Por lo mismo me gustaba la idea”, le digo.

Alguien pregunta si de verdad es pesado el vocalista de esa banda y Manu explica que sí, que Tom Verlaine es conocido por sus respuestas pesadas, igual que John Ford, el director de cine, del que cuenta una anécdota: “Estaban entrevistando a Ford y le preguntan cómo había podido plasmar tan bien en la cinta una de las tantas tomas de sus películas, a lo que Ford responde: ‘con una cámara’”.

-“Ese sí que es un hueón pesado”, dice alguien entre las risas de todos.

Manu es el que recibe con mejor cara las mentitas que LVC nos ofrecen después del almuerzo y hace que me sienta un poco menos mal por aceptarlas. Después me di cuenta que Manu había traído su propia dotación de mentitas al concierto. Al parecer le gustan mucho.

Durante el café deja claro que fue él quien le puso el sobrenombre de Stanley al fotógrafo de la banda por su parecido con Kubrick. Afuera, en la calle, es de los que mejor la pasa en el día, pero en la prueba de sonido demuestra que se retrae un poco y toca bastante en la suya. Por último, cabe acotar que es el más fumador de la banda, durante el día me pidió de mis Philip Morris y me hizo cigarros preparados, traté de seguir su ritmo pero creo que me ganó la competencia de cáncer.

En Patronato es donde comenzamos a conversar más, sobre los maníes chinos que compró (pésimos) y el jugo de Lychee (increíble). Se pone a jugar con una de las latas que suena de una manera particular, por lo que se pone a mostrarle a Javier y después, con cara de emoción, busca a Diego para mostrarle su descubrimiento.

Una vez de vuelta en el Club Chocolate, Javier y yo acompañamos a Manu un cigarro y nos ponemos a hablar de las letras de T.A.N:

-¿Tú te metes en el proceso de las letras de T.A.N.?

Manu: Yo no tanto, normalmente es el Javier y el Diego y ahora último el Leo. Yo prefiero dejarlos más libres en ese sentido, porque siento que son mejores escritores que yo. A mí me gusta más la volada musical, me gustan más las melodías de las cosas.

-¿Qué opinas de las letras que hacen los cabros? ¿Las entiendes o prefieres hacerte tu propio cuento?

Puedo contestar eso de dos maneras. La cuestión de los cabros claro que la entiendo porque igual trabajo con ellos, pero eso es en la banda. Pero fuera de eso, por ejemplo, en otras bandas, primero me fijo en qué me transmite la música y después me fijo en qué me dice la letra… Javier ¿quieres unirte a la conversación?

Javier: Sí, ¿pero puedo ir al baño primero?

-Sí, obvio.

[Javier entra al chocolate]

-¿Crees que Tus Amigos Nuevos tienen alguna pelea contra algo? Como ahora que está como de moda la crítica política o crítica social.

Yo creo que es un poco transmitir buena onda, porque están todos como muy densos frente a las temáticas y las letras cuando a veces hay que estar bien con uno mismo primero. Sin embargo, eso no quita que de repente tenemos ciertas cosas que decir.

[El celular de Manu empieza a sonar. Llega justo Javier, me doy vuelta hacía él y continuo.]

-¿Qué opinai de las letras de Tus Amigos Nuevos?

***

Ya dentro del Chocolate, Manu se pone a hablar de Stranger Things:

“Es la raja la serie. Cuando los cabros están jugando rol y de la nada ¡sale el Demogorgon!”, dice mientras se mueve de un lado a otro, haciendo exclamaciones y moviendo los brazos para que se entienda la monstruosidad contra la que se enfrentaron los chicos de la serie. “¿Tu jugaste rol alguna vez Javier?”, pregunta.

“No”, dice Javier, mientras mira a su interlocutor, el único que está parado en toda la habitación.

Parece que soy el único que prende con la conversación de Manu. Así que después, cuando nos calzan a Diego y a mí a vender discos de las tres bandas que tocan hoy, es Manu quien llega al rescate para decirme que vayamos por un pucho. Diego se sacrifica y queda vendiendo solo, mientras hace detalles a una caricatura de mi persona que ha estado trabajando por ya una hora.

Afuera, Manu me ofrece mentitas para luego proceder a una conversación sobre los videoclips. La teoría de Manu es la siguiente: nunca poner a la banda tocando en el video. “Esa hueá no es novedosa”, me dice. Nos ponemos a ver videos en el celular, me habla de Nekrogoblikon y por qué uno de sus videos es la raja.

-Yo ya te caché, jugaste rol y viste Stranger Things, te va a gustar esto.

Vemos el video en la calle, desde el celular de Manu. Después vemos Breakbot y la conversación sigue. De hecho, sigue por tanto rato que nos cierran el portón para bandas y tenemos que entrar por la puerta principal, que ahora tiene una cola de gente que no nos deja pasar.

Esperamos hasta que nos salva Diego quien trae pulseras que acreditan que somos de la banda, aunque yo no toque ni el timbre en la banda.

No somos de Santiago, tenemos otros gustos

Diego Lorenzini es, a primera vista, el personaje misterioso. Ese chico extraño y talentoso que si fuera gay o mujer hetero me gustaría en el sentido más romántico del término.

Pero cuando uno lo va conociendo se da cuenta que al parecer se toma demasiado en serio eso de que es mejor ser dueño de tu silencio que esclavo de tus palabras. O al menos lo hace abajo del escenario. Es bueno para el hueveo (al parecer, un requisito en esta banda) pero al mismo tiempo, puede mantener una calma zen por horas. Al momento de hacer tiempo para la tocata comienza a dibujarme, una caricatura que al comienzo parece un agente de la DINA, por los marcados bigotes y lentes, pero que después decanta en un personaje sin bigotes ni lentes, con la cara negra y una pequeña sonrisa blanca.

“En este tipo de dibujos equivocarse no siempre es malo, podí aprovecharlo y terminar con algo completamente nuevo”, dice tranquilo desde su asiento, mientras Javier lo ve dibujar al mismo tiempo que tararea: “…pintaré, pintaré”.

-¿Y le sacaste los bigotes?, le pregunto a Diego.

“Sí, pero ahora tiene una actitud más acorde a la tuya”, me dice.

Se me pasa por la cabeza que más que parecerse a mí se parece a él. Un dibujo tranquilo pero divertido, hasta inteligente se podría decir. Un dibujo que no parece se vaya a mover del lugar, calmado y aparentemente feliz, todas características más de Diego que mías. Es tanto así, que puedo imaginarme al dibujo diciendome: “sé que fuiste tú el que rompió el farol, pero no te preocupí, nosotros te defendemos hasta el final”, que vendría a ser algo parecido a lo que me dijeron Leo y Diego, los dos que estaban sentados al lado mío en el café y que vieron que fui yo el que se tiró para atrás en la silla y causé la destrucción del farol.

“Te ví ahí con tu cara de volado, cachando que habías roto el farol y traté de calmarte”, me diría Diego, más adelante. Me había conocido hace menos de tres horas cuando pasó eso. Puta el hueón buena onda. Mientras continúa el dibujo, lo comienzo a entrevistar sobre sus letras:

-¿Como compositor de la mayoría de las letras de T.A.N. intentas decir algo más con ellas?

“Desde mi punto de vista no sabría cómo definir qué es lo que dicen las canciones, el formato canción, no la música en general. La canción popular tiene un espacio para decir cosas súper importantes. Yo hago música por eso. O al menos entré a hacer música para contar historias, no así por el hecho de que lo que se cante sea ultra relevante, al menos a primera lectura. Pero para mí, por muy intuitivas o rápidas que parezcan mis letras, igual me las cabeceo. No sé si me saldrán bien o mal, trato de no hacer lo primero que se me ocurre. Es más fácil relacionarse con las letras de manera intelectual y con la música de manera emotiva, y la combinación de eso me hace querer seguir haciendo música”.

[Alguien está haciendo prueba de sonido, las guitarras suenan fuerte así que decidimos ir a buscar un lugar más tranquilo. El camerino parece un buen sitio. A la entrada nos recibe un anuncio que dice “solo se admiten rockstars”. Seguimos la entrevista ahí]

Diego
“Al menos yo me siento más identificado con canciones que no tienen una superioridad moral a la hora de contar una historia o decir un contexto. Siento que una letra puede ser totalmente política solo narrando un contexto, sin la necesidad de decir qué está bien y qué está mal. Yo no me siento identificado con esa manera de hablar, no digo que esté mal. Por más que uno quiera decir “pico con estos hueones que nos están cagando”, siento que es como tratar de evangelizar al Papa”, explica.

(Nota anexa: mientras escribo estas palabras de Diego no puedo evitar pensar en la nueva canción de Villa Cariño).

-¿Muy obvio quizás?

“Claro, muy obvio. La gente que nos escucha quizás no piensa igual que nosotros, y por lo mismo no espera que le digamos cómo pensar. Creo que tiene un efecto más a largo plazo y más profundo si simplemente ponemos las piezas en la mesa y la gente la interpreta de acuerdo a su experiencia”.

-Dejarle un poco de pega al que escucha.

“Sí, aunque cada canción tiene sus reglas, son especiales y hay que ponerle atención individual. No es lo mismo ‘Baby Boomers’ que tiene un tipo de regla a ‘Delfín’, que tiene un grupo de reglas totalmente diferentes y que me gusta muchísimo, como escritor o letrista me siento orgulloso de lo mala que es ‘Delfín’, de lo juguetona. Es como una letra muy bastarda me parece. Y explica cosas que dichas de otra forma serían muy…. Como todo ya se ha hecho tantas veces, quizás la única forma de no ser cliché es hacer letras malas o algo así. Es como el único espacio que nos queda, cometer errores”, declara.

-Es como lo que me explicabas con el dibujo ¿no? Quizás en otro dibujo no sirva, pero en el dibujo de T.A.N. si sirve cometer errores.

“Claro, como que los errores o la vergüenza te llevan a lugares nuevos, que es lo mismo que pasa al tocar con otras personas o tocar solo. Siempre que toco solo trato de involucrarme en el trabajo creativo con otras personas. Foguear las canciones en vivo, pedir opiniones. Yo me siento una persona media fome igual, pero me gusta mucho leer, creo que leo en los errores y trato de capitalizarlos, eso me interesa más que si dijeran algo tan importante desde mi historia”.

-En una entrevista hablaste de que las letras tenían Parra y Bertoni.

“Es cierto, admiro mucho el trabajo de Bertoni y Parra. Me gustan muchísimo otros artistas chilenos como Juan Luis Martínez, o Juan Emar, que quizás se escape un poco. Pero tienen maneras de contar hechos súper interesantes de una manera muy cercana. Creo que el juego entre lo explícito e implícito que se puede decir en una letra y que muchas veces puede encontrar en la cotidianidad una herramienta muy útil para acercar temas que de otras formas serían muy lejanos. Quizás porque yo creo que sí hay canciones o letras que…”

[Nos interrumpen, tenemos que ir a ponernos como punto fijo en el lugar para vender discos. La entrevista acaba].

Tu fiesta vale callampa

Queda menos de una hora para que los cabros salgan a tocar, estamos en el backstage y Leo los reúne a todos para ver el setlist. Se ponen a discernir sobre el orden de las canciones. La mayoría de las canciones ya estaban pensadas de antemano, pero unas cuantas modificaciones de última hora surgen, por ejemplo, se decide no tocar ‘Los hombres-masa no bailamos’ y dejar ‘Tu fiesta vale callampa’ para el final. Entre Leo y Diego comienzan a escribir varios setlist, el de Leo es mucho más desordenado que el de Diego, se nota claramente quién hizo cada uno.

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-“¿Tení lápiz?”, me pregunta Leo.

-“Sí, toma”, le digo mientras saco el lápiz.

-“No, es pa ti. Dibuja algo en el setlist, es parte esencial del proceso de tocar”, me dice con cara muy seria, tan seria que no me queda más que empezar a dibujar algo, aunque no sé que es. Leo y Diego se ponen a hacer lo mismo en otros papeles de la lista de canciones. Se me viene a la cabeza la letra de ‘Pateando Petróleo’: “Tú solo aspira a terminar esa cosa, aunque no sepas bien qué es lo que es”.

Leo toma el lápiz y me dibuja, pero con cuerpo de mosca. Abajo pone: “El Tom Wolfe”. Se lo muestra a Diego y a Stan que están al otro lado de la mesa, ríen, yo igual. Maldito, le quedó igual mi cara.

***

La tocata me la pasó en la escalera que lleva al escenario mirando el show desde atrás, como el groupie en el que me convertí durante el día. Estoy posicionado de tal manera que veo clarito cada gota de sudor de Javier, que debe estar a menos de un metro de mi lugar. Cada tanto Leo o Diego se dan vuelta, dejan de hacer el show para el público y me miran, me guiñan el ojo en señal de que todo está bien, o al menos así lo siento yo. La chica artista que se joteó a Diego está en el público, la distingo clarita, tiene cara de maravillada y nunca aparta la mirada del frontman. Por otro lado, hay unas cuantas y unos cuantos que no despegan los ojos de Manu, quien hasta momentos antes de salir al escenario seguía comiendo mentitas, no sé si por ansiedad o solo de gusto.

Chini está también en el público y se sube a cantar una canción. Después, en backstage escucharía decirle a Leo algo como “te dije que me ayudaras con la letra y me dejaste ahí tirada”. Lo dice entre risas antes que Leo reaccione al comentario con una de sus carcajadas características.

Por último, y volviendo un poco atrás, antes de salir al escenario Leo me dijo que si me sabía alguna canción me subiera a cantar no más, que hoy era “mi noche”. Le digo a Diego que Leo me está invitando a cantar en un esfuerzo disimulado por que lo haga entrar en razón, pero que en realidad busca reafirmar la opción que Leo me acaba de ofrecer (y que, no puedo mentir, me agrada). Diego está de acuerdo, dice que suba no más sí quiero.

Por lo mismo estoy en la escalera, en un ir y venir entre mi ego y mi intento de periodista objetivo interior. Desde acá veo a Stan correr por el escenario y el público buscando buenas tomas, veo también a Diego Sepúlveda del sello Cazador supervisar el show desde la escalera donde me situé para después irse y analizarlo desde el público.

Al final me subo a cantar ‘Pateando Petróleo’, una canción donde es clásico que se suba el público al escenario, cosa de demostrar que tengo suficiente ego como para escribir un artículo en primera persona, pero no tanto como para tratar de robarme el foco como el periodista que canta en una canción en donde nadie más se sube a apañar. El plan sale mejor de lo planeado, el público sube de lleno a cantar, Los Verdaderos Cabrera también, está todo el mundo, incluso los guardias que intentan quitarme la cerveza que tengo en la mano. Queda un pintoresco caos en el escenario, antes de que la producción les corte el setlist que todavía tenía ‘Tu fiesta vale callampa’ para cerrar.

Petróleo

Al fin la mosca se movió de la pared a la sopa. Los cabros me felicitan, no entiendo por qué, yo debería estar felicitándolos a ellos.

La noche termina con Leo proponiéndome quedarme a dormir en su casa, en vista de que vivo a la mierda y ya es tarde, le digo que no, que muchas gracias. Comparto un taxi con Javier que me acerca a Grecia con Macul y que termina por pagar él.  Me bajo a esperar la micro, busco en el mp4 qué mierda puedo escuchar, me doy varias vueltas. ¿A quién quiero engañar? Obvio que quiero escuchar a Tus Amigos Nuevos.