El año pasado, Como Asesinar a Felipes (CAF) sufrió un golpe que pudo ser fatal. Perdió a su pianista ‘Gabo’ Paillao, que dejó la banda para dedicarse a otros proyectos y que, a su vez, había llegado en 2013 para reemplazar a uno de los fundadores del grupo, Marcos Meza. “Fue difícil -recuerda el baterista Felipe Salas. No queríamos volver a sacar las mismas canciones con otro pianista, queríamos probar algo nuevo”.

Luego de un par de tentativas para incorporar a alguien que tocara sintetizador, lo “nuevo” terminó siendo muy distinto: llegó Cristian Gallardo con un saxo y una flauta, dos instrumentos que hasta entonces solo habían sido sampleados en canciones de CAF, y todos se pusieron manos a la obra. Había conciertos programados, así que urgía volver a sacar las canciones con las nuevas herramientas.

Los cinco integrantes de CAF estaban en eso cuando Felipe Salas recibió una llamada telefónica inesperada. Al otro lado de la línea estaba Jorge Campos, ex bajista de Congreso y Fulano, quien le ofreció grabar un disco para el sello que gestiona, El Templo Rekords. Fue la oportunidad para terminar de cuajar el repertorio que estaban rearticulando: viejas canciones, con una nueva cara. “Este disco nos obligó a afirmarnos en este nuevo sonido, como que fijamos la idea y montamos la mejor reinterpretación de los temas”, explica el bajista Sebastián Muñoz.

Así es como nació Perros viejos, nuevos collares, el sexto disco oficial de CAF. Además de citar una vieja canción de Gen, reúne once de las piezas que el grupo ya había registrado en sus trabajos anteriores, pero ahora con un nuevo sonido. “Grabar es un buen ejercicio, porque la música queda ahí plasmada y hay que tocarla así. Teníamos que definirla, porque si no, íbamos a estar eternamente cambiando”, dice Cristian Gallardo.

2017 es el año en que CAF cumple una década de carrera. Ha sido y seguirá siendo intenso. Este sábado, el grupo presenta Perros viejos, nuevos collares con un concierto en el Bar de René. El próximo 7 de julio llegarán al Teatro Cariola, para una actuación en la que serán acompañados por Carlos Cabezas, Billy Gould (Faith No More), Camilo Salinas (Inti Illimani Histórico), Nano Stern, Epicentro (Calambre) y los mismos ‘Gabo’ Paillao y Jorge Campos, entre otros amigos.

Y lo más importante viene en octubre: el tercer día de ese mes aparecerá un nuevo disco, ahora sí con nueva música, registrada en Estados Unidos junto a Billy Gould, quien lo publicará a través de Koolarrow Records en formato digital, en CD y en vinilo. “Y en una de esas, grabamos otra cosa antes que se acabe el año. Ya empezamos a tirar ideas musicales nuevas”, adelanta Felipe Salas.

—Ustedes siempre han enfatizado la búsqueda de cosas nuevas, de no repetirse. ¿Por qué volver entonces a grabar estas canciones?

Sebastián Muñoz: Porque era un buen ofrecimiento.

Cristian Gallardo: Lo que pensamos fue, ¿por qué no?

Felipe Salas: Fue una llamada en el momento preciso. Además, para las bandas independientes no es llegar y grabar en un estudio. De hecho, creo que es el estudio donde más tiempo hemos ocupado. Todos los discos los hemos hecho en uno o dos días. Acá, como Jorge tenía el estudio a su disposición, lo tomamos con relajo. Decirle que no a eso sería…

SM: Ser hueón.

FS: Claro. Justo estábamos con una nueva sonoridad. Con un tercer pianista no hubiera tenido sentido grabar las canciones antiguas, pero como estaba Gallardo, era interesante ver qué pasaba. Nos sirvió como taller, nos dimos cuenta de algunas cosas. Hay canciones que grabamos en el disco y que ya no estamos tocando, por ejemplo.

—¿Cómo seleccionaron las canciones?

SM: Cuando llegó Gallardo, fuimos viendo qué temas encajaban con saxo y con flauta. Ejercicios de ensayo, en el fondo. Los temas no fueron elegidos para el disco, fueron elegidos para tocarlos en vivo. Después apareció la idea de grabar.

FS: Gallardo encajó perfecto, pero fue toda una reestructuración, porque sacamos un pilar de nuestra música, como el piano, y lo reemplazamos por otro instrumento. Obviamente, hay canciones que eran mucho más difíciles para sacarles el rollo y como teníamos fechas programadas, teníamos que sacar un repertorio rápido. Nuestros discos favoritos, Un disparo al centro y Comenzará de nuevo, casi no los tocamos, porque es mucho más difícil reinterpretarlos en este nuevo formato.

—¿Hay canciones que dejarán de tocar entonces?

SM: Yo no las mataría, pero hay un par que hemos intentado y no las tocamos. Es lo natural, que funcione con unas y no con otras.

FS: Los Felipes tenemos como 35 canciones, más o menos, y con Gallardo tocamos unas 15 ó 17. Cuando saquemos el disco nuevo vamos a tener más música, pero en ese momento fue para seguir tocando. Hay que ver qué pasa en el futuro. Quizás en algún momento volvamos a tocar con un pianista y con Gallardo. Ahí, anda a saber tú, pero con esta formación, hay muchos temas que es difícil que toquemos.

—¿No buscar otro pianista, entonces, fue una decisión más práctica que musical?

FS: Fue algo de motivación, necesitábamos una energía extra. Nos gusta sentir que estamos haciendo algo nuevo, esa es la llama principal de nuestra carrera, entonces volver a sacar temas que hicimos hace diez años, con la misma sonoridad… al final, después de un año de este experimento con el saxo, puedo decir que le achuntamos. Yo estuve dudoso por mucho tiempo, porque de repente no funcionaba bien, pero es una sonoridad distinta y la banda agarró otro rumbo. Como que íbamos hacia un lado, pasó este sismo y ¡paf! salimos disparados para otro lado.

—¿Qué ganaron musicalmente con el cambio?

FS: El DJ Spacio cambió mucho su función, es harta pega para él. Otra cosa que ganamos es el espacio para improvisar. El piano es más ordenado, es más caballero, el saxo es más agresivo, tiene fuego.

SM: La interpretación del Gallardo es muy de Jimi Hendrix, energética, soleando, improvisando. Él viene del mundo del jazz y tiene un dominio espléndido de eso.

FS: Y es de las ovejas negras del jazz, no es muy apegado a la escuela, le gusta experimentar, usar pedales, efectos. Tiene una manera experimental de tocar y le gusta mucho improvisar, entonces nos liberamos un poco. No quedó retratado en este disco, porque todavía no habíamos empezado esa parte del trabajo, pero en vivo estamos improvisando mucho más. Hay muchos más espacios donde nadie sabe bien qué va a pasar.

—Es curioso, porque en los últimos discos se habían alejado de la influencia más jazzera de los primeros discos y ahora, de alguna manera, vuelven a eso.

FS: Volvimos, pero por la puerta de atrás jajaja. Es que parece que nuestras canciones no son tan fáciles, entonces tiene que ser alguien capo para tocarlas. Sí, nosotros íbamos apuntando hacia otro lado, a los sintetizadores, a la música más electrónica.

SM: Nos juntamos con un par de ‘Giro sin Tornillo’ por ahí, pero no alcanzamos a ensayar. La idea del saxo apareció de manera repentina y creo que a la semana ya estábamos juntándonos a probar temas con el Gallardo. Incluso, el mismo ‘Gabo’ nos había dicho que él podía ser un buen miembro de CAF, por personalidad y por estilo musical.

—¿Hay gente a la que no le gustó el cambio?

SM: Es lo que pasa con todos los oyentes, incluyéndonos a nosotros. Es natural que las bandas cambien y puede que te deje de gustar tu banda favorita. No es para dramatizar.

FS: Nosotros estamos bien seguros. El disco que vamos a sacar en octubre retrata bien lo que estamos buscando, que es mucho más sicodélico e improvisado. Estábamos buscando más libertad. El ‘Koala’ (Contreras) quería estar más libre para recitar en ciertas partes también. Gallardo llegó justo a darnos el empujón para atrevernos a hacer eso, porque no es fácil. Es bacán, porque no sabes mucho lo que va a pasar, es muy creativo. En ese momento estábamos escuchando mucho jazz para hacer el nuevo disco, escuchando a Miles Davis, pero del Bitches brew. Antes habíamos tomado periodos anteriores de él, como Kind of blue. Ahora agarramos esta otra vertiente, con esos conciertos que se mandó en el Fillmore, en que los cuatro días son distintos, aunque son las mismas canciones. Al comienzo estábamos un poco asustados con esto, hasta en un momento se pensó que la banda…

—¿Se acababa?

SM: Lo hablamos. Ahí ya son más rollos personales, unos piensan más que otros, pero nunca llegamos a cero y dijimos chao.

FS: No fue como Dënver jajaja.

—¿Qué más se puede adelantar del disco nuevo?

FS: Es un viaje que quisimos hacer.

SM: Y abarca lo que hablamos, la improvisación.

FS: Creo que es el disco más experimental que hemos hecho. Nos fuimos en la volá, no es fácil. Es muy libre y muy atrevido. Es una pieza musical que dura mucho rato, no son canciones.

—A lo Miles Davis, con un lado completo del vinilo.

FS: Exacto, esa es la onda.