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Dinosaurios, streaming y Cuarentena Fest: “No podemos salvar la música haciéndola más cara de producir”

Dinosaurios, streaming y Cuarentena Fest: “No podemos salvar la música haciéndola más cara de producir”

Alex Miranda

*Foto de portada: Ana Uslenghi

Antes de que el mundo se fuera a la mierda con la pandemia del Covid-19, tampoco estábamos de maravillas, pero la emergencia sanitaria mundial y la cuarentena terminaron por obligarnos a enfrentarnos de frente a los problemas que nos aquejan desde antes. 

En ese contexto, el Cuarentena Fest representó el primer paso en la dirección correcta de una industria quebrada y que recién estaba asumiendo que los conciertos en vivo, al menos por un tiempo, no van más. Este festival se convirtió en el primer gran evento de la nueva era. 

A casi un año de ese acontecimiento, hablamos con Dani Cantó, creador del sello independiente español Snap Clap Club! y parte de los creadores del concepto de Cuarentena Fest. Lo que al comienzo iba a ser una entrevista sobre el festival y su mirada a futuro de la música pronto se convirtió en una conversación sobre la cultura de no pagar por lo que está en internet, la conexión público-artista a través de una pantalla, la música como colectivo y el concepto de crear pequeños velociraptors para combatir al gran T-Rex que es la vieja industria musical.

“Solo vemos la música como colectivo, no podemos verla como negocio”, dice Dani al final de la conversación virtual, y debe ser la mejor manera de entender por qué Cuarentena Fest fue una propuesta tan importante en un momento donde se necesitaba.

“Ninguno de nosotros sabía cómo hacer streaming”

Yo trabajaba programando una sala aquí en Barcelona. Seis días antes del cierre total tuvimos al grupo argentino Srta.Trueno Negro actuando, después de Barcelona iban a Madrid, ciudad que estaba con muchos casos en ese momento. Me llamó la chica que montaba la gira y me dice “es que no sé si puedo ir a Madrid, porque si voy, después no puedo salir de allí”. En ese momento vimos la realidad. Se iban a cancelar los conciertos y eventos, así que automáticamente empezamos a movernos. Yo tenía un lanzamiento de uno de nuestros artistas, Stephen Please, al que le propuse esta idea de un festival virtual, y mientras lo hacía miré la lista de los otros artistas que tocaban en la sala en la que trabajaba, y antes de llamarlos para cancelar pensé en todos los de esa lista que desde su casa podían tocar, les propuse la idea y eso se extendió. 


Nos reenviábamos un audio de un minuto en donde explicamos algo que no teníamos idea. Yo hasta mayo no había hecho un streaming, pero nos apoyamos mucho en el talento joven, en gente que ya lo había hecho. Planteamos todo de forma muy horizontal y automáticamente decidimos establecer cuáles eran las normas de lo que queríamos hacer: Un festival joven, novedoso y paritario. En nuestra cabeza el plan era crear el festival ideal que incluso físicamente no se podía realizar. 

La idea comenzó un miércoles. El jueves ya teníamos el nombre de Cuarentena Fest (sin saber que el encierro llevaría el mismo nombre). El viernes ya teníamos un cartel con treinta artistas, hicimos una convocatoria pública y el lunes arrancamos los primeros shows con 55 nombres en total. El hecho de salir pronto nos permitió que entre el viernes y el fin de semana ya teníamos más de 10 mil seguidores en Instagram. Osea, todo el mundo se volcó sin saber muy bien lo que íbamos a hacer. Claro, ahí nos encontramos con el primer problema: ahora esto tiene que pasar. Ahora esto que estamos proponiendo, que no sabemos cómo se hace, tiene que pasar.

Ninguno de nosotros sabía cómo hacer streaming, ninguno sabía cuáles eran las plataformas. Muchos artistas no sabían ecualizar su sonido en casa. 

La industria se ha ido a la mierda”: Organizando el Cuarentena Fest

Entonces empezamos a hacer un proceso colaborativo en que cada uno de nosotros hacía tutoriales: Aquel que era experto en streamings, que conocía el OBS, hacía un PDF explicando todos los puntos y lo pasaba al resto del grupo; el que sabía de sonido hacía lo mismo y así. Se terminó formando una especie de cooperación entre todes.

Nos proponían artistas muy grandes en España y nosotros no queríamos que taparan a los artistas más jóvenes, entonces decidimos que se mantendría tal cual, sin esas bandas. Fue una experiencia en la que al final íbamos aprendiendo sobre la marcha y en base a repetir el mismo día. Te levantabas en casa, hacías los posts y te ponías a controlar los escenarios que eran las casas de otras personas, para ver cómo estaban. Era una situación en la que había que combinar la ansiedad propia de estar encerrado y la ansiedad de todos los músicos de estar encerrados, la falta de saber qué era el futuro para toda la industria.

Recuerdo un día en que habíamos aparecido en un medio grande y pensaba “estamos haciendo una cosa super importante, la gente nos está aplaudiendo”, y sin embargo, me puse a llorar porque pensé en que todo lo que somos como músicos, como gente de la industria, se ha ido a la mierda, literal. No hay NADA. No veía un horizonte. 

Yo me acuerdo que en la mañana me levantaba y lo primero que hacía era preguntar en el Whatsapp “¿Quién está bien hoy?” y si alguien decía que hoy estaba mal: “Descansa, silencia el grupo, tomate el día, vuelve mañana y ya está”. Este tiene que ser un espacio que realmente disfrutemos todes.

Pero al mismo tiempo, durante el Cuarentena veíamos como en los chats la gente se reunía y se volvían a encontrar. Amigos que uno conocía en las salas, se saludaban y preguntaban cómo estaban en el chat. Eso fue muy bonito para nosotros. Y a los artistas igual les vino muy bien, porque habían bandas que en una sala podían traer 30 personas y de golpe tenían 1.000 en un streaming, porque era el único plan que se podía hacer. 

Colectividad internacional y personas kamikazes 

Mientras nosotros estábamos haciendo todo esto, ya nos empezaban a llegar propuestas de otros países. Gente que quería tocar, que querían hacer sus lives, que si los podíamos añadir. Ya habíamos decidido hacer cuatro o cinco shows máximo al día, porque más no tenía sentido. Y bueno…Pensamos que la cuarentena iba a acabar antes que el Festival, nuestro plan era hacer una fiesta o un concierto cuando todo acabara, y cuando vimos que no sería así, preguntamos a la gente y ellos nos decían que teníamos que continuar.

Entre esas primeras propuestas internacionales llegó la de un chico de Uruguay que quería replicar y que preguntaba “si lo dejábamos hacerlo”.  Dije no. No es como que los “dejemos”, esto no es una marca, esto es un colectivo.


Nos planteamos encontrar diferentes personas en diferentes países que sean como nosotros, un poco kamikazes y que a la vez entiendan la idea, que sepan curar un cartel joven, que vayan a hacerlo paritario, que jueguen con las mismas normas, y vamos a formar esos nexos y vamos a hacer por primera vez un festival como no se puede hacer de otra manera. Pensamos que sería bueno hacerlo para estrechar lazos con Latinoamérica, que siempre viene siendo muy difícil. A raíz de eso terminamos encontrando los cinco países (Chile, Colombia, Uruguay, Argentina y México) y lo que hicimos fue traspasar todo el conocimiento, les pasamos los tutoriales que se habían hecho en España, y cada uno de nosotros nos integramos en el grupo de Whatsapp donde se resolvían los problemas técnicos y dudas entre todes.

Fue tan colaborativo que en el caso de Colombia, en donde la diferencia horaria era demasiada con España, la gente de Argentina fue la que hizo ese trabajo de producción. Ellos tomaron el piloto de ser los técnicos del Cuarentena Colombia, y eso lo hizo muy interesante y enriquecedor. A la vez, a nosotros nos permitió conocer música buenísima de todos los puntos, y compartir una problemática que era común. 

No hay cultura de pagar: Música, dinero y donaciones

Respecto al dinero, nos hicimos preguntas en colectivo ¿Deberían ser pagados los shows? ¿Merece la pena hacer que la gente pague? Tampoco queríamos extender la filosofía de que la cultura es gratuita, entonces intentamos poner sobre la mesa la problemática de que estas bandas estaban perdiendo dinero. Que habían bandas que realmente tenían proyectadas giras nacionales e internacionales con las que iban a ganar dinero y ya no lo iban a ganar.

Tuvimos una discusión al respecto y decidimos que tenía que ser mediante donaciones, entonces es como cuando alguien toca un concierto y dicen “estaré vendiendo discos en la puerta de salida”, pues esto era lo mismo. Tenían un botón de donación, y si podías donabas. La gente lo hacía y algunos nos escribían para decir que sólo podían aportar dos euros, mientras otros donaron cientos. 

Fue difícil, pero muy interesante. En España pudimos pagar 70 euros por artista, y ellos podían decidir si lo donaban a otros grupos, lo daban a causas benéficas o si se lo quedaban. Pero sí que es verdad que para el final tuvimos un jarro de agua fría, ya que en Colombia se logró hacer 17 dólares para todos. 

No hay cultura de pagar por el streaming, aunque fuera por donaciones.


Un aguacate con patas: Conciertos en streaming post Cuarentena Fest

Aquí en España se han hecho conciertos presenciales. Pero los conciertos en pandemia son caros, por el tipo de producción: Hay que poner sillas, hay que limpiar el espacio, tiene que ser abierto, las entradas son el doble de costosas, eran muy caros de producir. Entonces solo se recurre a artistas grandes y los artistas pequeños no han tocado en todo el verano. Al final, todo por lo que nosotros peleábamos por restituir, no ha funcionado de nada. Se quedó ahí.

¿La diferencias entre el streaming que vino después y el Cuarentena? Una de las cosas que más me gusta de nuestro festival es algo que no esperábamos: Muchos de los artistas ya venían de la virtualidad, ya vienen de presentar su propia imagen, su propio personaje, es gente muy joven que ya ha generado todo esto y que incluso cuando llega a una sala real se encuentra con que le faltan elementos. En el Cuarentena se comenzó a usar chromas, filtros de celular, ASMR’s. Eso es algo que no puede pasar en un directo. Entonces para mí era importante. 

El streaming tomó todo lo artificial del videoclip, y le sumó el contacto humano. Más que sustituir el concierto en realidad, era como generar un espacio de intimidad entre público y artista donde hay una honestidad, un momento de conversación.

Después de esto nos han invitado a muchas charlas de industria, y no sé. Nos venían a hablar de multicámaras, shows virtuales, llenar las salas y era como “a ver si lo entienden señores, no podemos salvar la música haciéndola más cara de producir”. 

Un festival como el Primavera Sound puede pasar en streaming, o el concierto en streaming de Gorillaz, pero recrear solo lo que pasa sobre el escenario no va ser muy diferente a los shows que están en Youtube. Entonces ¿Cómo le das realmente un nuevo valor? Creo que la juventud sí que tenía esas ganas de retarse a sí mismos, no sé si por el propio aburrimiento de estar en casa, pero de ahí salieron propuestas muy interesantes. 

Nada estaba ensayado. Muchas de las veces no sabíamos lo que iba a pasar. No hay un escenario para ver la prueba de sonido. No, aquí comenzaba la transmisión y nosotros éramos los primeros fans que veían todo. Yo recuerdo el momento en que Daniel Daniel en un concierto se puso un filtro, y actuó una canción entera como si fuera un aguacate con patas, y me explotó la cabeza, pensé “¡Noooo! ¿Cómo puede ser esto? ¿De dónde ha salido esta maravilla?”. 

Nota del periodista: La canción es You and I, del soundtrack de Twin Peaks. Empieza en el 26:50.


Hay un efecto bastante curioso: Todos los conciertos que he visto desde la cuarentena, desde los grupos más grandes a los más pequeños, en algún momento se han equivocado, porque ya no están acostumbrados a tocar, no han podido mantener los ensayos, hay mucho nerviosismo, es una situación muy extraña. Y ese amateurismo, esa parte de la vida real que es equivocarse está bien mostrarla, es una cosa que nos habíamos prohibido en la música y de golpe el Cuarentena lo tenía. Había músicos que estaban a punto de llorar, o que invitaban a sus padres a que aparecieran, o que hablaban con sus amigos en medio del concierto. Eso es la vida, a través de una pantalla y combinada con la música, pero es la vida real.

Hay una sensación en la industria que cree que lo que nosotros echamos de menos de los festivales es el gran sonido, lo apabullante de una experiencia así. No, lo que yo echo de menos de un festival son mis amigos, el tiempo de estar ahí, es la cercanía con gente que yo creo que es parecida a mí. Había un espejo de esas cosas en el Cuarentena. Nosotros siempre decíamos que había un momento muy clave en el festival que era el momento en que un artista decía: “voy a cortar la conexión”. Creo que muchos artistas no querían cortar la conexión porque sabían que en ese momento cortaban su ventana con el mundo, se iban a quedar en silencio. Y con la gente que lo veía era lo mismo: “Por favor no me cortes porque al momento en que me cortes vuelvo a estar en mi habitación solo”. Entonces ese espacio de silencio antes de cortar, era clave. Reproducir un concierto tal cual como es encima de un escenario cuando estás en tu casa solo con tu ordenador, no es lo mismo. Hay que buscar otra cosa.

La música después de la pandemia

Yo me imaginaba un mundo en el que al salir de la pandemia, todo el que estaba en la música solo por dinero se había ido, y habían dejado espacio a gente que realmente vive la música, que puede pensarla de otra manera, de forma joven, fresca y que realmente se comenzara a hablar de otros discursos que ya estaban sobre la mesa: paridad, representación de sexualidades, razas y todas esas conversaciones que no se estaban dando.

¿Por qué sigue costando tanto hablar de estos temas? Porque en realidad los que seguían dirigiendo todo son los mismos que vienen haciéndolo desde hace 20 años. Para mi la pandemia iba a ser un cambio de sangre, una renovación.

El problema que tuvimos aquí en España es que se ha tendido a salvar a los grandes festivales, se le han puesto todas las posibilidades para que realmente puedan hacer algo que en realidad no ha sido una mejora de experiencia. Osea, hemos estado sentados en sillas de plástico, viendo un concierto, con mascarilla, y no ha mejorado nada. Mientras el underground, que es el que había trabajado este cambio, el que había estado presionando para este lado, lo han dejado aparte. A mi parecer ¿qué es lo que va a pasar? Pues los festivales grandes se van a hacer medianos, los medianos se van a hacer pequeños y los pequeños espero que no expulsen a los aún más pequeños. 

Si no fuera una urgencia sanitaria, si en realidad no estuviéramos en la situación en la que por ejemplo en España estamos -de que puede que muchas salas vayan a cerrar por las deudas-  a mi en realidad no me importaría que el underground volviera a ser más punk, que empezara a pasar fuera de la legalidad, en cualquier lugar. Si le cierran los espacios oficiales a la música, que nazca en cualquier sitio. El Cuarentena fue eso ¿Nos han cerrado las salas? Vamos a aparecer en vuestros ordenadores. No nos vais a olvidar, vamos a estar aquí, les guste o no.

Nosotros lo pensamos de la siguiente forma: Si de golpe existe una gran industria que es un Tiranosaurio Rex, pues generamos muchos velociraptores muy rápidos y muy agudos capaces de tumbar al dinosaurio grande. No vamos a intentar hacer otro gran dinosaurio. No, vamos a hacer muchos pequeños dinosaurios, pero muy inteligentes. Nosotros siempre pensamos en la idea de generar comunidad y animar a otra gente a crear. Creo que al final  solo vemos la música como comunidad, no la entendemos como negocio.


Respecto al Cuarentena, lo terminamos cuando vimos que en otros países había cada vez menos público, porque había más competencia. Se recaudaba menos dinero, también por la propia imposibilidad del público. Teníamos Perú y Puerto Rico, entre otros, tocando nuestras puertas para hacerlo, pero nosotros no podíamos ni darles público y ni siquiera pagarles, por lo que las bandas iban a actuar totalmente gratis. En ese momento decidimos parar.

Nos da pena. Pero cada tanto alguien habla sobre hacer algo más en el grupo de Whatsapp. Hace dos días me escribió Nico de Colombia para saber cómo reaccionamos ante la idea de que todo sigue igual. No sé, es triste. Estamos casi un año después de eso y todo sigue igual. 

*Nos reímos para no llorar*

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