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Catfish and the Bottlemen: oasis británico

Catfish and the Bottlemen: oasis británico

Juanjo Llano

El cuarteto de Gales llegaba a la séptima versión del Lollapalooza Chile como una sorpresa. Una banda veinteañera que en un par de años supo llevarse la aprobación de los medios y los fanáticos con sus dos discos: The Balcony (2014) y The Ride (2016). Premiados como grupo revelación en los Brit Award del año pasado. A pesar de la corta carrera que llevan, su espectáculo da para pensar a futuro.

Minutos antes que dieran las cuatro de la tarde, con el Itaú Stage a media capacidad de público y el sol que arremetía sobre la elipse del Parque O’Higgins, por los parlantes se escuchaba ‘Ain’t That a Kick in the Head’ del norteamericano Dean Martin. ‘Homesick’ –de su álbum debut- fue el comienzo de los cerca de cincuenta minutos que duró su participación.

Aunque adelante se vivía un frenesí de emociones, sobre todo cuando Van McCann miraba a la cámara con guiños, los espacios que la gente dejaba más atrás permitían disfrutar del show a quienes se acercaban con cierto recelo al escenario.

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Foto* Nicole Ibarra

En poco más de veinte minutos, el cuarteto ya había interpretado la mitad del setlist que venía tocando por Sudamérica. Ahí el primer fallo de Catfish: armar un show de una hora con temas que debieron extender en distorsiones innecesarias de sus guitarras, intentando que no les sobrara tiempo. A su vez, coincide con la explosión de la banda, más sueltos y distendidos, ocupando segundos entre las canciones para conversar entre ellos, como cual jugadores de fútbol se reúnen antes de un tiro libre que puede terminar en gol.

Previo a interpretar ‘Seven’ y con el anuncio de ésta, el público terminó de despertar, por mucho que el sol rebotaba sobre sus cabezas. Fue, dentro de las diez canciones previstas para la tarde del domingo, la que más se coreó y en que dejaron, por momentos, cantar a los fanáticos. Al finalizar, McCann terminó por desabrocharse el abrigo negro para mostrar la camiseta de la selección chilena, con el número siete de Alexis Sánchez.

Fácilmente, Catfish and the Bottlemen calificaba como telonero de The Strokes en un show propio de esta gira. Lo que mostraron los galeses sobre el escenario fue la renovación generacional del rock británico, eso sí, más cargado al indie con pasajes de post-punk/rock, en aquellos despilfarros de energías al extender las dos últimas del repertorio: ‘Cocoon’ y ‘Tyrans’. Seguramente vendrán en solitario o en alguna futura edición del Lollapalooza, en un horario estelar y con un set que no abuse de alargar las canciones.

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