El frío y la incipiente lluvia de la noche del sábado fueron el ingrediente final para una velada visceral, oscura, cargada de atmósferas, pero siendo el baile el factor común entre los dos polos que amenizaron la segunda entrega de Club Fauna de este mes, gracias a la invitación de Heineken junto a su plataforma #HeinekenLife. Y era una fecha especial ya que, en su quinta visita, Crystal Castles regresaba al país con Edith Frances en la voz, tras la polémica salida de Alice Glass en octubre del 2014.

En el camino hacia Teatro La Cúpula se podría inferir cual sería la tónica del show. Cajas y botellas de vino, latas de cerveza y petacas por el suelo, marcaban una suerte de ruta hacia el teatro. Poleras negras, bototos y looks andrógenos eran las postales en cada esquina del recinto, toda una generación amparada por Skins, haciendo de la serie británica un estilo de vida.

El teatro estaba a su capacidad máxima, expectantes de conocer la propuesta de Frances y de saber si superaría el estilo incomparable de Alice Glass. La mítica carátula del ep Alice Practice, con Madonna y su ojo golpeado e hinchado, era el telón de fondo que le daba la bienvenida a Ethan Kath, Frances y compañía.

Enfundada en un abrigo negro con una polera de Type O’ Negative y lentes oscuros, Edith Frances se presentaba detrás del micrófono, con una actitud ensimismada e ida. De esa manera la procesión se daba por iniciada, con saltos y pasos de baile eclécticos, emulando de gran manera lo instaurado por Glass, la gran sombra de toda su presentación. Es que las comparaciones son odiosas, y a pesar que el público dio todo en la pista, el comentario era obligado en cada asistente ante lo hecho por Frances y la ausencia de Alice.

Así fueron pasando clásicos como ‘Baptism’ y ‘Celestica, con Kath como el conductor musical principal del show, secundado del excelente Christopher Chartrand en batería. El trío también nos enseñó el nuevo material que están preparando, de cara a un nuevo álbum de estudio, con ‘Choir’, ‘Fleece’, ‘Frail’; canciones que siguen ya la clásica estructura en Crystal Castles: sonidos hipnóticos, voces ahogadas y el constante beat que azota el oído.

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Los puntos altos de la noche fueron para los mayores hits que la banda ha publicado, siendo ‘Crimewave’, ‘Not in Love’ y ‘Untrust Us’, como las más coreadas de la jornada, y también con Frances tomando un mayor protagonismo arriba del escenario. Ya sea prendiendo un cigarro, mojándose el pelo o bailando, el centro de atención en todo momento fue ella y que contó con la aprobación de los fanáticos, a pesar de la vara que dejó Glass tras su partida.

Tras el contundente show de los canadienses, y con un intermedio a cargo de los nacionales Olympic, llegaba el turno de una los personajes más extravagantes que ha pisado escenario del país en los últimos cinco años. El sirio Omar Souleyman regresaba por tercera vez, presentando Bahdeni Nami (2015) su última producción.

El cambio de público y con menos gente que en Crystal Castles, pero igual de encendido, Souleyman se ha ganado el cariño de los fanáticos gracias a su particular estilo. Por lo que el baile y la fiesta era la ofrenda precisa para el sirio que comenzó su carrera como cantante de bodas.

Con un estilo único (gafas, turbante y túnica), Omar recorría de lado a lado el escenario, con mucha tranquilidad y liviandad, y solo con gracias, en inglés, se refería al público. Así se movió entre su último trabajo y Wenu Wenu (2013), disco producido por Four Tet y que le dio el reconocimiento a nivel mundial, Souleyman despachaba cortes como ‘Nahy’ o ‘Warni Warni’, coreadas y bailadas en todo segundo.

A pesar de utilizar pistas pregrabadas, el tecladista y encargado de los samplers fue el gran aliado del sirio, con una capacidad casi divina al interpretar los intricados ritmos del Dabke. Aunque un desperfecto técnico en las secuencias, interrumpieron por unos minutos el show casi dando por cancelado el show de manera abrupta. Una vez ya solucionado el problema, Souleyman tomó las riendas de la fiesta que se extendió por cerca de una hora y que dejó a nadie sin mover una
pierna.

Crystal Castles supo reinventarse tras la partida de uno de sus mayores pilares y quizás la principal atracción del conjunto. Pero el ingreso de Frances le ha inyectado vitalidad a un proyecto que no ha decaído a través de los años, y que cada vez atrapa más y más fanáticos en nuestro país. Por su parte, Omar Souleyman terminó por consagrarse en estas tierras convirtiéndose en un sinónimo de fiesta asegurada, un número que roza lo kitsch, pero que jamás ha defraudado en sus presentaciones.

Estas fueron las grandes postales de una mezcla que parecía como agua y aceite en el papel, pero que a la hora de enfrentarse, se acoplaron de manera justa y necesaria, contraponiendo los estilos, dejando de lado las diferencias y abriendo cancha para lo que realmente nos convoca: el baile.

Fotos * Nicole Ibarra