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Cuco – Para mí

Daniel Hernández Publicado el 21 de Agosto de 2019 por

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Cuco, a sus escasos 21 años, representa la historia que nos llevan vendiendo como novedad que es (o más bien puede ser) Internet desde antes que él naciese. Alguien en su casa sube unos videos a Youtube o cuelga unas canciones en Soundcloud. Gusta. Se viraliza. Se gana una fama online con la que salta al mundo offline y lo ficha una multinacional, llegando al punto de siempre, pero por un camino distinto. A diferencia de lo que ocurría en el pasado -que un artista radicalmente independiente, de buenas a primera fuera engullido por la industria (lo que solía enfurecer o decepcionar a su grupo de fans iniciales)- hoy no sólo es lo obvio, sino parece lo deseable. La culminación de ese rapidísimo proceso (recordemos que en 2016 apenas su familia sabían quién era Cuco), se representa en su debut oficial, Para Mí (Cuco / Interscope PS), y en todo lo que lo rodea.

Omar Banos, su nombre real, siempre ha hecho guiños y elevado a categoría de orgullo su procedencia chicana. Él es la clara representación de un artista con el peso de la tradición latina en su vida, pero el de la tradición anglosajona en lo musical. En el disco, si exceptuamos el discurso inicial a cargo del ¿cómico? ¿creador de memes? Foos Gone Wild, en el que este recrea su speech para su video más famoso -Foo Files- adaptándolo al disco, la chicanidad no parece un elemento central en su música. Problemas de chicos de su edad, amoríos o humor más o menos acertado pueblan las letras, pero la cuestión de su herencia cultural parece diluida (él es hijo de inmigrantes mexicanos). Son problemas de mayores parece pensar. Extraño en un momento tan concreto de la política estadounidense en el que sus padres o él mismo parecen estar en el punto de mira del odio.

Pero, ¿hay que culpar a un chico de 21 años por querer salir, beber, que le rompan el corazón y divertirse con otros de su edad?. No parece muy justo. Por eso, el medio musical usado parece el ajustado. Si desde siempre se le ha asociado al pop de dormitorio, en su debut a lo grande tampoco parece querer romper con la idea preconcebida. Agradables canciones cortas llenas de sonidos sintéticos con gotitas de psicodelia, en el que claramente se ven influencias de bandas como Tame Impala (imagino que Animal Collective le debe parecer la prehistoria). La falta de ambición en todo el disco es definitoria. Nada lo aleja del resto de sus discos autopublicados, más que cierta limpieza y arreglos algo más pulidos como en ‘Feelings’. Canciones que podrían encajar en aquella ola de la folktrónica, (‘Lovetripper’, ‘Hidrocodone’) y hasta canciones que podría firmar unos Death Cab For Cutie en piloto automático zambullidos en el soft-rock (‘Far Away From Home’). También gotitas de hip-hop o soul lofi, instrumentales de película porno noventera, o incluso temas que no desentonarían en el catálogo del sello sueco Labrador (‘Ego Death in Thailand’).

Todo es agradable a falta de sorpresas, y suena como que él puede ser el músico favorito de unas cuantas personas con sus canciones sentimentales, graciosas, bien hechas. Como Clairo, como Boy Pablo, música que a algunos irrita por su falta de vuelo, que no parece aspirar a trascender, pero que es posible que ya quede para siempre en el recuerdo y el corazón de unos miles de jóvenes de su generación.

Resumiendo: El disco perfecto para adolescentes y postadolescentes que abrazan la ternura como herramienta de lucha contra el mundo hostil.

Lo mejor: ‘Far Away From Home’.

Nota: 6/10

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