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Hallazgos Macabros: Samla Mammas Manna – Mâltid [1973]

Hallazgos Macabros: Samla Mammas Manna – Mâltid [1973]

POTQ Magazine

Samla Mammas Manna, es un nombre poco común y muy difícil de pronunciar. Cuentan por ahí, que lo sacaron de un poema sueco sin sentido, infantil, lo que explicaría un poco el interés de romper con los parámetros musicales. Estos suecos comienzan su alocada carrera musical allá por el año 1969, cuando Lars Hollmer, tecladista de la banda y Bebben Öberg, encargado de las percusiones, se pusieron a ordenar unas ideas locas que tenían al momento de conocerse. Así, definieron un sonido lleno de influencias folk, rock y estructuras jazz. Mucha gente al escucharlos siente que son unos payasos que están en los instrumentos, pero la música de este grupo no debe ser tomada como cualquier cosa, porque Samla Mammas Manna es melodía original, rebosante de un gran sentido del humor, todo esto aderezado con lo más selecto del Folk Escandinavo y contrapuesto por los elementos más complejos y eclécticos de una composición en una volada más rock. Para acercarlos a nuestros parámetros musicales serían una especie de Los Jaivas suecos.

La placa que nos convoca a escribir sobre ellos es su segundo disco llamado Mâltid (lo que significaría “Tiempo de Comer”). Grabado en 1973, en una sorprendente sesión de 3 días. SMM nos regala un álbum memorable en donde las melodías son sicodélicamente pegajosas y muy visuales, pues en algunos trances se nos envía directamente al medioevo a alguno de esos baruchos llenos de bardos, guerreros y doncellas. Es un trabajo difícil de olvidar, pues es cálido y lleno de gracia, que no te aburre, sino que te tira hacia el centro de un bosque mágico en donde los duendes se desarman bailando rodeando una fogata, avivando el rito de la llegada de la primavera. Porque este elepé no es uno de ribetes oscuros y no te despierta en ningún instante sentimientos de nostalgia ni nada. Es una obra llena de imágenes positivas, e incluso humorísticas. Puede ser que las teclas a cargo de Hollmer le den ese toce tan nórdico y lleno de leyendas y mitos, pues la guitarra de Apetrea nos tira tifones de notas mentales que se acoplan con el hipnótico bajo y la arrítmica batería. A pesar de todos esos atributos tan afines a la visión de vida clara y alegre, es necesario advertir al melomadicto que este disco, bajo los efectos de algún aliciente lisérgico, puede provocar problemas cardiacos. Lo digo por experiencia propia.

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