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Las Pelotas: Cocaína argentina pateada

Alex Miranda Publicado el 18 de Marzo de 2018 por

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Cocainómanos, argentinos o las dos cosas a la vez. Así puede definirse al público que estaba en la parte de adelante esperando a ver a Las Pelotas en el escenario Itaú, que, gracias a una tormenta eléctrica en la cordillera, terminó poniendo a Las Pelotas en el horario que antes tenía Spoon. Había expectación, algo raro pensando que la banda que se alistaba a tocar es una que, a pesar de vivir con el legado de tener a uno de los miembros fundadores de los legendarios Sumo en la voz, también es un grupo que siendo honestos, no hace mucho ruido en el país.

Entonces tiene sentido que el público que estaba más emocionado por verlos fuera en su mayoría argentinos. Dentro de la hora que Las Pelotas tenían para mostrar lo suyo muy poco acento chileno se escuchaba en el público -lo que a su vez habla de la multiculturalidad del Lollapalooza-. Lo de los cocainómanos jalando en el público eso sí, no puedo explicarlo y no me voy a aventurar con una teoría ahora, ya que extrañamente no lo vi en otro show.

A pesar de todo, incluso del calor sofocante al que se enfrentaba la gente, la banda supo dar un espectáculo conciso, aunque con un arranque lento con temas como ‘Desaparecido’ o el mucho más nuevo ‘Victimas del cielo’. Pero para cuando ya sonaban los primeros acordes de ‘Será’, uno de sus hits, el público ya había comenzado a entrar en el juego que se proponía desde el escenario.

El sonido del grupo puede definirse exactamente con la frase “rock argentino”, pero lo que diferencia a Las Pelotas de otros de su camada son los detalles de los temas, que agarraban otro vuelo -uno mucho mejor si me lo preguntan- cuando entraban los teclados más predominantes de Sebastián Schachtel o los vientos del “Pollo” Gómez como al final de ‘Capitán América’.

Por último, recordemos la definición que Luca Prodan daba de la forma de tocar de Germán Daffunchio, guitarrista y líder del proyecto: “Una zurda de oro” a la hora de tocar guitarra rítmica. Ayer se vio eso en las canciones más reggae. Parece que Germán ya no se enoja por no tocar los solos como le pasaba en Sumo, ahora tiene bastante asumido su rol como guitarra rítmica y voz. Y hablando de eso, terminaron con ‘El ojo blindado’, lo mejor que pudieron hacer. Porque a pesar de que cumplieron con lo mínimo, lo más alto de la jornada fue precisamente cuando tocaron ese tema de su banda madre, y se armó un mosh bien argentino y bien duro en las filas de adelante.

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