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Pet Shop Boys: Estos no son tus grandes éxitos, son los nuestros

Pet Shop Boys: Estos no son tus grandes éxitos, son los nuestros

Más de dos horas de show, impecable en lo musical, inolvidable en lo biográfico. El ejercicio de repasar nuestros grandes éxitos personales, gracias a canciones con tanto peso social e histórico, hizo latente lo evidente: Pet Shop Boys es responsable de la identidad de varias generaciones completas.


Imagine a war which everyone won
Permanent holiday in endless sun
Peace without wisdom, one steals to achieve
Relentlessly, pretending to believe
Attitudes are materialistic, positive or frankly realistic
Which is terribly old-fashioned, isn’t it?

Or isn’t it?
Dance with me
(DJ Culture) Let’s pretend
Living in a satellite fantasy
Waiting for the night to end
(DJ Culture DJ D)

‘DJ Culture’ fue escrita en 1991, año en el que muchos de los y las asistentes del regreso de Pet Shop Boys vivía su mejor juventud. Mismo año donde Iraq y la Guerra del Golfo, Elizabeth Taylor y la rehabilitación, Madonna y Sean Penn, la televisión satelital y nuestro sobreestímulo eran los temas que tenían secuestrada la opinión pública. Tres décadas desde ese coro donde Neil Tennant y Chris Lowe nos ofrecían repasar barbaridades y banalidades, preferir no opinar, entregarnos a la pista.

En el libro One Hundred Lyrics and a Poem, recopilación de letras y apuntes en mano del propio Tennant, cuenta que ‘DJ Culture’ fue creada cuando la nueva década empezaba a forjar su propia identidad. “Las posturas políticas y las actitudes sociales samplean el pasado y el presente como beats en álbumes dance. La cultura DJ está en todas partes. La televisión por satélite es un nuevo servicio que se consume toda la noche. La espiritualidad new age sustituye a la religión”. Y parece el retrato de varias generaciones que ayer repletaron el Movistar Arena. Una reunión que se hizo esperar siete años, y ¿qué son siete años a estas alturas?

Con un pequeño atraso y un recinto completamente atochado, la dupla aparece en escena jugando al misterio en cuanto a luces y vestimenta. ‘Suburbia’ suena por los parlantes y es un viaje en el tiempo automático, donde abundan las grabaciones en horizontal, no en vertical; donde el manejo del inglés no es cosa cotidiana por slangs digitales; donde la cultura DJ es algo mucho más contracultural de lo que vivimos hoy.

‘Can You Forgive Her?’, ‘Opportunities (Let’s Make Lots of Money)’, ‘Where the Streets Have No Name (I Can’t Take My Eyes Off Your)’ y ‘Rent’ son clásicos que le siguen. La respuesta del público es evidente, y se podría decir que el nivel de Tennant, Lowe, y músicos de compañía, también. Sin embargo, nunca deja de sorprender el manejo con el que Pet Shop Boys es capaz de levantar un concierto. Tal como se escucha a un hombre mayor en plena cancha, feliz por encontrarse por primera vez con ellos, suenan igualito que en el disco.

Con rostros revelados, el escenario desplegado y los motores más que encendidos, la noche no bajó la intensidad de entrega ni de calidad. Con pantallas movibles, que sirvieron para darle onda discotequera al concierto, pero también para hacer repaso por la biografía audiovisual de los músicos –y permitiendo vista a los más alejados de cancha–, el setlist hizo honores al nombre de la gira, profundizando en sus primeras entregas y dejando en sombra a los estrenos más recientes como Super (2016), donde también habitan piezas que caen en la categoría de hits, como lo es ‘Pop Kids’.

No fue curioso ver que quienes llevaban poleras con leyendas sobre ese single, hayan sido juventudes más cercanas a los 30 que a los 50. La noche era para otros y otras. Quienes en 1991 estábamos naciendo, tuvimos que rendir honores a la nostalgia y jugar a anhelar recuerdos que no nos pertenecen. Un ejercicio más que enriquecedor cuando estás frente a una metralleta de éxitos, de calidad vocal, interpretativa; una puesta en escena compacta pero sumamente efectiva en la línea PSB, que hizo crecer aún más momentos como ‘Single-Bilingual’ – ‘Se a vida é (That’s the Way Life Is)’, ‘Domino Dancing’, ‘Monkey Business’ y ‘New York City Boy’, un regalito para Chile, pues no había figurado en el setlist que los tiene por la región, en un formato para festival.

¿Qué se puede decir de Tennant cuando se cuelga una guitarra y quiebra el baile para un acústico repaso por ‘You Only Tell Me You Love Me When You’re Drunk’? Pet Shop Boys es un pedazo de historia, y no porque tengan edad, y no porque lleven muchos años en esto. Ellos son historia porque la formaron. En esa cultura DJ que abundaba en los noventas, ellos ya tenían la aptitud y ruedo para apuntarla. Cuando la electrónica y los poemas bailables llegaron a esta parte del mundo, ellos ya la moldeaban como una forma de responder a la monarquía, al consumismo, al capital. Pet Shop Boys construyó la identidad de una generación completa, si no pregúntenle al Movistar Arena cuando ‘You Were Always on My Mind’, ‘Go West’, ‘It’s a Sin’, ‘West End Girls’ o ‘Being Boring’ suenan y terminan la noche.

‘DJ Culture’ abrió una década, una que empezaba a formar su identidad, en palabras de Tennant. Y ellos ya llevaban trabajo avanzado formando a todos sus oyentes. Volvieron a Chile con Dreamworld: The Greatest Hits Live, sin embargo, no se trató de los grandes éxitos de una banda: esto fue un setlist de memorias y recuerdos, los grandes éxitos de las más de diez mil personas que llegaron al encuentro para tener, nuevamente, su mundo de ensueños, las fantasías satelitales.

La verdad es que, en todas estas décadas, no ha cambiado mucho por acá. La guerra sigue, Madonna sigue, los medios masivos siguen. En el ritmo actual parece imposible darse un minuto para recordar nuestros grandes éxitos; por fortuna tenemos las canciones, que son verdaderos memoriales de lo que hemos pasado. Lo de ayer en el Movistar Arena fueron los grandes éxitos de generaciones completas. Las fiestas, las rupturas, las rabias, las noticias, los placeres. La promesa de bailar hasta el fin de la noche, en un lugar que se siente biográficamente seguro para tanta gente, mucho antes de que espacio seguro fuese algo.

Foto de portada por María Loreto Plaza, cortesía Bizarro.