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Salvando al CFT

Javiera Tapia Publicado el 18 de Julio de 2015 por

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Donde antes estaba Bal Le Duc, ahora hay un edificio de departamentos. Si caminas -en invierno- por Irarrázaval hacia Vicuña Mackenna, vas a encontrar el puesto con sopaipillas con las salsas más ricas de todo Santiago. Luego, el último tramo del parque Bustamante, con la entrada del Metro incrustada; tiendas de ropa americana, una schopería, un bazar en el que muchas veces compré cigarros aunque parecieran muy falsos, junto a una discoteca de martes femenino y despedidas de soltera.

A algunos metros de toda esa fauna funcionó durante una buena temporada el CFT, un espacio que nació “en la búsqueda incansable de espacios para crear y exponer”, explica Francisco Morales, miembro de Marcel Duchamp y uno de los organizadores y representantes de este lugar. “La falta de estos espacios nos lleva muchas veces a improvisar galerías, escenarios y talleres en lugares que nada tienen que ver con la expresión artística”, continúa.

Este centro cultural “fue clausurado injustamente por la municipalidad de Ñuñoa, aludiendo que somos un clandestino de alcoholes, ya que una noche la policía ingresó sin la autorización de nadie y cursó un parte. De nada sirvió que se les explicara que había bandas musicales ensayando y que ellas habían llevado algo de comida y bebestibles, lo cual no reviste ilegalidad alguna. Es importante destacar que a la fecha aún no hay respuesta por parte del Juzgado de Policía Local sobre los descargos que hicimos. De tal forma, no hay razones para el cierre”, asegura Morales.

Aunque para muchos, la escena musical local está en su mejor momento, es cuestión de realmente ir a ver música, salir y escuchar a los músicos, para notar que lo que ebulle es la creatividad, mas no las condiciones para compartir su trabajo (la próxima semana abordaremos esta crisis en profundidad).

“Por lo general, las salas de concierto acá en Santiago o son caras para los asistentes o tienen malas condiciones para quienes tocan: te arriendan el espacio muy caro, no hay sonidista o equipos. El CFT funciona de otra manera. Está fuera de esa lógica en la que generalmente se funciona, a la hora de tener un local. El CFT defiende una forma de hacer música, de hacer escena, principalmente. Defiende una forma que actualmente no existe bajo las lógicas de consumo, en términos de la cultura actual. Ni siquiera existe una patente que te permita hacer lo que estaba haciendo el CFT y eso te dice bastante. No existe a nivel legal. Lo más cercano, es la patente de cabaret, pero no es lo mismo”, explica Rodrigo Herbage, asistente habitual del CFT, parte de Sello Fisura y de la banda Dolorio & Los Tunantes.


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Pero este centro cultural no sólo funcionaba como un espacio para la música. “El CFT tiene varios miembros involucrados directamente con el proyecto, las disciplinas desarrolladas son variadas. Teníamos una biblioteca en donde se realizaban charlas y conversatorios, un taller de restauración de muebles, como también un taller de artes marciales y uno de serigrafía. Teníamos salas de ensayo y un estudio de grabación. El estudio de grabación era el principal fuerte, ya que se grabaron muchos demos y álbumes este año, además de muchos registros en vivo. Todas esas actividades eran gratuitas y abiertas a cualquier interesado, puesto que nuestra lógica no es económica, sino que de autogestión, y las actividades funcionan con el empuje y fondos aportados por los diversos miembros del Centro Cultural. De esta manera la principal necesidad era la de acoger, desarrollar y compartir diversas disciplinas artísticas y articular así un movimiento hasta ahora disperso”.

El último concepto que señala el músico es quizás uno de los más importantes y demuestra lo necesario que es salvar espacios como el CFT. Santiago es una ciudad fragmentada. Naces, creces, envejeces y mueres en el mismo lugar, con las mismas personas, los mismos problemas y las mismas carencias. El sistema de vida chileno -partiendo por la educación- no te permite conocer realidades diferentes a la tuya. El CFT borra ese destino deprimente, con una banda sonora de fondo.

“Es importante defenderlo porque es una forma autogestionada de entender la diversión, el encuentro con otros grupos. Gracias al bajo nivel de criterios de admisión -porque es un lugar bastante accesible- te puedes encontrar con cualquier persona que disfruta lo mismo que tú y que, por cuestiones como lo que decía Bourdieu, lo del hábito social, no te puedes encontrar en otros lados. Esto tiene que ver con que uno empieza a juntarse con quien se identifica y como en Chile esa hueá es súper pauteada, usualmente hay mundos que no se encuentran. Con la música como base, el CFT hace eso posible”, explica Herbage.

Ig¿Por qué es importante salvar el CFT? Porque nos entrega una salida a lo que nos mantiene deprimidos. Porque intenta darle una vuelta de tuerca al sistema en el que nos obligan a vivir. Porque es un espacio creado a través de la amistad, la colaboración y el entendimiento. Porque tiene un estudio de grabación en el que se han grabado canciones que en quince años más buscarás como joyas. Porque es uno de los pocos lugares en Santiago que intentan tratar al músico y al asistente con dignidad, sin hacerlos sentir que el administrador del lugar les está haciendo un favor. Porque son capaces de ver la diversión y el ocio como parte vital del desarrollo intelectual y artístico de un país. Porque una ciudad sin cultura, será una ciudad sin historia.

Hoy en el Centro Arte Alameda se reunirán bandas y djs en un evento para reunir el dinero para pagar las multas impuestas por la Municipalidad. Si quieres asistir, mira la información a continuación:

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Fotos*Paracaidístas

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