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Gepe: “Si alguien dice ‘ah, este hueón del Gepe se cree no se qué’, es súper sano”

Javiera Tapia Publicado el 9 de Junio de 2017 por

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Nos juntamos a conversar con Gepe sobre Ciencia Exacta su último trabajo, pero además, hablamos sobre la diferencia de los procesos compositivos, la pausa que significa este nuevo álbum, los enemigos en la música y el nacimiento del bossa nova. Pónganse cómodos.

La RAE clasifica el concepto de <<ciencia exacta>> como un sinónimo de las matemáticas y los estudiosos más radicales postulan que ninguna ciencia puede concebirse como exacta sino como una certidumbre. La música, siendo arte (aunque la composición y grabación sí tengan un elemento matemático), no podría estar más alejada de esta definición y aún así es el término que acuna todos los temas del nuevo disco de Gepe.

“Creo que terminó siendo así, el azar tiene esas cosas. Yo ordeno las carpetas de acuerdo a la temática y justamente en esta, que le puse el nombre muy rápido sin pensarlo mucho, empecé a guardar estos demos, sin pensar en que iba a ser un disco. En vez de ponerle canciones acústicas le puse Ciencia Exacta. Y supongo que eso también lleva a que el disco empezó a competir con el título al revés. Fue fortuito pero tiene mucho sentido, así como uno se llamó Gepinto, el otro Hungría, creo que hay cosas que se escapan, pero más allá de la libre asociación hay algo ahí, algo que se libera”, explica Daniel.

—Es un disco con menos información musical que lo anterior. O sea, Estilo Libre termina con una canción EDM. Y este nace de una forma más improvisada, iba a ser un EP que después se transformó en disco.

“Tal cual. Yo estaba haciendo otro disco, que hasta ahora se llama Calle Uno. Y hay hartas canciones, son más eufóricas, más al chancho que Estilo Libre, más grotescas. Y justamente, empezaron a aparecer canciones como ‘Hablar de Ti’ y ‘Hoy’, por septiembre, más guitarreras y no se me ocurría qué ponerles encima. Y otras cosa también, como que no era necesario ponerles más cosas, quería hacer esto otro y descansar de esas canciones, pero sin pensar en grabarlo, que fue más idea de Rodrigo Santis. Me dijo ‘podrías hacer un EP acústico y si nos gusta lo sacamos, si no no’. Y así empecé a grabarlo en mi casa, empezó a crecer, le metimos cuerdas, probamos cosas… Yo creo que todos los discos que he sacado son parte del mismo disco, son diferentes momentos no más. Tampoco creo que este disco sea algo definitivo, ninguno lo es.

Estilo Libre es un ejercicio de géneros, hay bachata, EDM, pop, pero ahora se ve que hay visitas a Gepinto y Hungría, más que a lo inmediatamente anterior.

“Sí, de todas maneras. Me acordé de eso. Igual fue todo súper intuitivo, tampoco lo busqué. Esta canción me es cómoda y me siento bien haciéndola: una canción de pocos acordes, con harto vacío y eso agregado a que también estaba escuchando harta música acústica. La revisita al Gepinto me hace sentido en parte, no sólo empieza o termina ahí, yo también soy eso y nunca lo he dejado de ser.

—Se ve una preocupación por que brille la letra, que eso es algo que Gepinto tenía.

“Sí, creo que en eso sí se parece a Gepinto, las letras al centro y que lo otro es una envoltura. Porque el Estilo Libre es muy grueso musicalmente”.

—A lo largo de tu carrera has hecho varios covers, ¿por qué decidiste incluir ‘Las Flores’? Es la primera vez que incluyes un cover en un álbum.

“Es que la hemos estado tocando por mucho tiempo y no entraba en Estilo Libre, la quería poner ahí. Yo creo que llevamos unos cuatro años tocándola en México principalmente y siempre era como ‘pucha, qué ganas de grabarla’. Y yo creo que fue la más difícil de grabar, lo hicimos de mucha maneras, en muchos momentos distintos y la versión final es un Frankestein, desde la voz hecha con el teléfono hasta pasar por guitarra, sin guitarra, ukelele, charango… lo hicimos un millón de veces, pero siempre estuvo en la carpeta Ciencia Exacta. Siempre metí ese demo guitarreado ahí, me hacía sentido. Probablemente, si hubiese grabado ‘Las Flores’ en el disco anterior, hubiese tenido una batería seguro, o capaz la hacía bachata, pero hubiese tenido más relleno y a mí me acomoda más así, más desnuda, más vacía”.

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—Intuyo que tu disco tiene que ver con una pausa. Musicalmente hablando.

“Sí, totalmente. Es una pausa musical. Mi cabeza estaba como ¡aaaahaahhhh!, me encanta Estilo Libre, me encantó trabajar así, pero es otra cosa. Ahora fue como ‘vamos a dejar la canción hasta aquí no más, cerramos Pro Tools’. E inclusive la lucha era por tratar de agregarle algo más y no, no entraba, a la única que le pusimos algo fue a ‘Ojos Que no Ven’ y a ‘Las flores’, que les dimos como caja. Pero las otras era grabar, una batería chiquitita, un charango por acá y tratemos de que nada más. Al otro día lo escuchábamos de nuevo y era como “sí, está listo’”.

—Debe ser súper agotador hacer algo como Estilo Libre.

“Sí. Y además tiene algo que me decía Heyne, que tenía sentido. Que este disco no tenía ni una ironía. En el Estilo Libre puede haberla, estilísticamente. Por ejemplo, más allá de invitar a la Wendy, hacer rap o bachata era hacer un comentario de algún estilo, porque no es lo que yo practico. En Ciencia Exacta soy yo no más y tiene muchos menos comentarios estéticos. Te encuentro razón en ese sentido, no lo había visto así, porque es un disco más tranquilo, menos ansioso principalmente. Obvio que había días que no sabía qué ponerle a las canciones, pero fue todo súper relajado. Al momento de grabar hablábamos de otras cosas”.

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—Qué bueno que tocas el concepto de ansiedad. Estoy viendo mucha ansiedad en los músicos, desde hace un buen tiempo. Y siento que va en aumento. Cómo voy a tocar, dónde voy a tocar, quién me mencionó, qué dijeron de mi video. F5, F5, F5. ¿Cómo se manifiesta tu ansiedad?

Las redes sociales sin duda son para volverse loco. Yo creo que estuve un par de años así. A veces hago un scroll en Instagram pero en Facebook no, afecta muchísimo. Por mucho que uno diga que no, cuando alguien te dice ‘oye te amo’ y después ‘valis hongo, eres una mierda’, no sé, mi personalidad por lo menos hace más caso a lo negativo. Igual superé esa cuestión, pero sí altera. Generalmente, uno con ese tipo de cosas se empieza a ver desde afuera y eso es muy malo para la salud espiritual y hay que aprender a sacar ese foco y mantener distancia de las cosas. Yo creo que este disco me ha enseñado o refleja esa sensación, por fin”.

“Onda, hay periodistas que me han dicho ‘pucha yo pensé que ibas a hacer un disco en la línea de Estilo Libre, porque eso es más radial y no sé qué’. Y es como ¡no!. Ahora me vi a mí mismo, vi las canciones que podía hacer, con qué canciones me sentía cómodo. Y este es un disco más, y luego vendrán otros, espero. Y vendrán treinta más”.

—Pero con la salida del Estilo Libre también se podría haber dicho ‘oye, esta es otra persona’.

“Claro. Hace poco vi haciendo scroll una persona que decía ‘volviste Gepe’. Me quedé pensando a qué se refería con que volví. Y ahí me acordé que esa persona llegó hasta Hungría y después se fue. O sea, al revés, yo me fui para ella. Y eso es heavy porque no lo calculé de esa manera, yo lo grabé no más, con menos urgencia, con menos ansiedad y fue bastante sano”.

—En tus discos las colaboraciones siempre son con mujeres músicas, mayoritariamente. Antes Javiera Mena, Lalá, ahora María Esther Zamora, Juanita Parra…

“Siempre he pensado que en Chile las mujeres en la música la súper llevan y que históricamente el folclor es de la mujeres. Margot Loyola, Gabriela Pizarro, la Violeta Parra, pero más allá de esa idea de que sienta más esa presencia de las mujeres en la música, no hay un plan. Y tampoco las colaboraciones son para ser Pimpinela. O sea, me encanta como toca la Juanita, me encanta como encanta la señora María Esther y a la Javiera la adoro, haga lo que haga, que esté cerca, siempre va a ser algo bueno. También la Wendy, me encanta como canta. Y no me importa de dónde viniera, eso lo encuentro arribista”.

—Hubo gente que pensó que la habías invitado incluso de forma irónica.

“Sí. Y canta hermoso. Además, es mucho más matea que muchos que conozco. Ella cuando había que cantar, claro, puede ser una persona muy joven de 19 años y estaba ahí echando la talla, pero al momento de grabar se cuadraba de una forma impresionante, mucho más que cualquiera de nosotros y al tiro sacaba la voz, se aprendía la letra, algo que a mí siempre me ha costado. A la hora de actuar también, estábamos en otra y había que grabar y se metía de una. Ella lo hace increíble. Al final, por muchos dedos para abajo que hubo en el video o comentarios previos a que saliera la canción, se hicieron juicios, pero al final la cuestión cayó por su propio peso. Aunque yo no quería demostrar nada con eso. Sólo quería invitar a alguien que me gustaba como cantaba y que tenía esa reminiscencia a Perú”.

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—Tu relación con el folclor vuelve a ser más evidente. Y siento que hay una intención de mirar hacia la tradición con algunas decisiones del disco. Cantar con María Esther, invitar a Juanita a hacer lo que hace perfectamente en Los Jaivas. ¿Hay algo de eso?

“Sí, creo que sí pero no es premeditado. Recuerdo que estaba grabando el demo de ‘Flor de Canelo’, estaba en lo de la batería y pensé ‘ya que estoy tratando de imitar un estilo, por qué mejor no llamo a la que lo hace bien’. Y la Juanita es un amor, siempre ha sido cercana a nosotros, más allá de tocar o no, nos queremos harto. Y con la señora María Esther todo lo contrario, yo no la conocía. Y la escuché y pensé que esa canción tenía que ver con ella. Lo mismo, para qué voy a cantarla yo si esta señora puede hacer crecer el carácter de la canción y creo que funcionó de esa manera. La grabó muy rápido también, es tremenda. Es como cuando cantamos en los Pulsar con Roberto Márquez, que es esa gente que tiene otra disposición de voz. No necesita que el micrófono sea así o asá. El caballero canta no más y María Esther también, grabó de una patá. Grabaría un disco entero con ella, me encantaría”.

—Con ‘Hasta Cuándo Con’, pensé al tiro en Los Tres, obviamente.

“Ja, ja, ja, sí. Lo grabamos con ese espíritu. Grabamos dos tomas y quedó la primera, todo rápido, con ese espíritu de bar. Yo le tenía miedo… ahí sí que fui consciente ‘chuta, Los Tres’ y toda esa cosa. Me daba miedo cruzar la línea y, aparentemente, jugar en un lugar en el que yo no sé jugar tampoco. Esa parte la respeto pero no es la mía. Ahí tuve cuidado. Por esa canción respecto a la letra y el estilo me es difícil explicarlo. Lo grabé no más, bien del estómago. Fue de las primeras que hice.

“Apunta a esa cosa media arribista, al arribismo intelectual onda, ‘allá me voy a salvar’ y al final llegan todos con la cola entre las piernas, me ha tocado verlo. Estoy seguro que no son todos, pero esa idea de que el Primer Mundo te salva y el Tercer Mundo te hunde, me da un poco de… no sé, lo hice no más, no puedo pedir disculpas ni justificar tanto esa canción, pero es muy concreta y muy real. Yo lo siento así. Tampoco es como ‘hueón, Chile es la raja’, si no que tiene que ver con el espíritu de mirar hacia el Primer Mundo. Me cansa. Y no le veo ni un brillo, la verdad”.

“Cuando vi esa canción criticada en Jenesaispop, caché que les cargó. Pero yo lo entendí igual. Ellos están en el Primer Mundo. Pero no es un escupo contra ellos, sino es la mentalidad de acá. La encuentro fome, contraproducente, más allá de indicar con el dedo y decir ‘tú que te vas a tratar de hacerla por allá’, es sobre la mentalidad. Creo que es una de las canciones más personales que he hecho, en el sentido de que rescata la idea que tengo sobre la música de acá. En ningún caso es nacionalismo ni chauvinismo, no me importa, no estoy ni ahí con la bandera… pero lo que yo vi aquí un día, no lo he visto en casi ningún otro lado. Lo que vi con los Tobías Alcayota acá en el Bar Forestal que ya no existe, yo no lo he visto en ningún lado, entonces, es tan especial que dan ganas de construir a partir de esos elementos, esa es una segunda lectura, muy personal por lo demás”.

—Creo que de todas tus canciones esta es de las más opinantes. Muy pocas veces en tu música se encuentran opiniones directas.

“Por lo mismo me es difícil explicar esa canción. Es lo que siento no más. Y no es como ‘para qué se van, quédense acá’, no, tampoco es eso. Tiene que ver con un arribismo intelectual que me parece una súper debilidad de nosotros los chilenos, pensar que tus problemas se resuelven allá, cuando realmente se agrandan allá. Está bien estar con tu cabeza aquí o simplemente borrar la diferencia entre un Tercer o Primer mundo culturalmente hablando, materialmente es otra cosa. Pero culturalmente, no hay necesidad de que exista y creo que de alguna manera hemos empezado a trabajar eso, porque yo me acuerdo que las primeras veces que fui a España, tipo 2006 o 2007, cuando el Gepinto estaba editado por un sello allá, mi disco estaba en la sección World Music y eso me parecía una estupidez. También estaban Coiffeur o hasta la Julieta Venegas, porque éramos parte de esta bolsa negra que es el Tercer Mundo cultural. Y después ya no, onda, en la Fnac, esos lugares, estaba en pop, acústico, no me acuerdo. Y ahí mezclado con lo que tiene que ser, CocoRosie y esas cosas”.

“Creo que Peter Gabriel seguro que su intención de World Music estaba súper bien, pero al final es una separación que no me parece tan sana. Cada vez me motiva menos ir al Primavera Fauna, cada vez me motiva más ir a escuchar cosas, no sé, en la calle acá o en México, en cualquier lado. Me parece culturalmente más interesante. Y más rico. O quizás igual de importante que lo que uno podría ver en otro lado”.

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—Llevas más de diez años en esto. Cómo ves el camino que ha tomado la música independiente en Chile. Creo que lo que se está pasando ahora es muy similar a lo que sucedía a principios de la década del 2000, guardando algunas diferencias estructurales, claro.

“Sí, es como algo que no perdió fuerza y hay varias capas. Por ejemplo, la otra vez el Sergio Cancino me dijo ‘pucha y qué hacemos ahora, qué hacemos con las bandas jóvenes que no salen para arriba y no hacen música radial, estamos perdidos, qué hacemos, ahora está Mon Laferte que anda por allá y tú que sacaste este disco tan quitado de bulla…’, como si fuese una problemática. Y, qué la raja que haya un underground, la raja que haya una Mon Laferte, ninguno de los músicos está pensando en ocupar otro lugar que el lugar que inventó”.

“Yo creo que los Piloto, por ejemplo, inventaron un lugar que es sólo de ellos y va a crecer y algunas bandas van a hacer un disco así y otras asá, y la raja. La sinergia y la energía es lo que el ambiente musical necesita. Yo sé que les importa también sonar y que mucha gente los escucha, pero necesita ese período de underground para agarrar contenido. Para mí al menos fue así, estar en el under fue como lo más sano. Tengo una base, no es que tenga dónde volver, pero tengo un lugar que se construyó todo junto y es súper rico. Y la música en Chile existe en varios niveles de complejidad, de sonido… la generación de los Piloto no quieren saber nada de los que salen en la radio y me parece súper sano, porque hay que tener enemigos en la música, eso es lo que yo vi cuando era más chico, es bacán diferenciarse, era como ‘ah este hueón de Los Tres que se cree no se qué’, es bacán, es súper sano. Si alguien dice ‘ah, este hueón del Gepe se cree no se qué’, es súper sano, ‘ah Festival de Viña, Gepe de mierda’, ja, ja, ja”.

“Cada uno empezó a armar su espacio y encuentro que está bien que los cabros más jóvenes hagan eso, vean dónde pararse y no que te parís, te quiten la silla y cagaste. Creo que los chiquillos están todos armando su ambiente y no necesitan a los demás, es muy sano. Estoy absolutamente en desacuerdo con la opinión de Cancino”.

—Pero es que además, qué significa esa exigencia. Cuál es realmente el estándar radial. Creo que nadie lo tiene claro.

“Yo tampoco”.

—¿Qué significa sonar bien para la radio si las radios programan ‘La Voz de los 80’ que es de 1984 y técnicamente suena peor que un disco grabado en un home studio en el 2015?. Esa justificación que dan a veces los programadores radiales, de que algo no suena técnicamente bien para la radio, creo que es más una excusa para no estar permanentemente actualizados por una parte y también por gusto personal.

“Ja, ja, ja, sí creo que puede pasar bastante por eso. Nunca lo he investigado, pero no puedo estar más en desacuerdo con Cancino. La música está viva aunque no suene en la radio”.

—Y más ahora.

“Sí, más ahora. La radio es un ítem más de todas las posibilidades. La radio… no tengo idea, ni siquiera la escucho”.

—Y ¿qué escuchas?

“Discos en Youtube. Ahora he estado escuchando harto Captain Beefheart”.

—Andai antiguo.

“Sí, caleta, Duke Ellington igual. Y también estoy leyendo un libro de bossa nova, se llama La historia y Las Historias, de Ruy Castro y cuenta la génesis de todos estos grupos. Aparentemente, todo partió por un club de fans de Frank Sinatra. En ese fan club, para entrar, les hacían pruebas de música, tenías que tocar un instrumento. Entonces ahí se empezaron a conocer cabros chicos en ese tiempo, Joao Donato que tenía quince años con un señor de la radio de Brasil, entonces se juntó eso, con Frank Sinatra, jazz, samba y de repente llegó Joao Gilberto a fundir todo esto, súper intuitivo también. El venía de un pueblucho chiquitito y se fue a Salvador de Bahía y cachó que estaba el fan club de Dick Farney, el Frank Sinatra brasilero y el de Frank Sinatra, era como un fan club doble. Y se empezó a conocer con la gente, armó un primer grupo vocal y agarró su guitarra, empezó a quedarse solo e inventó el estilo”.

*Fotos por Camila Álamo 

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