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Ana Tijoux a beneficio: ¿a beneficio de qué?

Bárbara Carvacho Publicado el 20 de Febrero de 2019 por

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Rapera, letrista, intérprete, compositora, MC, parte fundamental de Makiza, hit local, creadora del 1977, feminista, rapera, ‘Antipatriarca’, experimentada, trip hop, ‘Vengo’, residencias artísticas en América Latina, Estados Unidos, Europa, una de las mujeres latinas más respetadas en el hip hop, hija de exiliadxs, entusiasta bailarina urbana de infancia, Macul, Los Gemelos, relatora de realidad, la voz de ‘La Medicina’, Vida Salvaje, colaboración con Julieta Venegas, tributo grabado a Violeta Parra, Nea de Los Pulentos, ‘Eres Para Mí’, Vive Latino en México, funk, soul, recomendada por Thom Yorke, musicalizando Breaking Bad y el FIFA 2011, nominada a un Grammy, destacada por MTV, La Bala, banda sonora de la movilización estudiantil del 2011, Vengo, Iggy Pop programándola en la BBC, Ryuichi Sakamoto compartiendo su música en Facebook, ganadora de los Premios Pulsar en la categoría que se te ocurra, la Lauryn Hill latinoamericana según el New York Times, la mejor rapera en español según la Rolling Stone durante el 2014, colaboración con Jorge Drexler, nominada a más Grammys; ganadora de uno.

Y aún así Chile no es capaz de reconocerla, ni con una pizca de dignidad. 

Tenemos muchos peros con el Festival de Viña, infinitos. El tema hoy es puntual, tan simple como una historia de Instagram transformándose en el recordatorio del dónde estamos. De nada sirve que la tele se desplace, que el municipio de la ciudad esconda la basura debajo de la alfombra anunciado boybands de los noventas, las alianzas con canales gigantes de Latinoamérica, los millones de pesos en joyas para la animadora, el circo nefasto que significa toda esta idiosincrasia. De nada sirve autoproclamarte el evento más importante de Latinoamérica si lo único que haces es no entender la pertenencia. Porque ni siquiera vamos a conversar sobre este show versus competencia, que automáticamente te arrebata la condición de certamen; pero sí vamos a conversar de esta copia feliz del edén en la que nos preocupamos más de tener una cámara 360 para sacarle fotos a los fachos de turno con pantalla limitada, que tener un grado de dignidad con los nuestros, las nuestras, lo nuestro.

Vamos a obviar el hecho evidente: Ana —no Anita— jamás ha sido parte del Festival de Viña del Mar, el mismo que este año pretende recordar a Lucho Gatica como ese papá que aparece en tu graduación cuando tienes 18 años y planea solucionar todos los domingos de ausencia con un paseo a Fantasilandia.

Hay otras cosas que no podemos obviar, como el CV, talento y reconocimientos de Tijoux, que parecen no ser suficientes para un show en el que preferimos tener señoritas bien calladitas e higienizadas, que no pongan en riesgo ninguna transmisión, que no hagan peligrar ningún auspiciador ni molesten a los ejecutivos de tal o cual canal. Porque parece que Chile jamás deja de serlo y se entrega de piquero a aplaudir decisiones como confirmaciones de bandas con hombres acusados de violación en sus filas, repetir a algún humorista como si no tuviésemos más opciones, y aprovechar el 2×1 de traer un jurado que aprovecha de cantar cinco canciones apuradito entre pez gordo y vaca sagrada, alías Raphaeles, Luismis, Chayannes, Marcos, Bosés, Sanz.

“Estimados señores del Festival de Viña. Yo he tocado muchas veces a beneficio, gratis… En poblaciones, campamentos, colegios. Pero ¿¿tocar gratis para ustedes??”

Tocar gratis para ti, que mentiste en tus papeles y llegaste a cargo público; para ti que obvia incendios y derrumbes con tal de no ensuciar el brillo de la reina de la jornada, mientras los niños del cerro comen barro; para ti, que haces alianzas anuales con canales de televisión, bebidas, ticketeras, y cuanta marca se te cruce; para ti, que sales usando el afecto que le tenemos a Gatica como excusa para ocupar nuestro tiempo y ganas, mientras tú te sigues forrando sin siquiera pensar en nuestro tiempo y ganas. Festival de Viña del Mar, la réplica de todos los jefes ingenieros comerciales que costean nuestras horas extras con pizza y chela, de los jefes que te hacen ir a trabajar el sábado en tono matón para que no te atrevas a pedir lo que te corresponde.

¿Tocar gratis para ustedes? Sale como primera pregunta mientras otras aparecen: ¿En serio te importa Lucho Gatica?, ¿De verdad estás interesado en homenajear al artista chileno pidiéndole a un puñado de ellxs que entreguen su imagen, tiempo y voz totalmente gratis mientras le pagas millonadas al proyecto con el hit del verano (o bien el hit de 1984)?, ¿Es tanta la comezón que te produce que se hable del ’73 sin resquemor, el tener la cara morena, y saberse y decirse depresiva, que te sale más fácil armar un paupérrimo homenaje a un muerto, en lugar de aplaudir la vigencia nacional con un poco de tus millones para elevar referentes locales para lxs cientxs de niñxs que ven el festival como único panorama estival pre colegio?

Me parece que los integrantes de esta banda llamada Chile llevamos demasiados años tocando gratis para este sistema llamado Festival de Viña del Mar, y tal como lo dice Ana: ya no es tiempo de guardarse las cosas. Dignidad, cabros, dice. Dignidad. La misma que se guarda para el beneficio que se requiere. Y como mantra, ‘Mar Adentro’ en su voz, el homenaje poco merecido de este pedazo de tierra que no se aburre de obligarnos a rendirnos, de extinguirnos, de fallarnos.

En mi mar adentro tengo una piedra un lamento
Intento soltarte pero pierdo yo el aliento
No te rindas, no te extingues, no me falles
No me falles, no me falles, no me falles.

 

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