Foto: Felipe Prado

La primera versión de la Feria Internacional de la Música de Santiago, Pulsar, se realizó en el  Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), en el mes de noviembre del 2010. “Mucho tiempo antes de hacer la feria, ya estábamos pensando en la idea. Queríamos hacer algo que reuniera a todos los actores de la industria en un solo lugar. Teníamos de referencia ferias como BAFIM de Argentina y MIDEM de Francia, pero esas son cerradas. Nosotros queríamos tener eso, pero abierto al público”, señala Karen Espinosa, Directora de Comunicaciones y Gestión Cultural de SCD.

Y así es como cada noviembre, desde el 2010, se desarrolla una nueva edición de Pulsar. Tres días en los que se juntan diversos expositores: sellos independientes, escuelas de música, tiendas de discos, de instrumentos y –en menor medida cada año- medios de comunicación, entre otros. Además, se anuncian otras actividades paralelas como conciertos, conferencias, charlas y clínicas.

La segunda versión se desarrolló en el Centro Cultural Estación Mapocho, lugar que la acoge hasta el día de hoy, “lo que proporcionó su crecimiento y consolidación. La oferta de módulos de exposición aumentó, dando cabida a nuevos expositores, potenciando la diversidad y fomentando el intercambio cultural y económico dentro de la feria”, cita un dossier de la historia de esta feria.

Al año siguiente –el 2012- Pulsar se abrió hacia industrias internacionales y decidió tener de invitada de honor a la Feria Internacional de la Música de Guadalajara (FIM), haciendo lo mismo el 2013, con una comitiva española, encabezada por Santi Carrillo, el director de Rockdelux  y proyectos musicales como Triángulo de Amor Bizarro  y Sr. Chinarro, visitas que la mayoría de los interesados en verlos en vivo recuerdan con tristeza. Tocaron en la Sala de las Artes, sin mayor difusión, con cien personas de público. Visitas ilustres muy desaprovechadas.

Pero ¿qué es Pulsar? ¿cómo se construye? ¿cómo se financia? Al hablar de industria subyace la idea de intercambios comerciales ¿Cumple año a año con su lema de construir industria?

Foto: Felipe Prado

Cómo se paga Pulsar

Esta feria es gestionada por la Fundación de Música de Chile, una organización sin fines de lucro creada por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD). “Además, contamos con aliados, como por ejemplo el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que nos aporta de manera directa a través de la línea de Fomento de la Música”, señala Espinosa.

La Directora también indica que se ha mantenido el número de visitantes en estos cuatro años, que llegan a los 18 mil durante las tres jornadas. El público que visita la feria paga una entrada que se vende en diferentes modalidades: primero está el abono de tres días, que tiene un valor de $9.000. Luego, el general diario es de $4.500, estudiantes y tercera edad $3.500 y, finalmente, los niños de hasta 12 años, entran gratis.

“Lo que queremos, además de construir industria es construir una audiencia”, señala Espinosa y, en general, el público se muestra muy  conforme con lo que logran ver asistiendo a Pulsar. Pagan una entrada para ver a sus artistas locales preferidos y descubrir a algunos que no han podido apreciar en vivo. Por otra parte, también agradecen las charlas y que se condense en un lugar a los sellos, donde pueden conseguir el material de su interés, además de eventos pequeños especiales, como firmas de discos o, simplemente, poder toparse con algún músico y conversar un rato.

En el caso de los expositores, es necesario pagar una cuota para poder obtener un sitio dentro de la feria. Este año hubo más de ochenta. “Qué lata hablar de plata”, señala Espinosa. “Los costos se han mantenido casi igual, es decir, ha subido un poco como todas las cosas. Como el costo de vida. Entendemos que la industria en Chile sigue siendo pequeña e independiente y por eso mismo los precios no han variado mucho. Los más grandes llegan a un valor de 300 mil pesos, aproximadamente”, continúa.

En datos duros, para la versión 2013 del evento, los módulos de 3×3 metros tenían un valor de $320 mil pesos más IVA, mientras que los de 3×6 metros, alcanzaban los $540 mil pesos más IVA. Eso sí, los sellos independientes deben ubicarse en los más reducidos, de 2×2 metros. Este año, consultando a casas de discos, los precios variaban. Algunos habían conseguido su espacio por $120 mil, mientras que otros por $190 o incluso $200 mil. Ninguno de ellos supo por qué variaba el valor de unos a otros, pero sí reconocieron algún tipo de negociación.

“Los sellos pueden optar sólo a espacios de 2×2 y las tiendas tienen de 6×3. Entiendo que ellos vendan más, pero igual el pasillo de los sellos es hacinado y te permite hacer pocas cosas”, señala Diego Sepúlveda, Director de Sudamerican Records.

Foto: 24horas.cl

“Construyendo industria”

Ese es el eslogan de Pulsar, que se podía leer fuera de Estación Mapocho en una gigantografía. Para los organizadores, esto es lo principal y creen que en cuatro versiones ya es algo que se ha podido palpar. “Nos hemos dado cuenta cómo crecen los expositores, desde el 2010 hasta ahora, el numero de sellos es mucho mayor”.

El cobro a los participantes puede representar una contradicción a esta premisa ¿Es posible construir industria cuando se plantea una barrera económica de participación? Algunos participantes de la feria, de sellos pequeños, creen que es un tema complicado, porque por una parte, es una buena instancia para mostrar su trabajo, vender sus discos y hacer difusión, pero por otro lado, es un gasto que no todos se pueden permitir. Algo que llamó la atención fue la reticencia de diferentes actores de la escena musical local a responder esta pregunta, durante la elaboración de esta nota.

“Creo que hay varias aristas”, aclara Sepúlveda, “la primera es que entiendo que una feria así de grande necesite financiarse de alguna forma. Si la perpetuidad de un evento como este depende en parte del financiamiento que se consigue a través del cobro a los sellos independientes, es nuestra responsabilidad cumplir con esa parte. En segundo lugar, no conozco ninguna feria donde no se les cobre a los expositores por estar. Dicho eso, acá vienen mis reparos: La SCD (o Fundación Música de Chile) hasta donde sé, posee un patrimonio de 30 millones de dólares que digámoslo, no es poca plata. Además es la única entidad de gestión colectiva de Chile y Pulsar es, prácticamente, la única instancia de participación para sellos independientes que genera, así que también se juega un poco al Tómalo o Déjalo”.

Para otros expositores y participantes de la feria, el tema quizás no pasa por el hecho de pagar un puesto, sino por las condiciones en las que trabajan durante estos tres días. Una de las más comentadas es la contaminación acústica a la que se someten tanto los trabajadores como el público. “Esto no es un capricho, es malo para la salud. No puede ser que año tras año, termine siendo una experiencia horrible en ese sentido, para los que van, ya sea a exponer o público. Uno se va enfermo de ahí”, declara Pía Vargas, encargada de prensa de Quemasucabeza. “El escenario principal es un problema, es horrible. Es una feria que celebra la música, pero el viernes a las siete de la tarde ya no quiero escuchar más música. La contaminación acústica es impresionante”, declara Sepúlveda.

Para Pablo Muñoz, productor, más allá de una molestia relacionada con que la SCD recaude dinero a través de los puestos de sellos independientes en Pulsar, hay algo más que desaprueba. “Nunca he sido un hueón de la industria, pero me molestan las condiciones en las que te hacen tocar. Primero, no pagan a todos los músicos, al menos no a los de los escenarios chicos y segundo, no pruebas sonido. Y si pruebas, es una mierda. Y por último, es lejos el peor local de todo Santiago para sonar”, declara. “Y ¿por qué se sigue participando entonces?”. “Nunca he tocado yo como yo, siempre para otros músicos, entonces como que no tomo esas decisiones, pero me imagino que es por que están acostumbrados”, responde.

Por su parte el director del sello que alberga proyectos como Tus Amigos Nuevos, Chinoy y María Magdalena, cree que una vez dentro de la feria, comienza otra pelea. “Debes ser lo suficientemente inteligente para “decorar” tu stand por el menor precio posible. Me saco el sombrero con lo que hizo Cápsula Discos, por ejemplo, y repudio el mal gusto de Plaza Independencia, que tenía el stand más grande, porque deben haber pagado por dos, imagino”.

El stand de Cápsula Discos

Lo cierto es que tampoco nadie vende mucho en Pulsar, según Sepúlveda y cree que muchas veces ni siquiera se justifica el gasto, sobre todo si no hay una banda del sello tocando en la programación. Fue común ver puestos de casas discográficas abriendo el día viernes y cerrando sin volver al día siguiente.

“Ahora, sobre si se construye industria o no porque uno paga o le subvencionan el stand, creo que no son cosas que estén directamente relacionadas. Claramente, sería bacán que hubiesen más stands, que eliminaran el escenario principal que suena horrible y es el más caro, y que todos pudieran participar. Pero también hay que prepararse bien, vi stand de sellos que estuvieron la mitad del viernes y después nunca más”, declara Diego.

Al dar un paseo por la Estación durante estos días, se ve que los espacios más grandes los ocupan tiendas de instrumentos como La Casa Amarilla, que muestran también tener más recursos y hacen un ruido incesante todo el día, mostrando sus productos, aunque hayan músicos tocando en los escenarios. “Buena onda que estén, pero es lo mismo desde que se abrió y es una lata, porque el contenido principalmente, lo aportan los sellos”, sugiere el director del antiguo sello Cazador.

“¿Te acuerdas que la revista Extravaganza! tenía que tener un montón de páginas de publicidad porque era la forma de financiarla? Bueno, ese es como el problema eterno de la industria en pañales y acá se perpetúa eso en cierta forma. No digo que Pulsar deba resolver esos problemas, porque tienen mucho que ver con los sellos y para dónde quieren apuntar ellos. Acá todavía hay una visión muy de colectivo. Es decir, somos entes independientes los unos de los otros, hay buena onda, pero ninguno (o pocos) quiere creer que su par es también su competencia, lo que está bien y es sano, genera un tensión, como si estuviéramos en la carrera espacial. Es muy bueno que haya competencia (sana) entre los sellos por destacar, porque eventualmente eso va a ir construyendo un piso para todos los que quieran participar. Va subiendo la vara y así es como, personalmente creo, se va construyendo industria”, declara Sepúlveda.

Al dar una vuelta por Pulsar algo queda claro y llama la atención: no hay multinacionales con presencia en la Estación Mapocho. Para explicar esto, pueden surgir dos respuestas: primero, que al ser multinacionales no necesitan de esta vitrina (aunque la verdad es que es una razón muy débil, si fuera por eso, en Filsa no estaría grupo Planeta, por ejemplo). El otro motivo, mucho más esclarecedor de la industria musical chilena actual, es que actualmente –salvo escasas excepciones- los artistas chilenos se auto editan o son fichados por sellos independientes.

Un botón de muestra es la página 68 de la revista Prensario Música & Video, en su edición de agosto. En la publicación se da cuenta de los próximos lanzamientos de multinacionales en Chile. Él único nombre local que figura es La Ley, quien “se prepara para lanzar un nuevo sencillo llamado Sin Ti, una versión del famoso Wicked Game, el tema fue presentado en exclusiva a través de Spotify”, reza el comunicado de prensa transformado en nota.

Si es posible ver que la música chilena se actualiza constantemente a través de publicación en sellos independientes ¿es una forma de contribuir al crecimiento que la única sociedad que agrupa derechos de músicos en Chile les cobre a ellos mismos por mostrar su trabajo? Sin músicos y sellos ¿la SCD podría hacer Pulsar? Por supuesto que no.

Los invitados

Joel Maripil (foto: scd.cl)

Así como otros años hubo países invitados, como México y España, este año la organización decidió hacer lo mismo pero con los Pueblos Originarios de Chile. “Este trabajo no hubiese sido posible sin la increíble colaboración del colectivo Chile Mágico”, declara Karen Espinosa.

El día jueves 21 de noviembre, en la inauguración de la feria, Fernando Milagros hizo una exquisita presentación junto a Joel Maripil y Manuel O’Brien. Sólo cantó la primera canción y luego se transformó en uno más del grupo, haciendo acompañamientos y dejando que el público presente conociera a los invitados de honor. Qué buen gesto, que no se repitió en los otros días de Pulsar: las presentaciones de los Pueblos Originarios que se hicieron en el escenario principal, estaban programadas en horarios de baja concurrencia, y sólo dos que se hicieron a las siete de la tarde del sábado y cuatro y media de la tarde del domingo, fueron en escenarios pequeños. Una programación escondida dentro de un mar de citas y convocatorias dentro de la Estación, no dejaron conocer realmente lo que los invitados tenían que ofrecer. Qué bueno hubiese sido poder ver a Joel Maripil en el escenario principal de la feria, mostrando a todos su repertorio mapuche.

Eso sí, la poca visibilidad de los invitados no es un tema sólo de la última edición. En los años anteriores también pasaron desapercibidos, a pesar de ser proyectos de primera factura. Es una incógnita saber si podrán volver Sr. Chinarro o Triángulo de Amor Bizarro a tocar en Chile. Los cercanos a la comitiva española durante esos días, creen que no. Se fueron confundidos.

Sin dudas, parece ser que Pulsar es la perfecta analogía de lo que sucede con la música chilena en estos tiempos: una sola institución recaudadora de derechos y dineros envuelve todo, música publicada a destajo por sellos independientes que no están a gusto completamente, pero participan; multinacionales ausentes, actores de la escena que se sienten disconformes con la situación actual pero que prefieren restarse de opinar “porque el medio es muy pequeño”, pueblos originarios que aún no encuentran el lugar que merecen y el público, un público que sólo  quiere ver y escuchar música.