Por si acaso se acaba el mundo: Raffaella Carrà es un nombre que no se termina

Suena la radio en la mañana, todos se fueron a trabajar ya. Por el parlante se escucha la voz de la cantante italiana y la recuerdas como aparecía en la televisión, brillando en un traje de dos piezas rojo, con plumas y escarcha, un elenco de bailarines dispuestos a dar la vida por ella. De repente no es Raffaella Carrà la que baila en el centro, eres tú. Le cantas al hombre que no valió la pena, te prometes a ti misma que te buscarás uno nuevo y te volverás a enamorar. El mundo desaparece en el escenario.

Es un poco extraño plantearlo así pero Raffaella Carrà siempre me pareció más que una persona, una comunidad. Detrás de esos fabulosos trajes de lentejuelas, esa estricta melena rubia, la sonrisa con los incisivos separados y tantas otras cosas que te hacían distinguirla entre la multitud. Incluso cuando era la sensación de la noche, la estrella del show, la mujer cargada por su staff de bailarines, incluso considerando todas esas cosas, siempre me pareció que Raffaella Carrà estaba sobre el escenario representando a alguien más que a ella misma.


Niña actriz, autoexiliada de Hollywood, bailarina, cantante, presentadora, animadora y personalidad omnipresente en Italia, España y toda Latinoamérica unida, que la recibió con brazos abiertos en sus escenarios y hasta la coronó reina indiscutida del que en su momento fue el festival más importante del continente. La artista era una fuerza de la naturaleza. Sus cercanos la describían como optimista y eternamente curiosa (y que este era el verdadero secreto de su eterna juventud). Sin embargo, quienes trabajaron con ella tenían algo más que agregar: siempre estaba de parte de los trabajadores.

Con todo el glamour que uno podría imaginar que una estrella de su altura podría tener, sigue siendo sorpresivo para algunos lo transparente que era con sus visiones políticas. Popular fue la entrevista de 1977 donde declaró: “Siempre voto comunista”. Hace un tiempo, la escritora y guionista Almudena Montero, quien trabajó en la misma cadena televisiva donde la cantante tenía su programa, publicó un hilo en twitter donde exponía a Carrà y a su excelente ética de trabajo. Carrà se contactó con Montero para agradecerle sus palabras y para recordarle que el voto comunista es más que un titular añejo, era “un modo de vida y una responsabilidad muy grande”.


En lo más alto de su carrera fue una precursora en exigir un sueldo equiparable con el de sus pares masculinos. Reconocida por sus vestuarios exuberantes y sus letras sobre la autonomía femenina, fue un pilar en la emancipación de la mujer que a través de sus presentaciones televisadas se permitió fantasear con placeres prohibidos por la vida y el sistema. Pese a que nunca entendió por qué era tan popular entre los homosexuales prometió respaldarlos y jugársela por ellos. “Mis canciones no hacían daño a nadie”, declaró el 2018 haciendo una retrospectiva de su carrera, “quitaban del medio muchos prejuicios de gente que no entendía que una vida es una vida cuando tienes libertad”

La escritora estadounidense Toni Morrison decía que “si eres libre, necesitas liberar a alguien más. Si tienes algo de poder, entonces tu trabajo es empoderar a alguien más”. Creo que ajustándonos a esta definición, Raffaella Carrà era la encarnación misma de la libertad. Y porque libertad es un concepto tan grande como ella misma, es que no me alcanzan las palabras para describirla. Podría usar clasificaciones modernas que no son más que palabras vacías de significado y lucha (hashtag girlboss hashtag yas queen) pero no estaría haciéndole justicia a su legado. Podría decir que ni siquiera la excesiva censura latinoamericana fue capaz de frenar la explosiva presencia de Carrà en las casas, en las calles, en la disco. Porque el mensaje llegaba de todas maneras. Pero no voy a perder el tiempo tratando de seguir definiéndola, es imposible. Y si algo aprendí de esa señora italiana es que el mundo se puede acabar (ya lo sabremos nosotros el 2021) y el tiempo se debe aprovechar.

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