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Un año sin MCA

Un año sin MCA


Hoy, 4 de mayo del 2013, se cumple un año de la muerte de Adam “MCA” Yauch. Un tercio de los Beastie Boys, una persona querida y respetada por representantes de todas las artes y músicos de todos los estilos. Pocas veces la pena por la partida de un compositor ha sido tan universal. En ese sentido, su deceso fue transversal: golpeó a todo el medio artístico por igual.

Aún recuerdo el momento inmediatamente después de enterarme de la noticia. La leí en internet, no recuerdo si fue por Twitter o Facebook, y sabía que había que informarla a través del sitio. Por defecto abrí un documento de Word para redactar la nota, como siempre. Pero la cotidianeidad del asunto llegó hasta ahí. El archivo estaba en blanco, y yo también.

No sabía qué decir. Por dónde empezar. No me hacía sentido, por razones confusas y (lo sé ahora, con el beneficio de la distancia) un poco ilógicas. Quizás la principal tiene que ver con la esencia misma de los Beastie Boys, que tenía mucho de buena vibra. Lejos de los escándalos, con décadas de carrera e incluso una canción sobre el derecho a enfiestarse, pero sin historias de noches de drogas o casquivanas. No crearon ninguna de esas mitologías superfluas que acumulan las leyendas, y eso no les restaba un ápice de credibilidad. Y por lo mismo, esa muerte súbita tan clásica y maldita en el rock parecía imposible para alguno de ellos. Se habían transformado en uno de esos grupos que esperas que sigan sacando discos cuando tus hijos tengan la edad que tú tienes ahora y, pese a los problemas de salud, su último álbum (“Hot Sauce Committee Part Two”, editado el 2011) había confirmado esa sensación.

Quizás por eso la noticia se sentía tan ridícula. Tan absurda. Hay músicos que se van de forma trágica y accidental y otros que lo hacen en su ley. Algunos que le hacen el quite a su día final mil veces y otros que tienen una partida anunciada. Y si, podría decirse que el cáncer, ese maldito cáncer fue un certificado de defunción anticipada, pero aún cuando el diágnostico era público (asi como su lucha contra el mismo), nadie hubiera apostado que Adam Yauch no iba a pasar de mayo del 2012. Nadie podría haber imaginado ese desenlace.

Creo que nunca me ha costado tanto escribir una noticia. Me demoré más de una hora en hacer tres párrafos. Meses después, en un recuento de fin de año para otro medio se me volvió a aparecer MCA y fue un encore de la misma reacción: casi 50 minutos en unas tres líneas. Ahora sé que lo que tardaba no era redactar. No era encontrar las palabras. Era hacerme la idea de que era real. De que había llegado el turno de alguien que ni siquiera debería haber estado en la lista de espera de La Parca. De que los Beastie Boys se habían terminado, de súbito y sin que tuviéramos la oportunidad de despedirnos de ellos ni expresarles nuestra admiración.

Ahora hay un parque en Brooklyn dedicado a su memoria. Su música va a sobrevivir hasta donde sea que la humanidad llegue, de eso no cabe duda. Su legado como creador, como director y como activista es intocable. Pero no importa que ya haya pasado un año: cada vez que leo algo relacionado con el tema, la sensación es la misma de la primera vez. Escribí la noticia el 4 de mayo del 2012. Escribo estas líneas el 4 de mayo del 2013. No era ni soy un fanático acérrimo, aunque mi respeto por su legado era, es y será siempre irrestricto.

Pero aún no puedo creer que MCA se haya ido. Y Danny McBride no es reemplazo suficiente.

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