Este viernes 4 de marzo, Adam Green debutará en Chile. El músico estadounidense, una de las mitades de The Moldy Peaches, llegará al escenario de Blondie con ocho discos de estudio bajo el brazo, varias exposiciones de sus pinturas y dibujos, una película estrenada –The Wrong Ferrari– y otra en post producción, Aladdin.

No es una sorpresa hablar por teléfono con Adam Green y después de cinco segundos pensar que es gracioso. Hasta un saludo puede transformarlo en algo para hacer reír. Parece ser que el músico tiene la capacidad de darle una vuelta a todo lo que lo rodea, a todo lo que dice y también a lo que habla. Es también lo que termina reconociendo.

Acostumbrado a utilizar diferentes plataformas para desarrollar proyectos artísticos, asalta la duda ¿qué vino primero? “La música es lo primero. Partí tocando cuando tenía ocho años, mi primer instrumento es la tuba.

-¿Conoces la tuba?, pregunta.

-Sí, ese viento gigante, respondo.

“Jajajaja sí, es muy grande. Bueno, ese fue mi primer instrumento, después a los doce empecé con la guitarra y después de eso comencé The Moldy Peaches con Kimya [Dawson], cuando tenía algo así como trece años, así que ya ha pasado un rato”, declara.

“Eso sí, creo que todo se mezcla. Al hacer una película, especialmente, en la manera en que las hago yo, veo una oportunidad de poner en el mismo lugar todas las formas en las que me gusta crear. Por ejemplo en Aladdin, todas las figuras de la película son esculturas de papel maché, con líneas muy gruesas y esto hace que se parezcan a mis dibujos, transformándose un poco en caricaturas de la vida real. Y para la música, bueno, puedo componer toda la música y hacer un disco, el soundtrack. Luego, también está la escritura. Fue muy divertido escribir esta película, me aproximé a ese guión de la misma forma en la que lo hago con letras de canciones. Lo veo como algo químico, en donde puedes combinar diferentes elementos para hacer arte. Y yo quería hacer películas con ese tipo de mensaje, mostrar la máxima combinación de todas las formas en las que me gusta crear”, explica.

Kid of the K-hole

En el 2011, Green lanzó su primera película, que fue escrita, dirigida y actuada por él. También fue grabada completamente con un iPhone. Y también fue concebida bajo los efectos de la ketamina.

“Siempre ha habido una parte de mí que ha disfrutado de hacer canciones bajo la influencia de diferentes drogas. Quizás la más obvia es la marihuana. Fumar marihuana y escribir canciones es una actividad interesante. Es gracioso, porque con drogas como la ketamina, creo que la mayoría de la gente ve difícil trabajar sus pensamientos. Esa es una de las razones por las que también usé el teléfono para grabar todo. Creo que desde que tengo un teléfono, empecé a pensar que vivía dentro de un videojuego y la idea de hacer The Wrong Ferrari vino desde ese sentimiento. Por eso la grabé así”.

“No creo que necesites drogas para hacer arte, pero la cuestión con el uso de ciertas sustancias es que te inducen en un estado meditativo, así que en ese sentido, cuando te encuentras así, puede llegar a ser una experiencia fascinante. Por otra parte, es genial aprender a aprovechar cada momento de foco o cuando aparece esa sensación de que te encuentras en otra dimensión. Creo que varias formas de mi arte intentan recrear el sentimiento de estar en otra dimensión. El trabajo de combinar ciertas palabras tiene que ver con eso. Me gusta evocar ese tipo de sentimientos, que estás siendo tocado. También pienso que como compositor tienes un poder. Puedes tirar un hechizo mágico a quienes te están escuchando y, en algún momento dentro del concierto, serán hipnotizados. En ese punto, ellos te están permitiendo entrar en sus almas, revolver las cosas ahí dentro y a lo mejor, crear una experiencia completa para alguien”.

Comparar los efectos de las drogas con los efectos de la música en vivo no es algo alejado de lo que muchos alguna vez han reflexionado. Pero Adam lo amplía y lo lleva también al cine o a la pintura. Cree que a través de la creación de nuevos mundos, como lo que hizo en Aladdin, también entrega hechizos y dimensiones desconocidas. “En ese sentido, pienso que articular este tipo de proyectos es como cuando en el antiguo Egipto enterraban a las personas con diferentes objetos que necesitarían en la otra vida. Eso siento que fue hacer la película. Hicimos 500 objetos diferentes, 30 habitaciones y cuando llegamos a grabar el primer día, teníamos un mundo nuevo listo para nosotros. También creo que con una película pude construir el mundo en el que existen mis canciones. Era una forma de mostrar qué pasa en mi cabeza cuando estoy escribiendo música”.

Canciones caricaturescas, irónicas, graciosas, que mezclan cultura pop con técnicas simples. Algo que lo llevó a ser el rey del antifolk junto a Kimya Dawson y luego, de manera solista. “Muchas de las cosas que aparecen en mis discos más viejos están presentes también en la película. Creo que ser un artista es hacer un museo de ti mismo. Hay muchos símbolos que puedes manipular y yo escogí pocos para hacer ese mundo. Me gusta la idea de hacer algo complicado y grande a partir de pequeños objetos. Creo que por eso me gusta tanto la música folk, porque sólo tocas con una guitarra acústica y puedes construir estas cosas complicadas. Es realmente un viaje existencial. Si escuchas a Leonard Cohen, sabes que te irás en una aventura, aunque sea sólo un tipo tocando una guitarra. Puedes escuchar Songs From a Room y tener una experiencia más loca que si escucharas el Sgt. Pepper’s de The Beatles”, decreta.

-Una vez escuché ‘Jessica’ en una radio, acá en Chile y fue gracioso. Pensé en que eso te haría gracia a ti.

-¿Mi canción Jessica o una de Jessica Simpson?

-No, tu canción.

-¿Una persona puso esa canción en una radio de Argentina, perdón, Chile? ¿En serio?

-Sí, hace como siete años quizás.

-Como nunca he ido a Chile y nunca me han invitado, no sabía que eso siquiera podría pasar. Oh, me encanta. Lo que pasa es que creo que cuando una canción suena en la radio, es extremadamente genial, porque de alguna forma te metes en la cultura de la gente. Siempre he participado de grupos y proyectos underground, así que es muy sorprendente pensar que personas en un lugar súper lejano del lugar en el que vivo, ponen una canción mía en la radio. De hecho, me gusta mucho cuando mis canciones están en comerciales y esas cosas, porque estás presente cuando la gente está haciendo el desayuno. Quizás soy vieja escuela, pero eso es romántico, de una forma rara.

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