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Daniel Melero: “Estoy en un lugar que inventé yo”

POTQ Magazine Publicado el 12 de Marzo de 2013 por

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Buenos Aires es otro. Las dificultades económicas, el cuestionamiento al gobierno actual y el caos del tráfico lo convierten a ratos en una ciudad hostil para el visitante, aunque siempre histórica y turística. Sin embargo, ya no es la capital donde todo es barato. Sólo los discos mantienen algo sus precios de hace seis años. El rock tampoco ocupa la tribuna de los ‘80 y ‘90, aunque algunos de sus exponentes sobrevivieron y el tiempo les dio la razón. Uno de ellos es Daniel Melero.

Por Jaime González Sanhueza

El productor argentino conversó en exclusiva con POTQ en Buenos Aires sobre su nuevo lanzamiento, “Cuadro”, su relación con nuestro país y el deseo de volver a grabar con Gustavo Cerati.

Buenos Aires es otro. Las dificultades económicas, el cuestionamiento al gobierno actual y el caos del tráfico lo convierten a ratos en una ciudad hostil para el visitante, aunque siempre histórica y turística. Sin embargo, ya no es la capital donde todo es barato. Sólo los discos mantienen algo sus precios de hace seis años. El rock tampoco ocupa la tribuna de los ‘80 y ‘90, aunque algunos de sus exponentes sobrevivieron y el tiempo les dio la razón. Uno de ellos es Daniel Melero.

Es mediodía y el transporte público avanza lento. A las 13:00 hrs., al frente de Plaza Francia, nos espera Melero. El mismo que de declararse el primer “no músico” se convirtió en uno de los artistas más originales de los últimos 20 años en Argentina. Pieza clave en la producción de discos emblemáticos de Soda Stereo como “Canción Animal” (1990) y “Dynamo” (1992), algunos incluso le ceden el trono del “cuarto Soda”. Si, los teclados del primer disco del trío (1984) también son de Melero.

“Yo quise ser músico cuando vi en vivo y escuché hablar a Litto Nebbia y Spinetta”, sentencia el fundador de la primera banda tecno de Argentina, Los Encargados. Cerati lo cita como un maestro de los conceptos. Cómo no, si en el disco “Operación Escuchar” (1991) solo se oye un teclado ambiente durante todo el álbum, algo que para la época era casi un suicido comercial. “Si hubiera una formula para ser innovador, ya no lo sería”, aclara.

La relación del autor del clásico de Soda Stereo ‘Trátame Suavemente’ y del recordado “Colores Santos” (1992, a dúo con Cerati) con Chile es cercana. Produjo en 1998 el debut de Canal Magdalena, “Teledirigido”, y el 2011 dio una charla en el Consejo de la Cultura y Las Artes de Valparaíso, además de un par de conciertos. Todo esto hace de su figura un mito, aunque a él no le agrade la palabra. “Me gustó mucho Solar, también Leo Quinteros. Siempre me trataron muy bien”, recuerda.

UN CUADRO SIN RETOQUES

Melero es puntual. Viste de jeans y gafas. Saluda amablemente, y opta por realizar la entrevista al aire libre. Pide una pizza y está dispuesto a charlar sobre su “trayectoria sinuosa”, como define su carrera, y explicarnos cómo se siente hoy, cuando el mundo parece haberle dado la razón. Sus discos, antes incomprendidos, se han convertido en clásicos de la cultura argentina, piezas innovadoras que dieron píe a artistas como Babasónicos o Leo García. Por estos días está presentando “Cuadro”, una caja que contiene la reedición de los discos “Cámara” (1991), “Rocío” (1996), “Piano” (1998) y “Tecno” (2000).

Hay un detalle llamativo en esta reedición: “no se remasterizó el sonido” ¿Crees que los discos actuales suenan mal?

Yo creo que lo interesante de un disco viejo que vuelve a salir es que contenga sus virtudes y sus errores intactos. Si no, sería como reescribir un libro, escribir encima. Los asumo con sus defectos y sus virtudes. Casualmente me sorprendió que suenen bastante bajitos, pero con mucha presencia y eso me parece importante. Además, que los discos suenen fuerte nunca fue una meta mía. Tanto “Rocío” como “Piano” son discos donde la música llega casi a desaparecer, es una fibra y si eso yo lo agrando, deja de serlo.

Has dicho en algunas entrevistas que si la música no se nutre de otras cosas, como el cine o la ciencia, carece de genes. Como una especie de “mongolismo”.

Si, yo creo que eso es más patrimonio de los discos de rock, tienen una necesidad de sumar factores extramusicales. En realidad, uno pone todo lo que le interesa en los discos sin darse cuenta. Para mí, la física cuántica y la genética son temas de los que leo constantemente, así como leo sobre los insectos. Yo no hago las cosas “porque”; primero las hago, después encuentro las tácticas y estrategias para exponerlas. El primer enfoque es el de lo inevitable.

Tus discos son muy diferentes entre si. En los ‘80 partiste con la máquina de ritmos. ¿Cómo abordas hoy la composición desde las máquinas o las guitarras?

Compongo con mis músicos. Incluso el nuevo disco ya está muy avanzado. Es curioso, estoy presentando estos y ya tengo otro que hicimos directamente en el estudio, sin nada, sin mapa. Fue un enorme desafío, porque ir a un estudio grande a grabar desde ya tiene un costo que no se justifica hoy en la industria de la música.

¿Te sientes parte del rock argentino? ¿Qué lugar crees ocupas en él?

Estoy en un lugar que inventé yo. Y sí, me siento muy integrado al rock, sobre todo al de los ‘70, algunos momentos de Los Gatos, de Luís Alberto Spinetta. Me siento más cercano a eso que a la modernidad, no por los sonidos, sino por dónde se generaba la música, su consecuencia. También hay grupos actuales a los cuales suscribo.

¿Te sientes valorado en Chile?

Soy conciente de ello, recibo siempre un trato muy hermoso, cálido y quiero volver a tocar allá, pero no sé si estemos prontos a ir. La pasé muy bien en Chile.

UN “COLORES SANTOS 2”

Cuando trabajaste con Soda Stereo, ¿cómo veías la escena mainstream argentina desde tu lugar, alejado de todo eso?

Para mi era divertido. Sin embargo, me parecía un tipo de trabajo poco nutriente. Los recitales masivos a mi no me gustan como público, creo que son los conciertos más fáciles de dar. A 60 metros nadie sabe si estás mintiendo. Un show de Valería Lynch y unos de Divididos a cierta distancia, si te tapas los oídos, significan lo mismo visualmente y eso me parece muy poco atractivo.

Desde tu visión, ¿crees que Cerati influenció al rock chileno?

Sí, y acá también. Estamos hablando de un ídolo inmenso, que es influencia para mucha gente. Te puedo decir que lo tuve adelante mucho tiempo y vi a alguien no solo con un gran dominio vocal, sino de su guitarra y de todo.

Sobre tu relación íntima con Cerati, en YouTube hay un documental de cómo se hizo “Colores Santos”. ¿Existió alguna vez la idea de hacer otro disco juntos?

Podría haber ocurrido, otro disco juntos. Todavía puede ocurrir.

Pero ustedes se habían distanciado…

Si, pero eso tiene que ver con formas de vida. Muchas veces somos como un árbol: las ramas se van divergiendo, pero finalmente hojas de unas de las vertientes se vuelven a encontrar contra las de la otra rama. Al principio todo parece fácil, porque todo es un tronco. Con el tiempo nos fuimos reencontrando más, vimos ese documental de “Colores Santos” juntos en casa, hablábamos por teléfono con frecuencia. La última vez, justamente, tres días antes del episodio en Venezuela.

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