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Fede Julen: “Muchas veces el personaje que me celebran, de chico triste y solitario, se vuelve un arma de doble filo”

Bárbara Carvacho Publicado el 17 de Noviembre de 2017 por

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JP, Marcelo, Agustina y Fede ya vienen en camino. Durante una semana, los oriundos de Uruguay llegan a Chile para entregarnos un poco de ese arte cálido que compone su único disco de registro homónimo, que por estos días ya está cumpliendo tres años exhibido en sociedad.

El 24 de noviembre del 2014, el Bandcamp de los músicos recibió el primer largo, uno que llegó tras años de soledad compositora de Fede Julen, quien hizo más de 200 canciones pensando en la plaza y algunas chicas. La llegada de los músicos fue inminente, y cuando la batería y la cuerdas se unieron, empezó el recorrido que por estos días vamos a poder ver consolidados tanto en Santiago como en Valparaíso y Viña del Mar.

“Ahora trato de abarcar cada vez menos espacio y dejar más lugar a los demás en la creación”, parte Fede respondiéndonos una conversación pre-viaje. “Lo vuelve más dinámico y divertido, un juego en equipo podría decirse”, la nueva versión de su talento que por fin encontró acople.

Ya van tres años, y a su ritmo ya están pensando en lo que viene: “El nuevo disco es uno más complejo, es de banda. Yo sigo aportando el cien por ciento de las letras pero las rítmicas y muchas de las estructuras que yo llevé como esqueleto, fueron tomando forma con todos tocando a la vez e interviniendo de igual forma”. El disco ya tiene molde, está grabado y se encuentra en manos de Fede Dopazo, de Tobogán Andalúz, a quien apuntan como un integrante más de la banda, el encargado de darle su impronta al sonido y de agregar los secretos del arreglo.

Durante Julen y la gente sola escuchamos cómo Fede nos abrió una realidad íntima y profunda, “cincuenta por ciento biográfica y cincuenta por ciento ficticia”. Escuchamos historias esperanzadoras y unas bastante más tristes: el melodrama y el romance funcionan como pilar de estructura compositiva. “El nuevo disco, tanto en letras como en la creación, tienen algo más de espíritu de pandilla, de comunidad, se fueron sumando muchos amigos en el camino y este disco es el reflejo de eso”, seguramente lo es, ya no es Fede solito en su habitación, ahora es él, gente sola, con muchas otras gentes solas.

Nos promete que, en el venidero álbum, la música y su estructura va a terminar de completar el relato de esas letras que ya bien cantadas han sido y que llegarán al Festival Sideral en Rojas Magallanes y al Café Journal del puerto. No debe ser cualquier cosa pasar del encierro y la comodidad del cuarto a la exposición de banda, al bar, al clan. “Compartir un espacio tan cercano e íntimo como lo es la banda me ayudó bastante a sentirme más cómodo para escribir de forma más frontal y sin tantas vueltas, sin dudas, también en las presentaciones en vivo me siento mucho más cómodo compartiendo con el público la experiencia del toque”.

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La experiencia en vivo y el sumar amigos tiene su parte bonita, como desarrollar confianza creativa, como partes más peligrosas, como la imagen que se proyecta. “Me estoy dando cuenta que muchas veces el personaje que me celebran de chico triste y solitario que canta al desamor, se vuelve un arma de doble filo. A veces el personaje te gana y perdés perspectiva pudiendo lastimar a las personas que te quieren. A veces terminas mal una relación, sos irresponsable con los sentimientos de las personas, pero cómo a partir de eso haces una canción de desamor bonita, muchas veces para justificar tus propias faltas, no te das cuenta de que estás actuando mal y que eso -de una forma más solapada y difícil de advertir- también es violencia”, no es un tema fácil y la respuesta viene con ejemplos cercanos a él de músicos que han vulnerado y faltado el respeto a otras que confiaron en sus personajes. “Creo que es realmente importante revisar en qué falla cada uno y partir de ahí para arreglarlo, estamos a tiempo de cambiar las cosas y enfrentarnos a nosotros para que nuestras comunidades se vuelvan mejores lugares para las chicas”.

En Uruguay “pasan cosas como en todos los barrios y escenas. Hace poco surgió un caso de abuso pero siento que no logramos encararlo del todo bien, no estábamos preparados para enfrentar un tema así pese a que es algo que está pasando en todos lados, todo el tiempo”, pero se pusieron alerta y en el camino de las decisiones, al menos.

“Creo que lo bueno de todo esto es que sirve para visibilizar cierta clase de abusos que estaban bastante normalizados por chicos y chicas hasta este momento, es un punto de quiebre que nos pone a los chicos en un lugar incómodo pero necesario de autocrítica y desconstrucción de un montón de comportamientos que están en nuestra naturaleza, se vuelve una lucha contra nosotros mismos”.

En periodos confusos, momentos amargos, personajes peligrosos, queda algo de esperanza. Ya han dicho los chicos que son cazadores de lo bello, y Julen se refugia en esos momentos bonitos que tiene con la gente que quiere y que lo quiere, aún cuando se le esté haciendo complicado. “Qué droga más extraña es la tecnología. A mí cada vez me cuesta más, me encuentro cada vez más distraído y siento que disminuye mi capacidad de atención, me genera bastante ansiedad también pero, al mismo tiempo, me cuesta aminorar su uso, me fastidia”, asegura sobre los vínculos afectivos que quiere rescatar pero que no termina de asimilar con tanta máquina de por medio.

“Soy un poco idealista, todas las situaciones horribles que pasan día a día me ponen los pelos de punta y, a la vez, me van desgastando de a poco. Parece una estrategia terrible del lado oscuro: bombardearnos todo el tiempo con cosas malas que al final terminan por hacer que te rindas un poco y pienses ‘que se vayan a cagar, voy a intentar cuidar a los míos y ta’ y a veces ni siquiera puedo hacer eso del todo bien” cuenta acomplejado. Seguro te ha pasado, como seguramente le pasó a Sofía, esa chica que aparece una y otra vez a lo largo del relato de Julen y la gente sola. Melancolía, libros que no se van a leer, amigos que se van y cómo todo se termina, eventualmente.

“Ojalá Sofía haya encontrado un lugar tranquilo, lejos de todo, con tiempo y espacio para resolver los traumas que se generó para enfrentar al mundo. Ojalá se haya vuelto alguien un poco mejor”, remata sobre ese constructo que tomó vida durante el 2013 y que los acompaña cual fantasma en sus tocatas. Seguramente el espíritu de Sofía va a estar en Rojas, en Valpo, en Onaciu, y nosotros vamos a cantar cómo el viaje de vuelta es mucho más corto que el de ida. Cómo nos vamos pero no encontramos la hora de volver.

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