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Javiera Mena: “a veces digo ‘tía’, pero tampoco soy Zamorano”

Javiera Tapia Publicado el 8 de Mayo de 2018 por

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Conversamos con Javiera Mena justo después de la salida de Espejo, su quinto disco y el primero al alero de un sello multinacional. También hablamos sobre producción, “la verdad”, vivir en veranos y más.

Es jueves 26 de abril y las luces de la sala central de NAVE se apagan. En el escenario, una banda mixta. De pronto se escucha un zumbido grave y se abre una compuerta. Lentamente aparecen luces y una silueta. Es Javiera Mena y nos presenta así -a periodistas, familia y amigos- su nuevo disco, con el pecho lleno de espejos.

De pronto se encienden las luces y vemos que Nati de Amanitas está en el público y no en la batería. En cambio, ahí se encuentra Lego Moustache (Astro, Volta). Su banda en vivo cambió. ¿Por qué? Javiera responde. “Fue circunstancial la verdad. Yo necesitaba multinstrumentista y la Manu (también guitarrista en Amanitas) estaba más enfocada solo en las cuerdas. Yo con Valentín tocaba hace tiempo y al momento de pensar en alguien que hiciera eso, dije ‘obvio, Valentín’, y dije, ya bueno ya, si es hombre, da igual. Y con el Nico, que es el Lego, todo partió porque él es más que baterista, también esta cumpliendo el rol de director musical. Me di cuenta que con las promos no iba a tener el tiempo suficiente para armar todo el show, entonces, el me está ayudando a armar todo y me saque esa concepción un poco de solo mujeres arriba del escenario”.

“Creo que esa fue una etapa súper buena. Hubo un momento muy importante, el Festival de Viña. Me hubiese gustado haber seguido trabajando así, pero se dio que en este momento fueron ellos, hombres que encuentro excelentes personas”, explica, mientras conversamos en una oficina de Sony en Santiago, días después de esa cita, en la que se celebraba la salida de su nuevo trabajo.

—Ese día de la presentación de Espejo, en NAVE, Lego hizo unos arreglos en la batería con los que quebraba la velocidad de la canción. Fue diferente, pero sonó bacán.

“Sí, hace unos arreglos medios dubstep y yo me río… como que sale otro lado y es bacán eso, no cerrarse tanto y soltar. Yo a veces digo como ‘nooo, tiene que ser igual’ y eso de darle una nueva lectura me parece divertido, jugar un poco, no tomarse tan en serio el show en vivo. Cada uno puede aportar cosas y es bacán que se vayan para otros lados, es divertido, ellos están con más ganas y me termina gustando todo. Ese primer momento de ‘ohh le están metiendo una onda media hip hop aquí’. Yo los hueveo, que es como un lado más zorrón, ja, ja, ja”.

—Muy hétero, ja, ja, ja.

“Ja, ja, ja, ja, sí, es bacán, porque son prejuicios que uno tiene y al final funciona, ja, ja, ja”.

—Las composiciones, letras y producción principal siempre son tuyas, pero en este trabajo igual decidiste trabajar con amigos. Por ejemplo, con Alizzz que también produjo a Dellafuente y a C. Tangana con Pional. ¿Qué crees que esto le aporta a tu trabajo?

“Al Alizzz me acerqué porque -aunque me gusta mucho lo que hace a nivel urbano- yo buscaba de él el lado más electro. A él le encanta el house y tiene un EP que es muy de esa onda, onda future pop. Cuando me acerqué yo quería explotar ese lado de él, que lo tenía un poco abandonado por dedicar tiempo a trabajar en estas super producciones de millones de reproducciones. Entonces, para él también fue bueno que yo me acercara, fue como algo muy fresco para trabajar, porque estaba muy metido en lo urbano. Se dio todo super rápido, todo fue por un tubo. Tenemos las mismas influencias, a los dos nos encanta el sonido de Sophie, el house, entonces, fue mas que nada por ese lado y muy bien. Más allá de que él sea el super productor de moda en España ahora, no fue por eso que lo busqué, es porque el hueón es muy bueno, es demasiado bueno. Es un genio, la verdad y se puede adaptar a muchas cosas. Y le tiene un cariño especial al electro, que no es lo que está full de moda ahora y a él le gusta trabajarlo, porque se creó una empatía muy buena”.

—La otra vez, cuando lanzaste ’Dentro de ti’ y te entrevisté en la radio, hablamos de bajar las revoluciones y te comentaba que me daba la sensación de que estabas también jugando harto con el silencio. Escuchando el disco completo, lo confirmo ¿cómo te acercaste a eso? Este disco es una combinación entre sonidos muy Mena, como los sintes y otros que son de pop muy actual. Es un disco muy de su contexto.

“Sí, yo creo que esa cosa mía, del romanticismo de los análogos o de los vst que se parezcan a los análogos está ahí, pero también esas cosas mas modernas tienen que ver con Alizzz, con dejarme llevar por sus opiniones, porque a mí me cuesta un poco salirme de esta cosa media retro y creo que con él y con El Guincho solté. Tenía ganas de hacer algo diferente y eso también me llevó a proponer cosas más vacías, tenía ganas de vaciar, de usar el silencio, que es algo que también se está desarrollando. Los otros discos están llenos de capas, capaz uno no se da cuenta, pero hay muuuuuchas capas y sí, es un disco más vacío. Se dio así por las ganas que yo tenía y también por los productores con los que trabajé”.

Por estos días, además de hacer promoción de su disco Espejo, Javiera se embarcará nuevamente hacia Europa, para realizar una serie de fechas en festivales de verano, aunque primero pasará por Brasil el 12 de mayo. Luego la ruta será llegar a España, para tocar en el Festival Tomavistas de Madrid, el 25. Un día después en Hirian By BBK Live de Bilbao y el 30 en Primavera Sound en Barcelona. En junio esto sigue, con una presentación el 2, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla, 7 de junio en Londres, 8 en Berlín y el 9 en París. Finalmente, el 28 de julio vuelve al festival Low de Benidorm (España).

—Siempre te mueves entre España y Chile. Vives en verano. Lo lograste.

“Ja, ja, ja, sí, pero igual ahora quiero invierno. Me gustaría vivir un año entero, pero igual me gusta el verano. Es que me viene como una culpa. La maldita culpa, me voy, se quedan todos en invierno y me da pena. Los veo acá, con frío y me da pena, ja, ja, ja, no lo puedo disfrutar”.

—Llevas varios años haciendo eso. Tienes fuerte relación con ese país. Dividir tu vida con dos culturas distintas ¿en qué te influye? ¿Se te han pegado algunas cosas?

“Bueno, sí, mi pareja es española también. Algunas cosas se me pegan al hablar, a veces digo ‘tía’ y cuando estoy allá más, pero tampoco soy Zamorano. He visto chilenos que llevan como seis meses y hablan como españoles, ja, ja, ja. Se me han pegado cosas, como ser más puntual, son mas puntales que nosotros y también ser más sociable. Hay una cosa que me encanta de España y es que se pueden poner a hablar con cualquier persona y van a sacar un tema. Nosotros somos más para adentro. Quizás eso he aprendido de ellos y me encanta, esa capacidad que tienen para armar conversaciones livianas, pero que dicen algo y también eso de salir más, estar en la calle. Aunque me cuesta, pero eso también es bacán. Quizás acá no hay tantas instancias para estar en la calle, pero cuando estai allá, eso de salir a tomar una cervecita, un ratito y listo, te entrai. Esa cosa más de salir y ver a gente, que nosotros no tenemos para nada. Yo creo que es el único país del mundo con eso del barcito abajo de la casa y todos tienen su bar, es bacán”.

—Llevas casi veinte años de carrera y tu trabajo desde Primeras Composiciones 2000-2003 hasta Espejo ha cambiado mucho. Uno lo piensa y veinte años son muchos, tienes cinco discos, pero también explotas mucho la vida de cada uno de ellos, te tomas tu tiempo. ¿Cómo te enfrentas a estos cambios? A veces a los artistas se les exige que no cambien tanto.

“Sí, igual ahora lo he estado pensando. Ahora que saqué el disco, me estoy topando con lo que dicen los demás, porque me interesa, leo, no todo, pero me importa, pregunto también. Y en general, no solo a los artistas, creo que al ser humano se le exige no cambiar mucho. Me ha pasado con este disco, con las expectativas de la gente. Por ejemplo algunos esperaban algo más arriba, algo como el Otra Era, a los que no les gustaba el Otra Era este sí les gusta porque es mas tranqui. Entonces, no es fácil toparse con las opiniones, porque uno está super expuesto y cuando sacai un disco, me imagino la imagen de un corazón al aire libre, que está ahí recibiendo todo lo que te llega igual, porque hiciste una obra super íntima y sale, pero también hay que aprender a decir “ya, las opiniones son opiniones, son muy subjetivas e incluso las críticas, a pesar de que existe la crítica musical, son eso, no más. Yo con el Otra Era tuve buenas y malas, con este disco va a pasar lo mismo, pero es eso, aprenderlo, mirar el momento y acordarme de cómo yo hice ese disco, que lo hice con mucho trabajo, con muchas ganas de mostrar algo íntimo y no dejarse llevar tanto por las opiniones, que es super difícil”.

—Bueno, a medida que te haces más masiva, también hay más expectativas puestas encima.

“Claro, porque tenís más gente esperando. Es difícil, pero en el sentido de que te provocan sensaciones. Por eso hay que tener algo que te hago volver a esa confianza siempre, más allá de las opiniones”.

—Has sido independiente prácticamente toda tu carrera ¿Qué te hizo decidir trabajar con Sony Music? ¿Qué crees que te aporta?

“Muchas cosas. Estuve al principio un poquito en Quemasucabeza, pero nunca he estado en un sello discográfico. Pasar de esta estructura independiente que se llamaba Meni pero que era solo un nombre, a un sello que se preocupe de que tu disco esté en las disquerías, que tengan estructuras armadas año por año, que te puedan contactar con gente de Sony de otros países, esta cosa transnacional, me atrajo. Además hicimos un buen trato y creo que sentí mucho entusiasmo de su parte, mucho entusiasmo por mi carrera tal cual era, entonces, eso me hizo enganchar. Encontré que era un buen momento para hacerlo, para probar otras fórmulas”.

—Hasta hace poco, el trabajo de las multinacionales en Chile se limitaba a reeditar catálogo antiguo y mover a artistas extranjeros en la región. ¿Por qué crees que ahora volvió el interés por firmar artistas locales? Eso no pasaba desde hace veinte años o más, quitando excepciones, como Los Bunkers que luego prolongaron su carrera en México.

“Cuando empecé a hacer música había una especie de posguerra en los sellos, esto de la piratería e internet… y la cosa se fue armando. Creo que ahora ya agarraron todo lo digital, se reestructuraron y eso hizo que en Chile, que es un territorio chiquitito, ya la cosa haya vuelto a tener movimiento. Yo creo que se debe básicamente a eso, los sellos están super encima del streaming y también, creo que todos los sellos lo entendieron, los que son como Sony Music y los más pequeños, creo que todos estamos arriba. Pero también lo bueno es que hay gente que no está en sellos y puede hacer un camino potente, no es la única alternativa, entonces, está buena la competencia que hay”.

“Cuando lo hemos hablado con Sony, nos dicen que han aprendido mucho de nosotros, porque nosotros sabemos cómo se hacen las cosas. Creo que es un buen momento para que esto suceda, hay muchas cosas pasando y es una buena alianza la que se puede hacer. En México los artistas son grandes porque están los sellos detrás”.

—En México igual esa crisis no fue tan fuerte, porque es muy grande. Es una industria real y robusta, además es la entrada de lo latino a Estados Unidos.

“Sí, es por eso, es un mercado grande y nosotros somos chiquititos, entonces, si pasa algo a este nivel, somos los primeros en caer. Pero acá el territorio es Argentina, Chile y Uruguay, entonces, yo por ejemplo voy a hacer promo allá. Sería súper bueno que en esta estructura también hubiesen otros artistas chilenos, yo no sé si estarán firmando otra gente, pero sé que hay interés y que quieren mover más cosas”.

—Hay un concepto que se empezó a meter de lleno en tus canciones desde Mena y en Otra Era también apareció. El concepto de ‘verdad’.

“Sí, es como hablar de la pulenta ja, ja. Me encanta ese tema. Es como un poco el tema de, no me gusta llamarlo así, le pusieron dios, pero es esta cosa que está debajo de todo, que no sabemos qué es, seas ateo o no hay una fuerza por debajo y me gusta tratarlo en las canciones. Tampoco cayendo en el misticismo tan new age, aunque igual caigo, de hecho mis amigos me dicen que es un disco new age, ja, ja, ja. Pero por ejemplo, ayer veía la historia de la vida de Emily Brontë y todas sus poesías son muy de la verdad, de esto que está detrás de las palabras, de nosotros y que nos da vida, alegría. Es super difícil hablar de esto, porque las palabras al tiro lo manosean, siento eso, que se manosea feo. Pero me gusta ese tema, creo que no se habla mucho en general tampoco y me gusta conectar con eso. Es muy de eso este disco, del espejo, de verte a ti mismo hacia adentro, tiene poquitas palabras. Es un disco sin mucha letra y entonces, la música es la verdad. La música no necesita palabras para llegar y hacerte llorar, como una sinfonía. Va por ahí la cosa, por lo que está dentro de nosotros que se comunica con todos los demás, y eso es la verdad”.

—‘Escalera’ tiene muy poca letra, es casi instrumental y suena como un loop. A ratos es como un mantra.

“Sí, fue una experimentación y creo que cada vez me voy a ir mas a eso, me gusta mucho más música y quizás menos letra, porque la música dice mucho. También quería probar otras cosas y quería meter una canción mas instrumental en el disco, para ver qué pasaba, irnos por el lado más dance, y hablar de la escalera al infinito, que también es una cosa bien de la verdad. Esta canción está inspirada en un cuadro de William Blake que se llama Escalera de Jacob y también en las escaleras de Escher. Esos dos cuadros me inspiraron un montón para hacer esto, esa cosa como sin fin, que puede ser super místico. Las notitas también son muy circulares que suben y bajan”.

—Y, ¿en qué te inspiraste para escribir ‘Todas Aquí’?

“Siento que es una canción en contra de la arrogancia. Estamos todos en lo mismo. Yo al principio la iba a tirar hacia eso, más para tildar a alguien de arrogante, que no se daba cuenta que onda ‘estamos todos en lo mismo, déjate de hueviar’, una cosa así. Entonces, es un poco eso, pero también me gusta decir todas, porque se convierte en algo súper femenino y es una canción que puede disfrutar cualquiera, pero no dice todos, no dice todes, dice todas. Al final queda como algo súper de mujeres. Creo que termina siendo algo súper de nosotras. Sobre el dolor que llevamos las mujeres encima”.

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