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Javiera Mena: “La fascinación por las cosas es parte de la esencia del pop”

Javiera Mena: “La fascinación por las cosas es parte de la esencia del pop”

Es una tarde de sol en un café de barrio frente a una plaza. Los niños en bicicleta se preocupan de seguir su camino por la sombra. Lo mismo hacen algunas mujeres con sus coches y los respectivos bebés que contienen. El poco viento que hay no ayuda mucho, sólo logra hacer que las copas de los árboles someramente vacilen, como si bailaran un lento. Lo mejor es el sonido. Casi no hay autos.

Javiera llega apurada, pero serena. “¿Llegaste hace mucho rato?”, pregunta. “Lo suficiente como para disfrutarlo”, me respondo en silencio. Mientras esperamos un expreso y un té helado, conversamos acerca de las voces y composiciones femeninas que han influenciado su trabajo. “Jeanette es bastante importante para mí en realidad, en cuanto a la interpretación, está en esa voz suave que trabajé en “Esquemas Juveniles”. Y Manuel Alejandro también (el compositor de sus discos “Palabras, Promesas”, “Por Qué Te Vas” y “Corazón de Poeta”). Me encantan las voces de mujeres así, como la Françoise Hardy, bien delicadas, hipnóticas y femeninas. Esos sonidos vaporosos”, declara. “En cuanto a la composición y los arreglos, veo como referencia a la Carole King, que me gusta mucho, la Diana Ross también”, remata.

“Igual tuve mi época media riot grrrl”, confiesa. Mientras sopla su café, hablamos de aquel insigne movimiento musical feminista de los noventa, que vio la luz en la International Underground Pop Convention, realizada en Washington en el año 1991. Fue una instancia para dar a conocer el pensamiento y la creación perteneciente a las mujeres dentro de un mundo históricamente masculino, como el rock y el punk. “Escuchaba The Breeders y Bikini Kill, porque tenía una compañera en el colegio que era más punk y me mostraba esas cosas. Aunque mi banda favorita era Le Tigre porque eran más poperas”.

Señalada por diversas esferas como una de las artistas más destacadas de la escena independiente criolla, Javiera Mena lleva casi una década avocada a crear canciones. Su camino ha sido asfaltado -hasta el momento- por dos discos: “Esquemas Juveniles”  2006) y “Mena” (2010); un proyecto, Prissa (ex Tele-Visa), en conjunto con Francisca Villela y un incesante puñado de colaboraciones con diversos artistas, como el argentino Lucas Martí, los mexicanos electrónicos de Nortec Collective y los nacionales Jorge González y Gepe, entre otros. Con 27 años, que su semblante no delata, la autora se consagra al mismo tiempo que reivindica al vilipendiado y majestuoso pop.

Las diferencias entre sus dos álbumes son evidentes, a pesar de mantener un sello inconfundible. “No quería caer en lo mismo. Yo venía de componer temas con más piano y no quería repetir la fórmula. Todo era hecho de una manera más inconsciente. Puedo explicarlo ahora porque lo veo desde lejos. Estaba escuchando mucho dance, música de los ochenta, el “Thriller” de Michael Jackson, Pet Shop Boys, y quería hacer algo más de pista de baile. Que escucharas la canción y te dieran ganas de pararte a bailar. Así como con el bombo fuerte”, relata. “Además, mis amigos que son DJs, como Diego Morales y alguna gente del Sello Cómeme me inspiraron también. Me encanta ir a fiestas, cuando era más chica me mamé todas las raves y quise reflejar eso en mis canciones, que no son obras largas de ocho minutos como la electrónica tradicional”.

Javiera es de esas artistas que hacen que uno se pregunte: “¿en qué habrá estado pensando cuando escribió esto?” o “¿cómo se le ocurrió poner ese sonido acá?”. Porque aunque su último disco goza de ritmos que remachan la fórmula, e invitan al movimiento, la búsqueda de nuevos aires por parte de la compositora se hace cada vez más patente. “Cuando uno trabaja en el área musical, valoras mucho el silencio, porque estás escuchando cosas todo el día. Entonces, las bandas o cantantes que escucho, siempre son muy preciados”. Por estos días, sus audífonos emanan The Radio Dept. “Me bajé la discografía, así que no sé de qué disco es qué cosa. ‘Every Time’ es como mi himno”, declara al mismo tiempo que suelta una risa. “Esa banda me llegó directo al corazón. Es como enamorarse. La agarré y la atesoré mucho. Yo creo que los nórdicos y los chilenos la llevan”, añade riendo de nuevo.

Y si de pop se trata, Madonna es parte de su lista de reproducción constante, al igual que Camilo Sesto y la banda británico-americana Fleetwood Mac. “También el “Aphrodite”, el último de Kylie Minogue, me encantó. ‘Get Out Of My Way’ fue mi canción del verano, de hecho, me di una sobredosis, así que no creo que la pueda volver a escuchar en mucho tiempo. “Música, Gramática, Gimnasia” de Dënver también me lo hice chupete”.

Mena conoce de escenarios. Se ha presentado frente a distintos volúmenes de personas durante toda su carrera, desde bares hasta festivales, como el Primavera Sound del 2010, realizado en Barcelona, el mexicano Vive Latino en su versión del 2008 y Lollapalooza Chile, el fin de semana recién pasado. Este año, el camino sigue igual de movido. “Estoy focalizando mis energías para el viaje que pienso hacer a México y Europa. Voy a estar como tres meses afuera y hace rato que quiero hacerlo. Ya tengo armada una estructura para funcionar allá. Ahora estoy trabajando harto a distancia, respondiendo entrevistas por internet. La idea es llegar, ensayar con una banda de músicos españoles y empezar a tocar en los festivales”, cuenta.

Sus presentaciones siempre se componen de diferentes emociones, ritmos y distancias entre ella y lo que pasa en el auditorio. En un momento, la audiencia puede estar de pie bailando con sus canciones, y al segundo pueden ser súbitamente arrastrados hacia el silencio y el sobrecogimiento. “Me encanta hacer el acústico sola, es como invitar a la gente a mi pieza, es súper íntimo. Creo que se produce algo solemne entre el público y yo, lo que me gusta un montón”, revela. En cuanto a la fórmula en directo de las canciones del disco “Mena”, piensa estar bien encaminada. “Es difícil llevar un disco con tanto detalle a un show. Funciona y me gusta, pero todavía no encuentro esa cosa ceremoniosa. La idea es entregar algo especial, que sea distinto. Siempre estoy cuestionándomelo”, asegura.

CON LA DIRECCIÓN DE MI GENERACIÓN

Desde hace un par de meses, ponderables miradas extranjeras vienen encendiendo el foco de atención sobre ciertos artistas nacionales. Curiosamente, no fue en aquellos que aún firman con grandes sellos y forman parte de la parrilla programática de las radios más populares. Por el contrario, el interés cayó sobre aquellos músicos que se pasean por la vereda más independiente. Y a pesar del factor novedad, es evidente que se trata de un trabajo que acá en Chile lleva largo rato. Exponentes como Perrosky o Cómo Asesinar a Felipes -por nombrar sólo algunos- vienen entregando excelentes materiales desde hace un buen tiempo. Aun así, es innegable que el año pasado fue distinto. Fue el año de la reivindicación del pop chileno, de la mano de la triada Gepe, Dënver y Javiera Mena.

“Yo creo que en parte esto pasó por internet. Siempre han habido cosas buenas. Con respecto a lo que se ha dicho desde España, creo que la Anita Tijoux, Dënver y el Gepe vienen a mostrar un nuevo sabor. El lugar en el que vivimos y las cosas que nos pasan influyen en esa atracción. Chile es un país súper desconocido afuera y creo que esa novedad llama la atención. Hay una cosa fresca que se está viendo desde allá”, asegura la cantante.

¿Por qué sucede esto ahora y no hace veinte años atrás? Motivos sobran. Desde el contexto social y político, hasta la actual mutación de la industria musical y sus mecanismos de difusión. En la década del noventa, cuando una banda firmaba con una multinacional, tenía la oportunidad de desentenderse de algunos eslabones de la cadena productiva de un álbum. Actualmente, y como consecuencia de la crisis del formato disco (a manos de las nuevas tecnologías), los artistas han optado por producir desde sus propias casas y difundir su trabajo a través de la red. Esta conversión claramente polariza la forma de enfrentar y acceder al producto musical, remolcando un sinfín de consecuencias.

Por su parte, Javiera cree que “en los noventa, la fórmula iba más por copiar un patrón de la música anglo sin buscar nada adentro. Era algo más vacío quizás, a pesar de que me encanta el “Doble Opuesto” de La Ley; pero el fraseo, por ejemplo, no buscaba algo propio, era emular algo foráneo. Ahora hay un sabor más local. Yo me crié escuchando hartos artistas extranjeros porque era lo que más sonaba en la radio. Creo que la generación actual está compuesta de gente que escuchó muchas cosas. Son súper melómanos. Eso lo veo cuando hablo con la Fakuta por ejemplo, que conoce mucha música. Con otras generaciones eso no pasa”, asegura.

Nos trasladamos a los noventa y nos quedamos ahí. Esa época en la que el grunge se comió al hemisferio norte, y que vio nacer en Chile a bandas tan emblemáticas como Congelador, Supersordo o Jirafa Ardiendo. “En ese tiempo la clase media empezó a tener acceso a cosas como un computador. Eso es súper trascendental. Yo, sin un computador, jamás hubiese empezado a hacer música. Cuando lo tuve, me encerraba en la pieza a bajar los programas y aprender”. Es la misma senda que ha seguido una gran parte de los nóveles músicos chilenos.

Las letras de Javiera suelen estar empapadas de un sabor cotidiano. Algunas de forma más explícita que otras, ofrecen al oyente un paseo por el barrio o por una plaza a comer cubos de frutas bajo el sol. Es acordarse del patio del colegio a la hora del recreo. El amor -en todas sus dimensiones- es un tema constante en la composición de sus líricas. “Creo que mi influencia más grande es haber sido parte de la clase media. En general hablo mucho de las plazas, de los lugares. Tengo muchos recuerdos de Villa Alemana, de la tierra. Son parte de mi adolescencia y mi infancia, así que siempre van a estar presentes”, expone.

“Me crié en Cumming con Mapocho. Siempre me va a marcar esa esquina, aunque haya pasado mucho tiempo. Los blocks de la Villa Portales también, porque siempre caminaba por ahí. El persa, la Quinta Normal, el centro. No sé, tengo una fijación con los recuerdos, todo eso me formó”, manifiesta.

Coronada como la adolescente eterna, Mena combina la añoranza de lo cotidiano con la energía emanada de la ansiedad de vivir y tener nuevas experiencias, tan propia de la pubertad. “A mí me motiva mucho ese estado. Creo que todos debiéramos conservarlo un poco. Ese deslumbramiento por las cosas que se va perdiendo con el paso del tiempo. Maravillarse continuamente siempre me ha llamado la atención, y eso quiero plasmarlo en la música. Es lo que quiero sentir. O sea, imagínate, la Dolly Parton era una mujer adulta y seguía escribiendo de cuando era niña, una onda nostálgica. Creo que esa fascinación es parte de la esencia del pop”, continúa.

Sin embargo, a pesar de esa atracción por los procesos particulares de la juventud, la cantante asegura que su intención no va por quedarse estancada en ese ciclo. Su apuesta se fija en la adolescencia, en virtud del constante estado de renovación que aquella etapa implica. “Creo que el proceso de la adultez igual tiene eso de resignarse frente a algo y no buscar cosas nuevas que te motiven. Con mi música espero conseguir lo contrario. Espero no quedarme quieta y no resignarme. Hace un par de años, me puse a leer todo lo que nunca leí en el colegio. No pescaba nada de nada, era súper porra, y ahora me puse a aprender cosas, lo que me motiva mucho, porque te vas creando otros intereses y te vas inyectando de energías”, sostiene.

De inmediato aclara que en ningún momento se refiere a estudios formales, por el contrario -y soltando una carcajada- revela que es más amiga de Wikipedia, Youtube y Google que de los libros. “De repente leo algo y pienso: ‘¿por qué no pesqué esto antes si es súper interesante?’. Me he metido harto investigando cosas de historia, filósofos, escritos políticos y también algo de matemáticas. La otra vez me puse a leer el Baldor, para desarrollar el otro lado del cerebro, porque lo tengo medio atrofiado”, bromea mientras estalla en risas. “Me muevo mucho en internet. Y todo lo que veo me ayuda a escribir. Yo creo que con lo que más me he pegado ha sido con las ciencias, porque la forma en la que explican las cosas es súper precisa y concreta. Así me gusta componer, directo pero con poesía”.

Y podemos ver cómo la prosa de su último material, “Mena”, se mete constantemente, en los caminos de la verdad. Un concepto que se menciona de manera frecuente. “Me gusta esa conexión con algo más intangible. La verdad es la búsqueda. Nunca vas a llegar a ella, pero es, a la vez, algo que te mueve a encontrarla. Es un sentimiento puro. También puede ser el amor, yo creo. Es difícil hablarlo porque es súper místico, pero es algo trascendental que todos andamos buscando. El amor es lo más importante, de cualquier forma. Es algo movilizador, que nos saca de lo cotidiano y que aprieta fuerte siempre”.

Fotos: Rod