Discos internacionales

POTQ Magazine

No hemos hecho un ranking ni tampoco elegimos “los mejores”. La selección de discos que comentamos a continuación tiene solo un filtro: son los álbumes que, creemos, dialogaron de la forma más interesante con el 2020.

MILEY CYRUS – PLASTIC HEARTS

El viejo adagio es que el rock es actitud, y ese título se defiende en vivo. En la grandilocuencia de un estadio, o en la intimidad de un club. ¿Qué pasa, entonces, cuando una pandemia quita ese elemento de la ecuación? Es posible que en este anómalo 2020 no haya género que se haya visto más dañado. Ahí donde otros se las apañaron para sumar hitos vía singles y discos, las guitarras estaban al debe. Había música, por supuesto, pero nada capaz de destacar fuera del nicho. Eso, hasta que septiembre trajo sorpresas inesperadas.

Las cenizas del incendio en que Miley Cyrus perdió su casa, hace dos años, trajeron un reenfoque que pilló desprevenido al mundo entero. Ya a mediados de 2020 había versionado a los Doors, a Pink Floyd y a los Beatles. El estreno de ‘Midnight Sky’ mostró una nueva veta synthpop. Pero septiembre trajo consigo apariciones a banda completa, primero mostrando su nueva dinámica en la TV gringa con ‘Maneater’ de Hall & Oates, y luego remeciendo Internet con ‘Heart of Glass’ de Blondie.

Todo aquello terminó revelado como influencia directa de un álbum bendecido por Debbie Harry, amparado por leyendas (Joan Jett, Billy Idol) y fuerzas de la naturaleza (Dua Lipa), en que el olfato pop se cruzó con un estilo, una presencia y una urgencia inesperadas. No fue necesaria una gira multitudinaria para que Plastic Hearts captara elogios en todo el orbe, porque si el viejo adagio es que el rock es actitud entonces hoy Miley Cyrus es la mayor rockstar del planeta.

—Seba Amado

YVES TUMOR – HEAVEN TO A TORTURED MIND

Repeticiones agónicas, todos los días son iguales. Sean Bowie logró retratar la densidad de la rutina y explotarla en sicodelia negra, sin dejar de lado el romance doloroso que cruza su último álbum. Decorado en los setenta en su sonido, Heaven To A Tortured Mind es menos vanguardista y en un año como este se agradece. De todas formas es un disco que está lejos de ser sencillo, pues con una producción alarmante y una instrumentalización mucho más pulcra de lo acostumbrado, nos topamos con aquella voz tan íntima que es capaz de hacerte mirar de frente el caos y la reinvención que trae. Desorden, desconcierto, incertidumbre, ruido. Esta placa no sólo es una postal del estado del mundo sin querer serlo, también es la fotografía de uno de aquellos seres que siempre nos advirtió que lo peor estaba por venir. 

—Bárbara Carvacho

SOCCER MOMMY – COLOR THEORY

La radicalización política no fue la única forma de dialogar con el 2020, sino que también existe una forma menos directa y hasta inesperada, tanto para nosotros como para Sophie Alison, AKA: Soccer Mommy. En Color Theory, la idea era combinar la nostalgia noventera en contraposición con lo difícil que es convertirse en adulto, esto se puede ver desde su portada que asemeja a un juego de PlayStation, hasta sus videos tipo MTV en los 90-2000. Pero la sorpresa aquí fue la pandemia y la cuarentena, la que de manera obligada nos hizo mirarnos a nosotros mismos. Letras como “Trato de mantenerme fuerte por mi amor/ Por mi familia y amigos / Pero estoy tan cansada de fingir” son un cliché, pero digámoslo: el cliché bien usado funciona, en especial cuando lamentablemente las generaciones actuales hemos tenido que normalizar de manera obligatoria la depresión de la que habla este disco.

Y lo siento, pero cantar sobre una madre enferma mientras tú estás lejos es algo que tristemente se ha convertido en demasiado real para mucha gente en este año. Sin querer, Sophie reflejó el 2020 antes que este mostrara su verdadera cara.

—Alex Miranda

FIONA APPLE – FETCH THE BOLT CUTTERS

A Fiona Apple no la vemos por acá muy seguido, pero cuando aparece sabemos que hay que prestarle atención. Como ahora con Fetch the Bolt Cutters, su último álbum, realizado por completo desde la comodidad de su hogar. Esto no es solo una anécdota, pues gran parte de los sonidos que escuchamos en FTBC tienen su origen en artículos que se encontraban dentro de sus cuatro paredes, lo que también sienta un precedente valioso: esta es una aventura personal.

Desde su autoexilio, Apple se dio el trabajo de reconstruir historias de su vida y la de otros que la atormentaban, solo para llegar a la conclusión que existía un gran punto en común entre todas. Eran historias de opresión. Hombres oprimiendo mujeres, acosadores oprimiendo a los más débiles, mujeres oprimiendóse entre ellas y a ellas mismas. Fiona quiere romper con este círculo, el círculo cómplice, el silencio y la modestia que nos tienen viviendo quizás por demasiado tiempo encerrados. ¿Acaso este año no nos ha servido a todos para liberarnos de la prisión mental en la que vivimos?

—Valentina Tagle

AC/DC – POWER UP

¿Quién no siente que perdió algo en el 2020? Seres queridos. Tiempo. Rutinas. Libertades. Vida. Decir que los últimos diez meses han desolado a la mayor parte del planeta suena como intro de película de catástrofe, pero es parte de una realidad con la que ya llevamos (demasiado) tiempo conviviendo.

A veces necesitamos hacer catarsis, y para algunes catarsis es sinónimo de rock. A veces necesitamos una historia que nos devuelva la esperanza. A veces tenemos problemas procesando que una ex chica Disney tenga el disco de rock más exitoso del mundo. Pero ‘House of Glass’ no fue lo único que pasó a fines de septiembre.

El siglo 21 ha sido profundamente agridulce para AC/DC. Black Ice y Live at River Plate la rompieron en todas partes, pero luego vino una tragedia tras otra. Malcolm Young cayó víctima de demencia en el 2014 (que se lo terminó llevando en noviembre del 2017). Phil Rudd con arresto domiciliario. Brian Johnson perdiendo el oído. Cliff Williams dejando la banda. Para fines de 2016, nadie creía que había regreso. Por todo aquello, el anuncio de un nuevo disco con formación casi intacta es algo que nadie vio venir.

Más allá de que Power Up sea un sólido álbum de rock (y lo es), su contenido es secundario al lado de su valor emocional. Es una oda a lo improbable, un abrazo cálido en un mundo sombrío. Y sí, también es una inyección de adrenalina directo al corazón de aquello denominado “rock de estadios”. Porque las guitarras estaban al debe. Porque el rock es actitud. Pero llegó septiembre, y Angus Young se hizo cargo del resto.

—Seba Amado

DUA LIPA – FUTURE NOSTALGIA

El futuro prometido llegó y se fue, ahora somos nostalgia de todo aquello que fue y ya no es. Dua Lipa se pegó el gran salto en su carrera y lo hizo con una de las placas que abre el revival pop disco; un trabajo que logra reposicionar al género en las listas incluso en un periodo en el que dejó de ser lo pop-ular.

Necesitábamos tirar para arriba y este disco lo logra, una placa disfrutable para las y los amantes de cualquier pop: el más tradicional, el retro, el viral, el escolar y el de purista Minogue. Es su segundo largaduración y ya catapultó clásicos como ‘Physical’, ‘Don’t Start Now’ y ‘Break Your Heart’, canciones que sin duda van a traernos buenos recuerdos de un año cargado al oscuro, en el que Dua se dio el trabajo de enchufarnos el sintetizador, ponernos glitter en el párpados e invitarnos a bailar entre homenajes, sexualidad y nostalgias.  

—Barbara Carvacho

PHOEBE BRIDGERS – PUNISHER

Sin el afán de desmerecer al resto de los grupos etarios que componen nuestra sociedad, hay algo en el 2020 que resuena particularmente en la cultura millennial. Comúnmente desprestigiados por su supuesta fragilidad han sido la generación con más herramientas para enfrentar la crisis que trajo consigo el covid 19, desde el desempleo y el teletrabajo (¿acaso existen millennials que no trabajen precarizados?), pasando por el aislamiento (¿no son acaso ellos los que han puesto énfasis en la importancia de la salud mental e ir a terapia?), hasta la preocupación (salvo excepciones que pueden ver en sus stories de Instagram) por la salud física y el respeto por el distanciamiento social.

No es sorprendente que en un contexto así tengamos artistas de la talla de Phoebe Bridgers, quien pareciera llevar toda su vida esperando el fin del mundo. En su segundo álbum de estudio logra condensar la angustia millennial de vivir en un constante apocalipsis a través de melancólicas melodías y letras reveladoras. En ellas enfrenta decepciones familiares, amorosas y sociales, como si estuviera en una sesión de terapia, concluyendo que si el fin se acerca ella lo abraza y prefiere mirar adelante de todas maneras.

—Valentina Tagle

BAD BUNNY –  YHLQMDLG

Cuando se habla de Bad Bunny, la primera pregunta que hay que hacer es: ¿Por qué su música llega tanto a una generación, si en tiempos de pandemia y derechos humanos pisoteados, lo que menos podemos decir es que “hacemos lo que nos da la gana”? En un año donde el conejo malo sacó tres discos, es fácil llegar a la conclusión de que YHLQMDLG es el mejor de ellos: encapsula de manera perfecta la combinación entre la narrativa (real para Benito, ficcionada para nosotres) de un derrochador de dinero, junto con los dramas amorosos y terrenales con los cuales es fácil sentirse identificado.

Una conjunción de lo que somos con lo que queremos ser: Alguien que puede llamarse libre en momentos en que las libertades cada vez son más un privilegio en un 2020 que se ha ganado a pulso la frase: “Maldito año nuevo y lo que me trajo”.

—Alex Miranda

JESSIE WARE – WHAT’S YOUR PLEASURE?

Bailar en la pieza, correr los muebles y hacerse un espacio para el goce. Aunque sea en casa. El mundo como lo conocemos se acaba frente a nuestros ojos y si hay un disco capaz de musicalizar la desgracia y el placer del quiebre de todo lo conocido es What’s Your Pleasure?

Tan solo con el nombre del álbum ya nos exponemos a una interrogante fundamental en plena pandemia; ¿qué es lo que estamos disfrutando cuando no nos queda más que nuestra cama, nuestro cuerpo, nuestro techo? Canciones como ‘Spotlight’ y ‘Save A Kiss’ nos invitan al placer del baile, ese de entender que el movimiento y desplazamiento no son lo mismo.

Un disco con el que también nos podemos sentar a fantasear sobre noches que vendrán, llenas de placer, brillantina y cócteles que van a acompañarnos en la construcción de las nuevas formas de relación social que vamos a enfrentar en el futuro. Jessie Ware nos regaló un refugio disfrazado de discoteca, esa que se inauguró dentro de nuestras casas. 

—Bárbara Carvacho

TAYLOR SWIFT – FOLKLORE Y EVERMORE

Taylor Swift es otra de las voces de su generación que marcó la pauta este año. Nos entregó dos momentos de madurez a través de Folklore y Evermore, discos hermanos y dialogantes, que reencontraron a la autora con su propia narrativa, una que se aleja de los hombres y el desamor como eje formativo. Al contrario, el interés de Swift se traslada a las mujeres y sus contradicciones. Podría sonar muy conveniente que en la denominada era del #metoo la cantante se haya apropiado de esta narrativa, pero para quienes la han estado siguiendo de cerca este giro resulta natural (aunque no menos inesperado). Entrando a una nueva década los discursos cambian ¿y por qué no podría hacerlo Swift? 

—Valentina Tagle

RUN THE JEWELS – RTJ4

“Todos servimos a los mismos maestros / Todos somos esclavos / Nunca olvides que en la historia de Jesús al héroe lo mató el estado”. Así de claro rapea Killer Mike en ‘walking of the snow’, uno de los temas del cuarto disco del dúo Run The Jewels. Si el proyecto ya había lanzado discos excelentes, este pega más fuerte. Podría estar en las listas de lo mejor de cualquier año, pero en unos 365 días tan convulsionados como estos —donde el mundo vivió casi al mismo tiempo las actitudes de una derecha que ya no tiene vergüenza y una pandemia asesina que no es más importante que la economía— RTJ4 se escucha como un grito necesario.

Los invitados son geniales, pero dan un poco lo mismo; lo que de verdad queda son las letras que dejaron de lado los juegos de palabras infantiles y se centraron en lo que importa: hablar a la cara con verdades en tiempos de fake news.

—Alex Miranda

PERFUME GENIUS – SET MY HEART ON FIRE IMMEDIATELY

Un consistente camino de cuatro discos que desencadena en una quinta placa redonda a cargo de Mike Hadreas. Luego de Put Your Back N 2 It del 2012, Too Bright del 2014 y No Shape del 2017, Set My Heart On Fire Immediately llegó con ‘Describe’ como primer sencillo; una patada inicial estridente que daba pistas del cambio de sonido que nos traería Perfume Genius en el destacable disco, que llegó con tres años de diferencia entre el último, tiempo ideal para depurar y condensar, algo que todas y todos nos vimos obligados a hacer este 2020. 

La creatividad está encerrada y encuentra formas de fuga; crecimiento sonoro y personal, lleno de retos que ponen a prueba su identidad que va adquiriendo matices sorpresivos para quienes le hemos seguido la pista. Las sensaciones se imponen, somos vulnerables y el trabajo performático que significa ocultarlo para el día a día resulta en una complejidad de tintes que transforman a este disco en un salto a una piscina que se limpió, llenó y observó antes del piquero.

La moraleja es bastante más sencilla que el 2020: exteriorizar los sentimientos muchas veces es sombra, y es parte de nuestro decorado, análisis y experiencia el ser capaces de transformar la crudeza en algo digno de admiración. 

—Bárbara Carvacho

RÓISÍN MURPHY – RÓISÍN MACHINE

Una de las peores defensas del cine es esa idea de que te puede “transportar a otros mundos y alejarte de tu realidad por un momento”. Normalmente, las obras que son tildadas de esta manera, más que transportarte lo que hacen es recontextualizar tu situación actual, y ese es el caso de Róisín Machine. En tiempos de revoluciones fallidas, la insurrección es una búsqueda de unidad, una recarga de baterías colectiva en tiempos de introspección y soledad.

Un llamado fiestero a no rendirse y buscar crear tu camino, como este disco deja claro al comenzar con la frase: “Siento que mi historia aún no ha sido contada / Pero haré mi propio final feliz”. Al final, el quinto disco solista de Murphy es la fiesta personal en medio del caos colectivo. Como ya dijo Parquet Courts: el colectivismo y la autonomía no son mutuamente excluyentes.

—Alex Miranda

THE CRIBS – NIGHT NETWORK

“You deserve to own the art you make”, dijo Taylor Swift hace unos meses. Su público (y necesario) duelo con las firmas privadas que compraron las grabaciones originales de su música dio inicio a una conversación a la que el mundo del rap, con Kanye West (oh, paradoja) a la cabeza, se sumó en paralelo. Aquello es uno de los hitos de la música en el 2020, porque se requiere el foco y la atención que genera ese calibre de nombres para que ese tema sea tomado en serio.

Antes que Taylor y Kanye disparasen sus balas en Twitter, The Cribs ya sabía de sobra lo que era lidiar con esto. Los hermanos Gary, Ryan y Ross Jarman creían en hacer las cosas a la antigua, siempre lanzando música en sellos pequeños, nunca con multinacionales o sus filiales. Pero entre el 2018 y el 2020 fueron parte de dos juicios distintos contra dos entidades privadas distintas, una de ellas relacionada con Universal, que decían tener los derechos de todo su catálogo.

Más de veinte meses de batallas legales dejaron a la banda destrozada, anímica y mentalmente. Al borde de la separación. Y en medio de todo eso, el que creían que sería su último show en vivo: junio de 2018, teloneando a Foo Fighters en Manchester. Pero ahí fue cuando Dave Grohl los convenció de grabar, y les ofreció su estudio para hacerlo.

Night Network es una catarsis en medio de una guerra contra la industria y el sistema, que The Cribs sólo consideró publicar después de ganar ambos juicios. No sólo es un disco: es una celebración, un logro en sí mismo, de un grupo que tuvo que disfrazarse de David para derrotar a dos gigantes.

—Seba Amado

POTQ Magazine  2005 - 2020