Hace un par de días, su hermana Claudia Scnheider había actualizado su Instagram con una foto de Florian con el hashtag “forever”. Las especulaciones sobre su salud no trascendieron del natal país hasta hoy, cuando cercanos como Mark Reeder o Robin Rimbaud comentaron la noticia.

Lo que comenzó como un trascendido entre amigos, que mediante redes sociales expusieron su sentir, ya fue confirmado por medios como Billboard. Con 73 años, uno de los fundadores de Kraftwerk deja este plano para irse a quién sabe cuál.

La muerte del compañero de Ralf Hütter no sólo nos deja con la pena de despedir a un multiinstrumentista capaz de cambiar paradigmas sonoros y sociales sobre la performance, la música y su relato; también afecta porque es tal el grado de influencia que tiene en lo que escuchamos hoy, que no deja de ser complejo el dimensionar que uno de los responsables de tantas formas y figuras no ande paseando por ahí.

Se ha dicho bastante: la gente se muere y sus creaciones, por suerte, no gozan de tal condición. Agradecidos y agradecidas del legado, el nombre de Florian Schneider se convierte en una leyenda electrónica, aunque sabemos que ya lo era.