Foto: Carlos Müller

VTR Stage repleto, pastos inundados de juventud en busca de sombra, y la intro de la serie de David Lynch, Twin Peaks de fondo. Bastille entra en escena y el griterío no se hizo esperar: estábamos frente al fenómeno que ya se instaló en este festival en un contexto demasiado parecido a lo ocurrido con bandas como Two Door Cinema Club y Capital Cities en años anteriores.

Los originarios de Londres no esperaron más y ‘Bad Blood’ comenzó con el show sostenido en el único trabajo de estudio que tiene la agrupación. ‘Weight of Living II’ aumentó la euforia de la adolescente masa, que terminó de explotar con ‘Laura Palmer’, que dejó en claro la obsesión del vocalista Dan Smith con el director de cine.

Con 30 minutos de espectáculo alcanzados, la elipse del Parque O’Higgins entró en ese espacio que ofrecen jornadas como el Lollapalooza, donde bandas relativamente nuevas permiten al público analizarlos de manera más amplia, bastante más allá de los hits populares que les dieron el mérito de llegar hasta nuestro país. Fue uno de estos,‘Icarus’, que elevó los coros para darle paso a la última etapa de la presentación, en la que los más fanáticos no supieron de control de energía y expresaron hasta más no poder el agrado que provocaba Smith cada vez que interactuaba.

‘The Draw’ y ‘Flaws’ lograron prender, pero no fue hasta ‘Of the Night’, adaptación del clásico de eurodance que los llevó a debutar en primer lugar en las listas de su natal Inglaterra, que hasta quienes estaban sentados optaron por disfrutar de los últimos sonidos de Bastille.

‘Pompeii’, cantado a todo pulmón por las niñas sobre los hombros de sus acompañantes, llegó para culminar la presentación que divirtió y gustó de manera prudente y sin riesgos, que al menos dejó la satisfacción que da haber podido escuchar en vivo esa canción que tantas veces reprodujeron.