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Frontera Festival 2013: Retrasando el avance

Publicado el 13 de Noviembre de 2013 por

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La fe era puesta a prueba. Pasado el mediodía en Santiago y con una fila que se extendía por cuadras, Frontera Festival comenzaba a abrir sus puertas más de una hora más tarde de lo estipulado y, por ende, retrasando la salida de todos los artistas a escena. El ingreso paulatino de los asistentes al recinto de Blanco Encalada facilitó la prueba de sonido a las primeras bandas que se presentaron en este marco.


Sábado 9 de noviembre, Club Hípico, Santiago.
Fotos por Vicente Camú y César Rosas.

La fe era puesta a prueba. Pasado el mediodía en Santiago y con una fila que se extendía por cuadras, Frontera Festival comenzaba a abrir sus puertas más de una hora más tarde de lo estipulado y, por ende, retrasando la salida de todos los artistas a escena. El ingreso paulatino de los asistentes al recinto de Blanco Encalada facilitó la prueba de sonido a las primeras bandas que se presentaron en este marco.

Uno de los primeros escenarios en dar el vamos fue el designado Panamérika, de la mano de los locales Inverness. Sus composiciones bucólicas y atmosféricas contrastaban con los beats de DJ Sien y las guitarras de Phonalex, que comenzaban a escucharse a lo lejos. ‘Amaneceres’ y ‘Catedrales’ musicalizaron el peregrinaje de los asistentes hacía los demás escenarios, mientras el grupo aprovechaba también de mostrar parte de lo que será su próximo EP, “Sol”.

Mientras la gente aprovechaba de recorrer las instalaciones o capeaba el calor en las zonas de sombra, The Suicide Bitches se aprestaba a comenzar. La banda, parte del sello Armatoste, puso la primera cuota de rock en el Escenario Pepsi, que luego sería coronado por grandes como Molotov o Bosnian Rainbows. El show estuvo marcado por la potencia y rapidez de sus riffs, forjados en el stoner punk. Además, entre canciones de su primer EP y su debut en largaduración, dieron la oportunidad a los presentes de probar material nuevo, de lo que será su segundo disco. Una media hora contundente, que el público recibió de la mejor manera: armando los primeros mosh de la jornada.

Luego era el turno del hip-hop experimental de Cómo Asesinar a Felipes. El ensamble liderado por Koala Contreras fue uno de los más esperados del festival y uno de los primeros en congregar a miles de asistentes, a menos de dos horas del inicio de las actividades. Pese a la prolijidad de su performance, a momentos los desperfectos en el sonido opacaron los 30 minutos de su presentación. Pero esto no fue impedimento para que asesinaran con cortes como ‘Operación CAF’ o ‘Ya Perdimos la Paciencia’.

Con los últimos acordes de ‘Si Te Pillo, Te Mato’ cerrando el show, en el Escenario Transistor aparecía Matanza para poner paños fríos luego del agitado set de Gufi. Su propuesta, marcada por beats, timbales y charangos, no fue suficiente para encender los ánimos de un público que a esa hora ya se encontraba a merced de un fuerte sol y sin ningún lugar disponible para beber agua potable.

El desfase de una hora en la programación ya reinaba en todos los escenarios. Mientras Villa Cariño hacía bailar a los asistentes del Pepsi, Prefiero Fernández cerraba su show en el Panamérika. Y en paralelo, en el Transistor, Gepe daba razón de por qué es uno de los artistas más celebrados de nuestro país. ‘En la Naturaleza (4-3-2-1-0)’ abrió la fiesta que llenó de golpe el espacio disponible. Daniel Riveros se ha ganado con creces un lugar en el pop actual: es un artista transversal que hace cantar desde los más niños hasta los más adultos, y esto quedó plasmado en los 45 minutos que duró su turno, moviéndose principalmente entre los discos “Audiovisión” (2010) y “GP” (2012), e incluso mostrando un nuevo tema, titulado ‘Merengue’.

Y en simultáneo a aquella perfecta ejecución, en el Escenario Panamérika se vivió un momento histórico. Uno de los más esperados del festival. La reunión de Tiro de Gracia para presentar el álbum “Ser Humano!!”, que los lanzó a la fama en 1997, con su formación clásica: Juan Sativo, Lenwa Dura y Zaturno. Pese al delicado estado de salud del segundo, la banda no tuvo mayores problemas en la ejecución de ‘Bebedor’ y ‘Sombras Chinescas’, aunque el cambio de horario entre el trío y Movimiento Original tomó por sorpresa a quienes estaban en otros shows. Apoyados por el cuerpo de baile de Power Peralta, los MCs hicieron vibrar a los miles que se agolparon en el reducido espacio disponible con los clásicos ‘Melaza’ y ‘Chupacabras’. ‘Viaje Sin Rumbo’, ‘El Juego Verdadero’ y ‘Nuestra Fiesta (Okupa, Segura y No Molesta)’, ésta última junto a Tea Time (Los Tetas), fueron las encargadas de cerrar un set cargado a la nostalgia y al agradecimiento por parte del grupo a los fans. De no haber sido por la poca capacidad del lugar donde tocaron, podría haber sido sin problemas el gran show de la velada.

El gran problema de los festivales son los topes, pero uno de los más odiados por la gente pasó a segundo plano gracias a los retrasos en la parrilla programática, que generaron una gran migración desde el Escenario Panamérika al Transistor para ver a Jorge González. El show del ex Prisionero a estas alturas roza lo icónico, tanto por su legado como por su performance. ‘No Necesitamos Banderas’, ‘Fe’ y ‘Paramar’ transformaron el show en un karaoke masivo. ¿Qué chileno no se sabe una canción de Los Prisioneros?

Con Los Tetas pasó algo muy similar a lo de Tiro de Gracia: miles de personas para un espacio reducido, lo que hacía imposible tener una ubicación decente para apreciar el espectáculo. Sin embargo, desde su reunión a la fecha, la banda se ha manejado en un eterno “grandes éxitos”, por lo que su show no sufrirá jamás un desaire por parte del público. Y ellos lo saben muy bien: ‘Hormigas Planas’ y ya tenían en el bolsillo a los espectadores.

Uno de los platos fuertes de la noche fue la presentación de Molotov, mientras Chico Trujillo hacía bailar hasta al más tieso. Con un frío que calaba los huesos, los mexicanos hicieron que el público entrara en calor con ‘Amateur’, la poderosa ‘Santo Niño de Atocha’ y la clásica ‘Chinga Tu Madre’, perteneciente a su álbum debut, “¿Dónde Jugarán las Niñas?” (1997). Su paso estuvo marcado por el gran poder sonoro de cada integrante, pero el que se robó la película fue Randy Ebright, quien hizo de su batería un verdadero cañón. El público sólo quería hits, por lo que a momentos su energía decayó a causa de canciones menos conocidas, pero temas como ‘Voto Latino’ o ‘Frijolero’ agilizaban el ambiente. ‘Mátate Teté’ y el esperado ‘Puto’ dieron el broche de oro a una de las presentaciones más correctas de Frontera Festival.

Loss dos nombres que cerraron el Escenario Pepsi compartieron un mismo patrón: el reducido número de público en sus shows. El primero fue Alain Johannes, que volvió a nuestro país con una banda de lujo (los hermanos Foncea y el destacado bajista Roberto Trujillo). Con un currículum realmente envidiable, repasó su historia con temas tanto de Eleven como de su disco solista, “Sparks” (2010), y se dio el lujo de regalar canciones de Queens of the Stone Age y Sound City Players. Pura calidad que a momentos fue apabullada sonoramente por el reggae de Cultura Profética (debido a la cercanía de los escenarios), mas la emoción no se dejó esperar en ‘Endless Eyes’. Un compositor hecho para un público a la medida, y no merecía que el escenario contiguo se apropiara de su espacio.

La espera valió la pena para quienes estuvieron ahí. Pasada la medianoche, cuando el cansancio se apoderaba de muchos, el nuevo proyecto de Omar Rodríguez-López arribó al escenario para llevarlos a todos a un viaje de aquellos. Con sólo un año de existencia, Bosnian Rainbows llegó a cerrar el Escenario Pepsi con su experimentación musical con tintes de un dream pop pesadillesco. La atmósfera creada a partir de Teri Gender Bender y el guitarrasta envolvía a los pocos que ahí quedaban, mientras la fiesta de Los Fabulosos Cadillacs se colaba a ratos. Tocaron casi todo su disco, frente a un público hipnotizado que no dudó en conectarse con la frontwoman en ‘Eli’ o ‘The Eye Fell in Love’. Un show que quedará grabado en la retina de los fans que presenciaron esta experiencia multisensorial.

Haciendo la raya para la suma final, Frontera Festival 2013 abarcó una gran gama de estilos, dando la nota alta con los mismos artistas. Pero, en cuanto a organización, se dejó a la vista una gran carencia. Sin puntos para beber agua (gratis) y sin comida a mitad del evento se hizo un poco difícil la supervivencia durante doce horas de música ininterrumpida. El vaso medio lleno es que los cuarenta mil presentes disfrutaron de bandas de primer nivel. Ahora, a esperar un año para ver si superan esta versión. Esperemos que sí.

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