Un chicle verde le hacía ojitos a otro rojo, pegados ambos sobre el guión de Las Vírgenes Suicidas, mientras Kirsten Dunst y Josh Hartnett salían a bailar. Así era el video de ‘Playground Love’, la canción con la que Air inspiró gran parte del nuevo trabajo de Diego Peralta. Nadar está anunciada como una obra cinematográfica, donde el séptimo arte cobra la misma importancia que la discoteca del cantautor en De Lo Humano Sin Corazón, su elepé anterior. Aunque sutil, la influencia de los franceses se percibe en el pulso flotante de las atmósferas que el porteño moldea –en tiempos diferentes- durante gran parte del álbum.

Sumergido en sí mismo, Peralta ha buceado hasta encontrar los conceptos claves, aquéllos que engloban lo que quiere decir en apenas una palabra. Por eso, todas las canciones tienen nombres tan someros –o enigmáticos- como ‘Frágil’, ‘Fin’ o ‘Dibujar’. Las historias del veinteañero siguen siendo simples, pero están narradas de otra manera, con la estructura de un cortometraje romántico y onírico. El piano se ha instalado como un fiel compañero y la guitarra ya no es la única aliada del músico, quien sigue siendo el exclusivo ejecutor de los instrumentos que suenan. Eso sí, por primera vez, hay un invitado: Gastón Astorquiza (el calvo y andrógino ex vocalista de Fruto Prohibido) hace coros en ‘Olvido’. Su aparición es el único vestigio de la primigenia idea de tener colaboraciones en cada tema, iniciativa que terminó convertida en su propia antítesis: una placa sumamente íntima y confesional.

Nadar es un reencuentro con las primaveras idílicas de la vida, donde todo se reduce a la conquista y al cortejo, en un acto de rebeldía contra el imperio de la compostura. En tan sólo una decena de cortes, su protagonista nos muestra que sabe bien cómo transformar sus melodías en celuloide y que su proceso de aprendizaje está encauzado en la senda más auspiciosa: la de dar resultados y no sólo prometerlos. En sus manos, hay un trozo de lo mejor que el pop chileno ha cosechado este año. Enfatizado en la nobleza de lo acústico y en el preciosismo más sensato, Diego Peralta ha salido a la superficie con su mejor álbum bajo el brazo.

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