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Kaiser Chiefs: creerse el cuento

Kaiser Chiefs: creerse el cuento

En un momento del show, Ricky Wilson se sienta en un retorno y se pone a conversar con los fanáticos. “La última vez que vinimos, eran cientos de miles en el público”, mientras extiende los brazos queriendo abarcar la cantidad que cuenta. “Los que están aquí ahora, son mis verdaderos amigos”. Es la postal más clara del cara y sello que vivió la primera presentación en solitario de Kaiser Chiefs en el país. Un show correcto, potente, rebosante de energía, pero con un bajísimo marco de público, pero que hizo de la velada mucho más íntima y con el mismo entusiasmo como si fueran miles.

Era una noche fría y se sentía en todos los alrededores de Teatro La Cúpula, solo un par de valientes que conversaban minutos antes del show afuera del recinto, mientras todos nos refugiábamos dentro. Era también una noche especial, ya que finalizado el show transmitirían el duelo entre Chile y Argentina por la Copa América Centenario (con un resultado nefasto para el combinado nacional, pero eso es harina de otro costal), por lo que el nerviosismo y el ansia se sentían en el aire.

Un par de minutos pasado las nueve de la noche y con ‘War’ de Edwin Starr sonando de fondo, los ingleses arribaron al escenario, en medio de generosos aplausos. Wilson y compañía no escatimaron en gastos e inmediato comenzaron el show con ‘Everyday I Love You Less and Less’, con un público que estalló en saltos, gritos y baile. El batatazo fue a la segura.

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La fuerza del conjunto era palpable y más aún la de Ricky Wilson, quien se movía como un tornado en el escenario, derrochando entusiasmo, conversando y haciendo dinámicas con el público o molestando a sus compañeros de banda con nombres de comidas en español (gambas, cordero en salsa, lomo y albóndigas). Wilson fue el centro de atención durante todo el concierto.

Y así se fue dando gran parte del espectáculo, con una banda que pasaba a segundo plano y con Wilson junto a Albóndigas (el tecladista Nick Baines) siendo los que le ponían más sabor al asunto. De esta manera fueron pasando los grandes éxitos de la banda como ‘Everything is Average Nowadays’, ‘Never Miss a Beat’, ‘Modern Way’ o ‘Coming Home’. Cuando llegó el momento para ‘Ruby’ y de ‘I Predict a Riot’, fue el instante donde realmente se podía sentir la cofradía por parte del conjunto y el público que en ningún momento decayó anímicamente.

Resulta extraño para una banda acostumbrada a llenar recintos de gran envergadura, enfrentarse a un público como el chileno. Si bien se notaba un gran número de fanáticos que cantaban no solamente los singles radiales de la banda, la gran mayoría se sentía que estaba allí porque sí. Lejos del centro, recluidos en la galería, siendo solo espectadores netos y no formando parte de la fiesta. De todas maneras, el conjunto tiró toda la carne a la parrilla, sonando potentes y seguros de lo que estaban haciendo, mucho más aún Wilson y su show aparte.

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Seguridad y confianza que se demostró también en ‘Parachutes’ y ‘Hole In My Soul’, canciones que se alejan demasiado al estilo clásico de Kaiser Chiefs y que abrazan las bases más bailables en la senda de Bag Raiders o Digitalism (o en el peor de los casos a la evolución electrónica en la línea de Coldplay), que serán parte del inminente próximo disco que están preparando.

Al final, Kaiser Chiefs jugó a la segura, intercalando sus canciones más conocidas con las que no lo son tanto y nos demostró que ante la adversidad siempre hay que ser el mejor en lo que hacen. Jugando todas sus cartas en poco más de una hora de show, resultando victoriosos a pesar del poco púbico y elevando las apuestas para una próxima presentación que sin duda será una dulce revancha para ellos. Los ingleses se creyeron el cuento desde el minuto uno y lo demostraron con creces, cosa que no hizo Chile allá en Santa Clara.

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