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POTQ ’90: U2 – Achtung Baby (Island, 1991)

POTQ ’90: U2 – Achtung Baby (Island, 1991)

No estaba en los cálculos de nadie, para ser sinceros. Con el lanzamiento del disco “The Joshua Tree” en 1987, U2 alcanzó definitivamente y para siempre el pináculo del Olimpo del rock. La correspondiente gira fue documentada posteriormente en la película “Rattle & Hum”, donde las constantes alusiones a Estados Unidos que los irlandeses habían realizado durante su carrera se estrecharon con sus acercamientos más desprejuiciados al blues en lo musical, plasmado en cortes como ‘Desire’ y ‘When Love Comes To Town’, este último en colaboración con el enorme B.B. King.

Dado lo acontecido, lo natural era que la siguiente incursión al estudio de grabación terminara por zanjar de manera concluyente la abierta influencia norteamericana en el cuarteto. Lo que ocurrió, empero, fue una vuelta de tuerca tan violenta que la sorpresa cundió a mares en todo el orbe.

Hurgar en los por qué de “Achtung Baby”, en la sustantiva mutación que sufrió U2 en sólo un par de años y en su consiguiente propuesta sonora, distante de toda la estética anidada en sus discos anteriores, no es un ejercicio muy difícil ahora que las cosas pueden analizarse con cierta perspectiva temporal. Y los motivos tampoco son tan rebuscados.

A fines de los años ’80, el mundo vio caer en un plazo muy corto a casi la totalidad de los socialismos reales, particularmente sus dos bastiones: el Muro de Berlín y la Unión Soviética de Gorbachov. En el primero, la efervescencia y combinación cultural que devino de la reunificación alemana fue un poderoso anzuelo, tomado de buena gana por la banda, quienes se mudaron a la capital germana a registrar gran parte de este elepé.

El otro ingrediente fue un desafortunado episodio amoroso. Por esa misma época, Dave Evans (The Edge) enfrentaba la disolución -hecha oficial en 1991- de su primer matrimonio, por lo que los ánimos no eran precisamente los mejores y eso fue clave en la materia prima de “Achtung Baby”.

Si bien Bono Vox fue el exclusivo encargado de las letras, éstas parecen hallar un espejo obvio en los sentimientos del guitarrista. ‘Love Is Blindness’, ‘Until the End of the World’ y ‘Acrobat’ son muestras descarnadas de abandono, del fin de una relación; sobre todo ‘One’, una agria canción de amor que el vocalista se ha esmerado en desmarcar de su aura romántica, para posicionarla en el sitial desde donde surgió.

El proceso de hacer “Achtung Baby” abarcó cerca de un año, con itinerarios en Irlanda y Alemania, asistido en la grabación por el tándem de Brian Eno y Daniel Lanois. Un período que no estuvo exento de conflictos internos que amenazaron no sólo la estabilidad, sino que la existencia misma del conjunto. Pero la séptima placa de estudio de los dublineses salió a la calle a fines de noviembre de 1991.

La estupefacción en torno suyo fue general, porque los U2 que abrían la década no tenían nada que ver con los mesiánicos de cuatro años antes. Bono dejaba atrás su cariz angelical para dar lugar a su álter ego The Fly, un bobalicón arrogante que se abandonaba sin muchos reparos a los placeres de la vida y que portaba una ironía colindante a la sinvergüenzura (impresa en temas como ‘Even Better Than the Real Thing’ y el homónimo ‘The Fly’).

Como si eso no bastara, la música es la que mejor documenta este giro total en los irlandeses. Con reminiscencias evidentes al sonido Madchester, industrial y la incipiente electrónica (‘Zoo Station’), el gran protagonista de “Achtung Baby” es The Edge, quien, en su incansable búsqueda de nuevas texturas, dota a su guitarra de nuevos y llamativos trucos que enriquecen su estilo, no tan virtuoso pero sí lleno de inquietudes.

Todo el panorama en torno a U2 se agigantó con Zoo TV Tour, la monstruosa gira promocional de la placa, que duró cerca de tres años (con la edición del disco “Zooropa” de 1993 entre medio) y que detallaba cada exceso del mundo moderno: la incomunicación, la idiotez, la guerra y el abandono de toda preocupación en pos de prodigarse el máximo de satisfacciones posibles, aunque el mundo se viniera abajo. El cuarteto irlandés inauguraba la década optando por la reinvención cuando todos esperaban continuismo. Y con una obra maestra.

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