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Un gigante rosado: Once Twice Melody de Beach House

Un gigante rosado: Once Twice Melody de Beach House

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Lookin’ out at the wide wide world
It’s a lot for the boys and girls


“¿Cómo lo hacen?”. Eso es lo único que se puede decir una vez que terminas de escuchar por primera vez todo Once Twice Melody, el nuevo y titánico disco de Beach House. Con unas intimidantes 18 canciones, este viene a ser el octavo LP de la banda, después de 7, su anterior trabajo que salió hace cuatro años, en 2018. 

Cualquiera que haya seguido la carrera de la banda de Victoria Legrand y Alex Scally entiende que han estado en constante cambio, y que hasta el día de hoy han logrado sobrevivir al hype creado por su propio talento, algo que no todas las bandas con su historia pueden decir. Y si 7 fue su disco de máxima experimentación sonora, Once Twice Melody juega con la grandilocuencia e incluso llega a tener ambiciones audiovisuales.

En otros tiempos, Once Twice Melody simplemente sería presentado como un álbum doble —cada época tiene su propia velocidad de consumo cultural—, pero en la actualidad tiene mucho más sentido tratar cada cuatro o cinco canciones como un EP y presentarlas como capítulos. 

Tomando prestado el formato de series donde hay estrenos semanales, Beach House decidió hacer esperar a los fans un mes entre cada capítulo y así saber cómo continuarían estas historias. Ya con todas las canciones en nuestras orejas, lo primero es decir que probablemente esa fue la mejor decisión, porque un disco de esta longitud (bordeando la hora y media) no es sencillo de procesar a la primera escucha. 

Lo segundo: la división por capítulos le da una profundidad distinta. Puedes escuchar solo una parte o puedes escuchar todo de una vez. Como una especie de Rayuela o libro de Elige tu Propia Aventura, pero en vez de palabras escritas son grandes composiciones sonoras llenas de, como dicen los jóvenes, vibes.


If it hurts to love
You better do it anyway

La piedra angular de este trabajo es la canción ‘Once Twice Melody’, una suerte de autoplagio de la banda a sus canciones más clásicas, pero que funciona como puerta de entrada para grandes cantidades de drogas más duras. Esa es la pieza fundacional, desde donde los 17 otros temas echan raíces y comienzan a crecer como tentáculos en diferentes direcciones y estilos.

Tal como lo hace una buena película que quiere dejarte preguntas, este disco se toma su tiempo y deja que cada idea crezca por sí sola. La canción más corta dura 3 minutos y 42 segundos. Este álbum tiene un sonido propio, tal como Alex Scally dijo en una entrevista con Apple Music 1 (que no se puede escuchar si no tienen Apple Music, muchas gracias Steve Jobs):

“Hay tantas fronteras musicales que dominan las mentes de todos, nos demos cuenta o no; como la estructura de cuatro minutos de una canción, o el álbum de 10 canciones, y todo ese tipo de cosas. Creo que subconscientemente nosotros siempre hemos suscrito a la idea: ‘ Cada disco tiene su propio sonido’”.


Probablemente estas ganas de dejar que todo se expanda naturalmente, combinado con las posibilidades que les dio por primera vez producir ellos mismos el disco, hizo que Once Twice Melody terminara siendo un trabajo gigantesco.  En una muy reciente entrevista con Pitchfork, la banda cuenta una experiencia sobre la longitud del mismo:

Pitchfork: Normalmente sus discos son muy enfocados. ¿Tuvieron algún recelo al momento de lanzar algo tan desperdigado?

Alex Scally: Le enviamos este disco a un amigo, y su reacción fue: “esto es genial, pero…”

Victoria Legrand: “…pero editaría la mitad de las canciones”. Fue algo semi-ofensivo.

Alex Scally: “…y solo dejaría las mejores canciones”. Mi primera reacción fue decir ‘tiene razón’. Pero a medida que lanzábamos los capítulos y la energía se devolvía a nosotros, probamos nuestro punto, el cual es que todas las canciones son facetas de una misma cosa. Si lo hubiéramos cortado y dejado en una versión esencializada, no hubiera  funcionado. Tenía que tener este profundo nivel de tedio.

If it hurts to love you
Should I walk away?

Como todos los discos de Beach House, se siente como una sorpresa y al mismo tiempo una novedad. Una vuelta a casa, pero con una habitación cambiada. Algo en lo que la banda parece haberse especializado. Como dice la misma Victoria:

“Pienso que si alguien todavía puede sorprenderte, eso es algo bueno. Cuando las sorpresas se detienen por completo, entonces algo se está secando. Por ejemplo ayer, estábamos ensayando en nuestro espacio y Alex hizo algo nuevo al final de ‘Drunk in LA’ y yo le dije ‘¿Qué fue eso?’ y él respondió “Oh, se me acaba de ocurrir’. ‘No lo olvides’, le dije”.


Y así es como muchas de las canciones del disco pueden terminar sorprendiéndote, por más que al comienzo pueda sonar como una típica canción de Beach House, siempre hay algo nuevo, como los finales épicos de ‘Superstar’ y ‘Over and Over’; las melodías aterciopeladas de ‘Ilusion of Forever’; o las aplastantemente melancólicas ‘New Romance’ y ‘Hurt to Love’. Esta última estrenada el pasado día de San Valentín.

Por otro lado, el dream pop moderno característico de la banda se va mezclando con otros estilos, creando nuevos sabores como el synth-pop ochentero de ‘Runaway’ o ‘Finale’, la canción de cuna con sintetizadores que es ‘Many Nights’, la balada acústica de ‘Sunset’, el slide fogatero de ‘The Bells’, o incluso el Dream Goth (Sí, Dream Goth) de ‘Pink Funeral’ y ‘Masquerade’ (Beach House, si por casualidad están leyendo esto ¿sería mucho pedir un disco completo del estilo de las últimas dos mencionadas?).

Por otro lado, algunos elementos de producción dan un color muy distintivo al álbum. La portada hace parecer que podría ser un disco de los Carpenters (con justa razón), y en pos de conseguir esa sonoridad la banda terminó grabando con un conjunto de cuerdas reales para darle al sonido una cualidad imponente, expansiva y cinemática, tal como lo hacían en los años de Karen Carpenter (ahora ambos dúos tienen canciones llamadas ‘Superstar’ ¿Coincidencia? No lo creo).

Esta inspiración retro contrasta fuertemente con las bases electrónicas ochenteras o las baterías 808 (normalmente reservadas para el hip-hop o el trap) que pululan a lo largo del álbum. Todo termina haciendo una combinación de sonidos que parece que la banda hubiera robado de aquella vez que Kendrick los sampleó.


Por último, en muchas canciones la inconfundible voz de Legrand se ve alterada con el uso de efectos, lo que podría ser una jugada peligrosa, si no fuera por la seguridad con la que lo hacen en canciones como en la slowdivesca ‘Only You Know’ o la expansiva ‘Through Me’.

El último tema, ‘Modern Love Stories’ es un cuestionamiento al amor como una energía que está desde siempre y que solo colisiona con ella misma. Es una canción intrigante, que da las claves para entender temáticamente el resto del disco. Cuando Victoria canta: “dime que existió(…) desde las primeras palabras, hasta las historias de amor modernas”, lo más probable es que hable del amor, algo que en la última hora y media ha estado modificando y exponiendo a través de pequeñas historias en formato canción. 

Al finalizar la titánica tarea de escuchar completo Once Twice Melody, uno queda exhausto pero con el corazón lleno. Si alguien aún tiene energías, puede ponerse a escuchar Titanic Rising de Weyes Blood, pero temáticamente quizás sea mejor The Terror de los Flaming Lips.

Beach House nos acaba de entregar 18 canciones que exploran su estilo y el concepto del amor, moldeando ambas cosas y presentando este sentimiento en sus distintos estados desde donde nos podemos sentir representados. Al final, parafraseando a Ivy Queen, la banda ‘hizo lo mismo que tú has hecho, que has provocado, y con miles de corazones han jugado’. 

If it hurts too much
Well I loved you anyway

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