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La hora del té o el disco bolivariano de Juan Wauters

Alex Miranda Publicado el 26 de Enero de 2018 por

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Independencia ya es el barrio de Wauters en Chile. Conoce el supermercado, la plaza que queda cerca y el hipódromo, en contraste con su desconocimiento del barrio de Bellavista donde tocó la última vez que estuvo en Chile. O Plaza Italia, cerca de donde tocará este sábado.

En el supermercado del barrio, de esos sin nombre, Juan Wauters pasa como un chileno más comprando las cosas para tomar once. “La hora del té”, como dice él.

Pan, queso fresco, dos vinos medianos y una Cachantun con gas. Palta no, porque hay en la casa. Explica el porqué de la Cachantun: le pone un poco al vino, dice que acá en Chile siempre lo miran raro cuando explica eso. Insiste en pagar todo él.

“Parece que estamos aquí por lo mismo”, le dice a una persona que también está haciendo la cola para pesar el pan. Juan es así, despreocupado y sin prejuicios, tanto que le pone agua mineral al vino. Le habla a la persona como si viviera por aquí hace tiempo y no desde comienzos de enero, como si no tuviera un marcado acento que llama atención.

Independencia ya es el barrio de Wauters en Chile. Conoce el supermercado, la plaza que queda cerca y el hipódromo, en contraste con su desconocimiento del barrio de Bellavista donde tocó la última vez que estuvo en Chile. O Plaza Italia, cerca de donde tocará este sábado.

Cuando abrió la puerta para recibirnos estaba en medio de un ensayo con “Facu”, percusionista argentino, y el Cristóbal, flautista chileno, con los que tocará el sábado. Sale a abrir la reja, sin polera, sin zapatos, y unos pantalones holgados. Se puso alpargatas y camisa para ir al supermercado, no se la abrochó hasta que íbamos llegando al mismo. De vuelta, y por el desconocimiento del periodista, explica que su apellido no se pronuncia Uauters, si no que Vauters, como si tuviera una “v” corta al principio.

En la casa donde se queda,  invita a que nos sentemos en el patio. Juan pone en una mesita las cosas para una once improvisada. Un poco de vino con Cachantun, pan con queso fresco o palta -o las dos-, y unas uvas ridículamente grandes. Se mueve como dueño de casa, pero la verdad es que su casa está de vuelta en Nueva York, ciudad a la que su familia se mudó cuando él tenía 17 años y una vida más o menos creada en Uruguay.

Ahora Juan está en Chile grabando su nuevo disco, completamente en español, con grabaciones hechas en muchos lugares diferentes y con muchos músicos distintos. La idea es que cada nuevo lugar y cada nueva persona aporte nuevas sonoridades. Ya en noviembre estuvo en Argentina, diciembre en Uruguay, enero lo pasa aquí en Chile, febrero se queda en Perú, luego México y termina en Costa Rica.

—¿Vamos a terminar con un reggaetton de Juan Wauters?

Ojalá, por ahí con un feat de Pitbull. Aunque eso es más de Miami.

—¿Qué buscas con este experimento de grabar en diferentes países?

Conocer músicos y sonidos que nos conozco y tratar de incorporarlos en mi música. Y otro motivo es aprovechar el viaje, porque yo ya iba a venir acá por otra razón. Podría grabarme otro disco solo en mi pieza en Nueva York, pero ya lo había hecho. Esto es una experiencia nueva, sacarme de lo cómodo.

—¿Y ya sabes más o menos cómo será el disco?

Todavía no quiero pensar en eso, quiero grabar mucho y después hacer una selección coherente. Igual quiero que entren todas. Pero después hay que crear algo como una elección de canciones que tenga un estilo que se pueda escuchar entero, así que capaz algunas no entran y algunas sí. No sé.

—En entrevistas has dicho que te sentías muy representado con Nueva York, que es como un hogar. Pero en otra dices que te causaba un poco de rechazo en ese tiempo.

Quizás usé la palabra errónea. No es rechazo, porque viven mis papás y mis amigos ahí. Pero tuve un poco de desencuentro. Yo le tenía fe al lugar, me abrió las puertas, me hice amigos. Como me imagino que los inmigrantes que están viniendo para acá quieren mucho a Chile, pero si pasa algo que hace que no se sientan representados por esa bandera o por esa ideología nunca más… no sé. No quiero ser político para nada, pero no me representa el presidente de ahora.

—Eso mismo te iba a preguntar, que si toda esta idea de grabar viajando tenía que ver con el contexto político de Estados Unidos.

Al principio sí, pero después me di cuenta viniendo para acá que les está pasando lo mismo en Chile. En Argentina está pasando lo mismo. Y entonces sentí que no es un problema de allá, es algo global. Antes de este viaje yo volví a Nueva York a saludar a mis papás, a mis hermanos y mis amigos –además de buscar estos equipos con los que ando ahora- y me enamoré nuevamente, ahí me siento en casa. En Uruguay no tengo casa, mis papás no tienen casa ahí, yo no tengo casa ahí. Digo, conozco todo, las calles, la comida, pero no tengo… mi hogar, tipo entrar con una llave por una puerta a tu lugar.

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“Si me moría acá no podía terminar el disco”

—¿Tu música no cambia al tener este contexto de músicos nuevos contigo?

Sí, cambia. Es la idea. Estar expuesto e interactuar con ellos. Porque mis discos, desde que terminé de tocar con banda, solamente los grabé solo. 

—Y lo de grabar con músicos ¿tiene que ver con extrañar un poco esa idea de la música como algo más colectivo?

– Sí, es en parte eso. Como ya dije, podría encerrarme en Nueva York a grabar un disco de vuelta, pero ¿para qué? Entonces con esto como que no tengo idea qué va a pasar. Digo, escribí los temas, pero el disco no tiene un sonido definido todavía. Por ejemplo, el otro día iba en la bicicleta y me caí, lo primero que pensé mientras me levantaba fue: “Si me moría acá no podía terminar el disco”. Entonces estoy pensando en que todo es totalmente incierto. Ojalá que lo pueda terminar.

—¿Cómo ha sido tu relación con Chile ahora que te estas quedando un mes acá?

¿Porque lo conozco más que la última vez que vine y me quedé solo 4 días?

—Sí, ahora tienes una casa dónde puedes entrar con una llave, por ejemplo.

Sí, entiendo. Me gusta mucho la comida de acá, me gusta el punto geográfico en el que estoy en la ciudad, muy conveniente. Es raro porque los chilenos por ahí a veces con el fútbol tienen fama de medios no sé…como de…

—¿Medios qué?

No sé… a veces la gente en el fútbol no los quieren.

—Nos odian.

Sí, pero estando acá yo estoy súper feliz. Por ejemplo, una cosa de los chilenos que me encanta es que son buenos anfitriones. Acá estoy muy “acojonado”….no, ¿cómo se dice? Acogido. Acojonado es otra cosa. Sí, entonces estoy feliz, cómodo y me ha dado para sentirme inspirado, entonces está bueno también, la zona ahí de la Vega me gusta mucho, el río Mapocho me gusta, el Cerro San Cristóbal. Para ustedes es común, pero para un turista o extranjero es pintoresco. Hablábamos con un amigo extranjero el otro día de que el Mapocho es igual al Sena de París. Después le contaba a un amigo chileno el otro día y se reía.

—En la mayoría de las entrevistas que vi te preguntaban sobre Mac DeMarco ¿No te aburre que siempre te pregunten sobre él?

Me aburre un poco, pero a la misma vez yo lo quiero a él, me gusta su música. Nos conocimos por el ambiente de la música y pegamos afinidad musical de inmediato, salimos a tocar mucho juntos, cuando él recién estaba como despegando. Entonces creo que en esa época la gente miraba mucho, y yo siempre andaba con él. Entonces es un poquito inevitable. Y sí, me aburre, pero tampoco tanto. Me aburriría si fuera otro músico que no me gustara su música. Yo a él lo aprecio mucho musicalmente.

—¿Qué te llama la atención de música latinoamericana?

Me gusta la guitarra acústica, me gusta la temática de la vida cotidiana y el sentimiento. En Estados Unidos pasó un tiempo eso y de repente se fue. Por ahí hay grabaciones de Blues, Country o de los Apalaches ¿así se dice? Appalachians, una cadena montañosa por Pensilvania. Pero no hay más que eso allá, y acá se mantuvo. Bueno, en realidad si hay allá, pero… es que el capitalismo está pleno allá. Entonces como que mata un poco eso. Crea otras opciones culturales, como directamente el Hip Hop que es el movimiento cultural más grande de los últimos 30 años, pero eso es muy del sistema capitalista, se habla mucho de eso, de la plata dentro del estilo.

—¿La gente a tu alrededor terminó conociendo más música latina gracias a ti?

– Claro, un amigo gringo, Matthew, toma mate por ejemplo. Le gusta la música uruguaya, pero por algo natural, porque su amigo lo hace. Mirá, ahora tú estás probando esto -señala el vino con Cachantun-. No es cosa que él sea obsesionado, pero lo incorporó naturalmente.

—La pregunta va más por los covers que tiene tu segundo disco Who, Me? (2015). Tienes covers en inglés de Viejas Locas, y un pedazo de “El show de los muertos” de Sui Generis.

A mí me pasa por ejemplo que toco una canción de un artista uruguayo que se llama Jaime Roos, que es como lo más famoso que hay en Uruguay, en Argentina se conoce también, pero en Uruguay es como icono. Todo el mundo conoce diez canciones de Jaime Roos del principio al final, es como Violeta Parra acá. Bueno, a Matthew le encantó Roos, y una vez me preguntó que decía una canción -‘El hombre de la calle’- y yo la empecé a cantar. Como viajábamos juntos en las giras y a él le gustaba tanto, yo la empecé a tocar en vivo y la gente en Estados Unidos se re-copó con el tema. Ahora cuando voy a Uruguay me piden que la cante, pero en inglés, y a mí me da un poco… no sé. La debería cantar igual, pero yo soy medio particular. Yo la quise cantar para que la gente la pudiera entender la letra o al menos mi interpretación de la letra. En Uruguay ya la conocen en español y es así, esa es la canción, lo mío es una interpretación para otra gente.

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La entrevista se interrumpe porque Cristóbal, uno de los músicos con los que Juan ensayaba, se tiene que ir pedaleando hasta Ñuñoa (¡!). Después Juan se pone a contar como corrió al lado del auto de Leonard Cohen para que le firmara su guitarra y como le dejó el visto, también de cómo una vez se puso a buscar a Caetano Veloso después de uno de sus conciertos. Lo encontró en un “boliche así todo BUM BUM” dice, haciendo sonido de música tecno, y le pidió que le firmara la guitarra. El intento con Cohen no funcionó, mas el de Veloso sí y ahora luce ese autógrafo medio borrado con orgullo mientras toca.

Entre las muchas historias que cuenta Wauters se termina de hacer de noche, no hay luz en el patio y terminamos hablando entre siluetas. La conversación sobre el mejor disco de Los Beatles –Beatles 65’ es su favorito- se ve interrumpida cuando “Facu” pregunta en voz alta “¿es una estrella eso que se mueve?”. Nos quedamos viendo el cielo hasta que deja de moverse el objeto y queda en un punto fijo. Después aparece otro que se mueve en otra dirección a gran velocidad.

“Debe ser un satélite”, dice Juan.

“Tendría que ser un satélite que vuele como tres veces más rápido que un avión”, responde “Facu”.

No quedan uvas, y ya no se ven OVNIS. Signos inequívocos de que hay que irse, de que ya se está abusando de la hospitalidad de Juan. Aunque él insiste en que no hay apuro.

*Juan Wauters se presenta en Santiago este 27 de Enero, desde las 20:30, en el Cine Arte Alameda (Avenida Libertador Bernardo O’Higgins 139).

Fotos: Florencia Solís

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