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6 décadas, 6 discos, e infinitos motivos para celebrar a Madonna

POTQ Magazine Publicado el 16 de Agosto de 2018 por

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Por Álex Miranda y Bárbara Carvacho

Porque si hablamos de Madonna, tenemos cosas más importantes que conversar que sus pololos o tetas- a menos que sirvan de inspiración para su música. La estadounidense cumple 60 años, seis décadas en este mundo que es un lugar bastante mejor gracias a las cientos de canciones que viven en millones de habitaciones. Desde el clóset a la cama, Madonna no tiene problemas con ser ícono, ídola, rebeldía y resistencia mainstream.

Conoce el VIH de cerca, tanto como los abusos sexuales, la India y la pista de baile. Cada uno de sus álbumes reivindica el siempre mal mirado pop, sin olvidarse de evolucionar, sin perder el interés por explorar las posibilidades que la rodean. Hemos sido testigos de cómo esa rubia chascona irreverente se convirtió en madre y reina de la música electrónica, no sin antes darle un espanto a la iglesia y hablar abiertamente sobre crucifijos como herramienta de autosatisfacción.

Te queremos mucho, Madonna. Por eso hicimos la selección de seis discos de su carrera; uno por década de vida. ¿Los mejores, peores, más populares o más vendidos? Ninguna de estas, realmente, sólo una selección que representa algunos de los infinitos motivos por los que hacemos reverencia a la reina.  ¡Larga vida a la reina!

Con pijama también se puede ser escandalosa
Bedtime Stories, 1994

Si Erotica posicionó a Madonna como una voz contestataria respecto a las sexualidades y religiones, el Bedtime Stories llega como el repaso al limpio de toda la experiencia que le dejó la exposición y la crítica. Es como pasar de la dickpic a la nude, un cambio leve que puede ampliar la interpretación de un tópico que ha acompañado toda su carrera; porque tal como dice en la sexta canción de esta placa, es ‘Human Nature’.

Sonoramente, tranquilo. De esa manera los más conservadores y caretas jamás se enteraron que la cantante estaba hablando de sida, homosexualidad, y del revuelo por su visible sexualidad pero con una capa sumamente sarcástica. Si ya nos había presentado la “obscenidad” en todo su esplendor, el trabajo de 1994 es lo mismo que su nombre: el cuento antes de ir a acostarse.

Suena calmo, suena poco peligroso, pero es también esta una de las cualidades musicales de Madonna, cantarte algunas verdades sin que enteres para que no te convulsiones, implementando ideas en tu cabeza, que se queda tarareando ‘Take a Bow’ casi como si fuese un llamado a misa. Exprésate, no te reprimas. La artista se adueñó tanto del pop que, de pronto, el R&B más mainstream también le pertenece. El bien llamado álbum de los samples, porque integra a Lou Donaldson, Aaliyah o Grant Green, con Madonna en una activa posición de productora junto al clásico Babyface.

No hay edad para bailar
Confessions on a Dance Floor, 2005

Tras los dosmiles llenos de apuestas, pensábamos que ya se había visto todo lo posible en la paleta sonora de Madonna. Por eso descansa en la cúspide de la pirámide de artistas que significaron y significarán algo para la música.

Pasaron siete discos entre su primer guiño electrónico y este, punto en el que la gilada se dividió entre criticarla por tener 47 y creerse de 25, y los que abrazamos el hecho de que cada uno de los singles de Confessions on a Dance Floor es un llamado a perder el pudor. Spokenwords a la chuña, multiculturalidad a destajo -más allá de la obviedad de idiomas usados- y Stuart Price ayudando en este camino a la pista.

No puedes ir a la fiesta si te vistes de vergüenza, es algo que Madonna siempre ha entendido, y en esta pasada toma sus casi-cincuenta y los hace lucir con sus buenos amigos como lo son la creatividad, la provocación, y los más recientes: el autotune y el dub más reciente.

Canciones como ‘Future Lovers’ son un ritual. Un inmenso llamado progresivo a perderse, a dejar de lado los problemas domésticos, las quejas y las deudas, predicado por una mujer con bastante vida como para que el consejo sea digno de tomar. El punto en el que las confesiones de Madonna no fueron para la iglesia, sino para su pista interna, la loza donde convive su experiencia, sus miedos, costumbres y rutinas, todo con una producción dance imposible de evitar.

Lo mejor del amor soy yo
True Blue, 1986

Este no es exactamente un disco de amor, si no que es un disco sobre las cosas buenas que saca el amor en uno. Escrito, grabado y lanzado en el tiempo en que Madonna estaba embobada por Sean Penn, por lo mismo, el título hace referencia a una frase favorita y muy usada por su esposo. Musicalmente busca lidiar con ritmos más clásicos que dejaban de lado el pop más explícito y juvenil, cambiándolo por un estilo de pop más clásico. Un movimiento que, según la cantante, buscaba acercarse a audiencias un poco mayores.

Por su parte, el álbum y su portada están inspirados en el arte pop que había puesto de moda Andy Warhol, pero lo verdaderamente fascinante estaba en sus letras, sus canciones y sus looks más remozados sin dejar de ser Madonna. ‘Papa Don´t Preach’ -como es obvio- trata sobre el embarazo adolescente, mientras que el resto del disco habla de cómo la cantante ve sus relaciones de amor, la libertad y su visión de las decepciones amorosas.

Marcó un avance gigante en su carrera, más singles para su colección y por supuesto, un español inventado que no nos podemos sacar de la cabeza gracias a ‘La Isla Bonita’. Al final, True Blue destaca como lo mejor que nos dejó su relación con Penn – que todos sabemos como acabó

Confundiendo conservadores, alborotando a la juventud
Like a Virgin, 1984

El segundo disco de la extensa discografía muestra un sonido no muy distanciado de su debut, pero que la misma cantante ha definido como “canciones más fuertes”, donde ninguna fuera relleno y dieran precisamente el concepto de un álbum. Algo que no había podido lograr con su primer LP gracias a -según sus palabras- “lo débiles de las canciones”.

Las canciones están compuestas a cuatro manos gracias a la ayuda de su ex Steve Bray, quien ayudó en la composición de varios temas. Pero, lamentablemente -y de manera no muy sorpresiva- lo que terminó generando real revuelo fue el estilo con el que Madonna aparecía vestida en la portada, que combinado con el nombre del disco, ponía a los más conservadores en jaque, ya que nunca se habían enfrentado a algo así.

También fue el primer disco donde Madonna quiso ser la productora, pero su discográfica -al igual que gran parte de la sociedad- no estaba preparada para una mujer con tanto poder, por lo que terminaron contratando a Nile Rodgers de Chic, intentando emular el trabajo que había logrado con David Bowie.

Madonna estaba en un peak de popularidad gigante al momento de lanzar el disco, por lo que su poder provocador se veía exponencialmente potenciado, algo que aprovechó para salir vestida con su icónico traje en la portada, que jugaba con las imágenes preconcebidas de las mujeres, que o debían ser putas o debían ser vírgenes. Madonna eligió ser las dos.

“Siempre me ha gustado jugar al gato y el ratón con estereotipos controversiales. Esta portada es un ejemplo clásico. La gente se preguntaba quién estaba pretendiendo ser ¿La virgen María o una puta? Esos eran los dos extremos de mujeres que conocía, y los dos que recordaba de mi infancia y yo quería jugar con ellos. Si quieres ser una virgen, puedes serlo. Pero si quieres ser una puta, tienen el puto derecho a hacerlo”.

Tu religión no me paraliza
Like a Prayer, 1989

Like a Prayer es un nombre que quedó marcado en la historia de Madonna como uno de sus singles más poderosos y que más polémica levantó en su momento, pero la verdad es que el disco en el que venía la canción es -al igual que su emblemática cantante- mucho más que una simple polémica religiosa. Toca temas importantes para ella, desde su dedicatoria explícita a su madre muerta, hasta las letras de temas icónicos como ‘Express Yourself’, hacen que este disco sea visto como el de “maduración” para la artista, más que nada, por lo confesional que resultaban sus canciones.

Pero Madonna no se hizo conocida por hablar de sus problemas en canciones, eso es muy banal para sus grandes ambiciones. Por esto, Like a Prayer es también conocido por ser el disco que comenzó a cruzar estilos en la carrera de Madonna -la única a quien le perdonamos tanta apropiación-, incluyendo ritmos más negros en las composiciones, como el funk, el soul y el gospel. Pero, la razón de todos estos cambios importantes viene de más atrás.

Los críticos dicen que este cambio llegó por su divorcio del actor Sean Penn -como si fuera lo único que la definía antes-, pero la verdad es que su madre es la verdadera inspiración, ya que Madonna llegó a un punto muy sensible cuando cumplió 30 años, la edad con la que su madre había muerto. Lucy O’Brien, la periodista musical que escribió su biografía “Madonna: Like an Icon” dice que:

“Madonna vio el cajón abierto de su madre, a la que apenas había llegado a conocer, con los labios cerrados. Y supo inmediatamente que no quería morir, que estaba bastante sola, y que no quería ser una mujer con los labios cerrados. Y me parece que esta actitud que tuvo siempre, de ser polemista y generar controversias, tiene que ver con eso”.

Mientras que Madonna también ha hablado sobre las temáticas del disco, diciendo que el uso de la iconografía católica como forma de representar una sexualidad abierta viene desde su crianza religiosa, donde le enseñaron que una por el solo hecho de nacer era considerada pecadora toda su vida, algo que le daba mucho miedo en su juventud, y que trató de dar vuelta con este disco y el video de la canción homónima que muestra esa tan linda imagen de las cruces ardiendo.

Básicamente, Like a Prayer representa el crecimiento de Madonna. Alejado de la sexualidad explícita, pero nunca abandonándola. En especial porque una institución como la iglesia seguía -y sigue hasta el día de hoy- intentando meterse en las vidas sexuales de miles de niñas y mujeres.

La luz de reinvención
Ray of Light, 1998.

Los primeros guiños evidentes al dance. El Ray of Light -que está cumpliendo este 2018 dos décadas- nos muestra la versatilidad de Madonna, si de estilos se trata, porque el ambient, el rock, el trip hop y los arreglos más clásicos conviven en estas grabaciones, en las que la artista lleva su voz a un timbre más profundo del que nos tenía acostumbrados.

Es el séptimo de su carrera, y tal vez por eso significa este collage de identidades no sólo musicales, también de estilo y prestancia. Es en ese periodo de la vida en el que Madonna vive como madre y comienza a acercarse inminentemente a al hinduismo y el budismo; de allí viene la onda oriental que se escucha en piezas como ‘Shanti/Ashanti’ o la estética samurai gótica como se ve en el video de ‘Frozen’.

¿Necesitas un disco de simple introducción a los sonidos más electrónicos? Esta placa es una buena opción. En tiempos de Britney y Aguileras, Madonna se mantuvo estoica al exagerado llamado paso del tiempo, que tanto disfruta el mass media cuando se trata de mujeres artistas. El álbum en el que la cantante dijo “no quiero repetirme a mí misma”, y junto a William Orbit, se re-pensó en tracks como ‘Little Star’ o aquel que le da el nombre al trabajo.

Con consejos de artistas como Björk, Everything But the Girl y Tricky, Ray of Light ha sido destacado por no ser la vuelta obvia del pop poco honesto. Las 13 canciones están fabricadas desde el pedestal de entendedora de la música, que por esos tiempos comenzaba a ser una entendedora de la vida. Fusión infalible para soltarse en un género que hasta el día de hoy aparece en sus creaciones, aunque nunca de manera tan honesta como en el trabajo de donde se extrae ‘The Power of Goodbye’. La reina tiene un closet lleno de coronas, y el estreno del 1998 es la exhibición de todas sus piedras preciosas.

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