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Alex Anwandter: canción nueva

Alex Anwandter: canción nueva

Alex Miranda

Marisol García acaba de lanzar Canción Valiente, libro que recopila 30 años de música social en Chile. El año es 2013. La autora es invitada a una entrevista en el programa nocturno Radiópolis de la Radio Universidad De Chile donde eventualmente se le preguntó sobre cómo veía la canción social en el contexto país que ofrecía el 2013.

“Yo no tengo dudas de que los músicos jóvenes tienen inquietudes sociales, es cosa de ver sus entrevistas o ver sus Facebook, los mensajes que dejan. Muchos de ellos van a las tomas de los colegios al mismo tiempo, pero es cierto que no muchos han acompañado eso de un cancionero social claro, evidente. Hay excepciones: Ana Tijoux… Manuel García puede tener una que otra…los Ases Falsos pueden tener. Pero también Alex Anwandter va a la toma del Instituto Nacional, canta ‘Tatuaje’ y genera una gran explosión de júbilo con una canción que es totalmente frívola, y eso no le quita méritos a él. Hay una contradicción que leída desde los ojos de los 60 sería incomprensible, pero ahora hay que esperar y ver qué pasa con eso”.

https://www.youtube.com/watch?v=aCGUza89A7o

Esta radiografía de lo que era Chile hace tres años es bastante acertada y da cuenta del modus operandi de las bandas que salieron del -perdón por el cliché- nuevo pop chileno con respecto a las cuestiones sociales: fijarse en él dónde se tocaba más que en el qué se cantaba.

En estos años si uno se ha mantenido medianamente activo como espectador en el circuito de tocatas capitalinas -sorry el centralismo pero es lo que conozco-, lo más probable es que haya tenido la oportunidad de ver gente como Javiera Mena, Dënver, Ases Falsos y Planeta No (entre otros) tanto en marchas o tomas como en escenarios más convencionales.

“Tenemos referentes demasiado importantes como para que no resurja un movimiento de reflexión, de canción social poderoso”, decía García en la entrevista. “Ahora, obviamente eso va a suceder desde otros códigos, no va a suceder desde el puño en alto y el himno ‘el pueblo unido jamás será vencido’, porque no corresponde ahora que sea así de evidente o enfático”.

Por todo esto, el salto de esta idea McLuhiana de “el medio es el mensaje” (en este caso, el lugar es el mensaje) a un ataque mucho más directo como el que plantea Anwandter en Amiga (2016), es una vuelta de tuerca inesperada pero bienvenida.

En los escasos tres años que pasaron entre la entrevista a Marisol García y el lanzamiento de Amiga, Alex Anwandter hizo realidad las palabras de la autora de Canción Valiente al escribir un nuevo capítulo de canción social en Chile, pero exactamente de la manera que la periodista dijo que no pasaría: levantando el puño y cantando himnos, todo lejos de los partidos -¿quién sigue partidos en estos tiempos?- pero cerca de la política. Además, de paso, logró que su nombre ya no fuera sinónimo de canciones, en palabras de García, “frívolas”. Cosa que si bien no le quitaba méritos, al parecer no le era suficiente.

No sé ustedes -y aquí van a tener que perdonar mi autorreferencia-, pero a mí me parece que este disco es una de las mejores cosas que la ha pasado a la música chilena en el último tiempo (junto con las tocatas de Dolorio y Los Tunantes, obvio). ¡Pero esperen! Antes de que cierren la pestaña dejen intentar desarrollar esta idea.

Hace un tiempo acá mismo se generó un debate sobre la razón del odio desbordado que se le tiene a Astro y que se destapó con la noticia de su separación. Si de verdad el odio existente viene desde la crítica a una música sin sustancia que terminó poniendo a Astro como sus símbolos, Anwandter sería el opuesto directo dentro del pop. Ahora, si usted querido/a lector/a es de la gente que piensa que la aversión a Astro viene desde otro lado -y por lo tanto que el gusto por Alex Anwandter vendría de otro lado igual-, creo poder ofrecer una hipótesis alterna: emotividad.

Un ejemplo: Una vez escuché una discusión sin sentido sobre el disco Another One de Mac DeMarco. Una de las personas odiaba el disco (odiaba a DeMarco en general), mientras que la otra persona lo amaba. Claramente, ninguno iba a poder hacer cambiar al otro de opinión, pero recuerdo uno de los puntos que esgrimió el fan: dijo que lo ayudaba a comenzar el día y a llegar al trabajo que odiaba de mejor manera, mientras que a otro amigo (que no conocía la música de Mac hasta ese momento), el mismo trabajo lo hacía llorar como una magdalena. Claro, este último había terminado una relación recién y el disco le tocaba una fibra completamente diferente, por lo mismo, no podía dejar de escucharlo. “Y ningún disco malo puede generar sensaciones tan dispares y además gustar por razones diferentes a dos personas distintas”, dijo el que lo amaba.

Anwandter gusta, en este caso, por la emocionalidad que logra despertar. Por ese momento catártico al escuchar por primera vez ‘Manifiesto’, esa risa estúpida que se sale al pensar “qué cuáticas están estas letras”. O esa primera escucha con los audífonos arriba de una micro mirando nuestra ciudad. Porque habla de discriminación, y por fin alguien lo suficientemente “famoso” está hablando de esas cosas a destajo. Más encima, alguien que fácilmente pudo no hacer nada y seguir igual de cómodo.

Tanta es la emoción que puede despertar Amiga, que logra lo que discos anteriores como Odisea (2010) y Rebeldes (2011) -ambos con algunas cuotas de temática social en sus letras- no lograron: convocar a gente común y corriente a pasar de la teoría a la acción. Pasar a hablar de estos problemas en círculos en los que normalmente uno no habla de esas cosas, menos cuando uno está del lado de los privilegiados al ser hombre o heterosexual -o como en mi caso, ambas-. Por eso es tan buena la mezcla que hace de pop con letras combativas, porque ya era hora de que alguien entrara a Youtube para escuchar música bailable y se encontrara viendo la imagen de Jaime Guzmán siendo quemada. Cosa que si me preguntan, debería pasar más seguido.

Alex Anwandter despertó en varias personas un lado crítico que quizás no tenían antes -o lo tenían muy apagado-, lo sé porque fue lo que me pasó. Solo por escribir esta columna terminé planteando a mi familia las mismas preguntas que se hizo el músico al momento de componer las canciones: ¿qué es ser hombre? ¿qué es ser mujer? ¿cómo nos afecta el machismo? Y la más importante ¿cómo podemos ayudar a cambiar esas cosas?

Por otro lado, que él eligiera dar la batalla contra el machismo, la homofobia, el capitalismo y las instituciones que preservan estas ideas, no es gratuito. Como bien dijo en La Tercera: “tiene que ver con escoger las batallas. Si bien me preocupan muchos temas no me puedo transformar en una especie de Bono o Residente chileno, sumarme a todas las causas. Creo en hablar de lo más cercano que le toca a uno”.

Puede que sean los temas en boga ahora y no faltará quien critique el disco de facilista o populista (palabra que se ha vuelto famosa últimamente), pero yo no puedo evitar sonreír al ver que alguien que ya tiene la masividad suficiente para acomodarse en ella y aún así decida atacar al patriarcado. O cuando un cantautor de mi país evoca a Pedro Lemebel en un programa de radio gringo después de haber cantado la poderosa letra de ‘Cordillera’.

Para terminar, cabe rescatar unas palabras que dijo Cristóbal Briceño en una entrevista en Dulce Patria de Cooperativa. “Cuando la gente dice ‘ay, me encanta este artista. Me representa tanto, dice exactamente lo que yo diría’, es mentira. Jamás lo dirías, por eso estás escuchando y el otro lo está diciendo. Lo que seguramente sí hace el artista es hacer que descubras cosas en ti mismo”. No estoy de acuerdo con todo, pero es imposible no anotarle un poroto a Briceño en esta situación, porque es precisamente lo que está haciendo Anwandter. Por algo él está ahí, cantando esas canciones y nosotros acá, hablando de ellas. Nos hace notar cosas, tanto de la sociedad como de nosotros.

Entonces ¿por qué gusta tanto Amiga? Creo que puede ser porque canto que ha sido valiente siempre será canción nueva.

En fin, escuchemos de nuevo el disco:

Foto * Alex Anwandter

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