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Transiente, por La Ciencia Simple: ¿Cómo seguir cuando todos los que conoces abandonan?

Transiente, por La Ciencia Simple: ¿Cómo seguir cuando todos los que conoces abandonan?

Javiera Tapia

¿Cuánto saben las paredes de las casas y edificios sobre nosotros? Si los músculos de nuestro cuerpo tienen memoria, ¿pueden las plantas que nos rodean guardar un testamento de nuestra existencia? Guardar la voz, el tacto, los colores a los que las exponemos cuando nos acercamos. Archivar todo con una escritura desconocida para los científicos, desconocida para la razón humana. ¿El techo de tu casa albergará en los átomos que le componen el ruido de tu risa? 

El 14 de noviembre pasado, La Ciencia Simple y el músico Andrés Quezada (Narval Orquesta) -quizás- llenaron de nuevas historias los hoyos de una pared de ladrillos de una casona abandonada en el barrio Yungay. Tal vez, las tres piezas inéditas que forman Transiente, la película que registra ese encuentro musical, algo dejaron en las molduras destruidas de ese techo antiguo, como si el pasado de ese lugar -el cotidiano, con personas haciendo su vida- y el presente -un abandono que está siendo explorado- jugaran un rato de la mano. 


Que en medio de algo que se ve al borde del derrumbe de pronto aparezca vida (si no es vida la música y esa luz particular que se cuela por lo que antes fueron puertas y ventanas), es profundamente contextual, es inevitable pensar en ello ahora, en el 2021. La banda termina por confirmarlo cuando, al hablar de este proyecto, dice que “fue hacer algo con toda nuestra energía y lo más profesional que pudiéramos porque casi que se está acabando el mundo. La escena se está desarmando, todos están enfocados en otras cosas, así que a final de cuentas fue un impulso para nosotros mismos para seguir animados en un panorama un poco desolador”.

¿Cómo seguir haciendo algo que amas cuando todos los que conoces abandonan? Quizás no hay que pensarlo mucho. Quizás hay que volver a lo básico. Quizás todo debe acabarse para comenzar desde cero, con la sabiduría que entrega la experiencia de no tener nada. Y mientras suena esta música, se ven las grietas, el polvo, las hojas caídas que nadie barrió. Quizás una de las formas de continuar y no abandonar sea precisamente dotar de belleza, historias y memoria los espacios que antes no te detuviste a mirar. Lo que parecía acabado o lo que vemos ahora, ya acabó. 

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