POTQ Magazine

★ Popular ahora

De paseo con el nuevo pop: Francisco Victoria y Dulce y Agraz

  • Comentarios

Durante este último verano, Daniela González -responsable de Dulce y Agraz– y Francisco Victoria no han dejado de trabajar. Hace algunas semanas pudimos escuchar ‘No me alcanza’, una colaboración en un tema que pertenece a Trino, el último disco de la compositora y aprovechando esa ocasión nos reunimos con ambos para conversar sobre este trabajo conjunto, pero también sobre la generación anterior del pop chileno, la producción musical, el cambio en el juego de las multinacionales, las presiones y mucho más.


Sentados en un café, de mañana, Daniela explica que conoció a Francisco en la primera escucha de Trino. Él la corrige, “no, yo me colé, me mega colé, ja, ja, ja”.

“Bueno está bien, igual te quería invitar. Ja, ja, ja, ja. Siempre me llamó la atención su proyecto, desde el primer single que escuché. Creo que todos los proyectos actuales de las personas que tienen mi edad me llaman la atención, porque siento que tienen gustos muy parecidos en cuanto al pop. Y Francisco es uno al que le había puesto el ojo hace mucho rato y cuando comenzamos a conversar más, nos dimos cuenta que teníamos afinidades. A él le gustó mi disco, entonces, no parecía una mala idea colaborar. Era todo muy coherente. Yo quería hacer singles con más gente, reversionar el disco con más personas. Tengo mucha ganas de colaborar en estos momentos”, explica Daniela.

“Fue un poquito consecuencia”, responde él. “Ese día me acuerdo que llegué y escuché tu disco. Quería mucho ir, porque había escuchado tu primer single que se llama ‘Súbitamente’ y me explotó el cerebro porque identifiqué muchas cosas de canciones que me gustan. No referencias, sino maneras de hacer las canciones y fue como ‘wow, qué onda ella’. Y justo ese día fui a la primera escucha con la Princesa Alba y ahí conocí al Gianluca, con ellos dos después trabajé. Fue muy extraño, fue como una cumbre en la que todos los conocimos, escuchando tu disco”, relata Francisco.

Sobre la manera de componer ‘Súbitamente’, el músico se explica. “Hay una cosa que siempre me encanta en las composiciones, que es cuando no te das cuenta que estás en el coro hasta que estás en el coro. Y ‘Súbitamente’ tiene mucho eso. La producción de la canción está muy abajo, no tiene nada fuerte ni nada que marque que viene el coro, sino que va metido entremedio de esta melodía infinita que se resuelve de manera perfecta y eso para mí es un lujo de escuchar”.

Lo que describe el también productor es la antítesis a la escuela de Max Martin, de la que en gran medida, bebe él, precisamente. “En lo personal, en mi trabajo, trato de hacer una mezcla de las dos cosas, lo de la melodía que progresa y que después te ves envuelto en eso o, por otra parte, los hooks. Y esta canción está apostando por esa manera más sesentera de componer que me pareció muy bonita y fresca. Me empecé a no sentir tan solo, porque me pasó que escuché muchas cosas de otros artistas y me sentía solo en esta búsqueda sin prejuicios. En general, me había encontrado con muchos proyectos que estaban muy metidos en un estilo o en una sola manera de hacer las cosas. Y bueno, toda esa otra generación de machitos que implosionó, que intentaban hacer canciones de cosas que no importaban, y de repente aparece ella y para mí es una bofetada. Escucharla y escuchar estas canciones me hizo sentir que no estaba solo y que de repente éramos una nueva generación de personas que estábamos diciendo cosas que de verdad nos importaban”.

Para Daniela (de ahora en adelante D) existe un valor en sus pares músicos como Gianluca, Francisco (F) y Princesa Alba. “Son las únicas personas que conozco que están haciendo música y que tenemos la misma edad. Y a estas personas se nota que les gusta la música en general, que se mueven quizás en un género definido, pero tú sabes que esa persona podría hacer música desde cualquiera. Entonces, lo que te gusta de los proyectos no es el género, sino sus ideas”.

F: Es bacán, porque todos hacemos música muy distinta, pero al mismo tiempo, por ejemplo, la Trini (Princesa Alba) tiene un background híper pop, es súper fan de Miranda!. Que son cosas que la gente que la escuchaba antes ni se imagina o el Gianluca, también viene de otras cosas rarísimas.

—Cuando entrevisté por primera vez a Princesa Alba le pregunté su banda favorita y hablamos mucho rato de Cocteau Twins.

F: Ja, ja, ja, ja sí, es muy bacán eso, porque no hay prejuicios.

—Sobre las generaciones. La lectura más básica que se hace frecuentemente es que las generaciones compiten. O que una nueva generación ineludiblemente se levanta en oposición a la anterior. Ya los han estado comparando mucho y creo que eso va a seguir pasando.

F: Yo siento que es responsabilidad de uno, en un nivel, separar lenguajes y definirse uno como artista. Yo creo que la Javiera, el Alex y el Daniel también pasaron por eso. O sea, obviamente, a ellos también los comparaban no sé, con Jorge González y etc. Siento que a todos nos va a llegar diez años después el peso de las generaciones anteriores y la gente se va a ir olvidando de las que venían antes y así.

D: Sobre todo te van a comparar cuando estás empezando. Porque a mí me hicieron pico con Francisca Valenzuela, solo porque tocaba el piano. Y ahora recién dejó de suceder eso, después de más de tres años. Al principio, no sé por qué, la gente siempre te pone a la sombra. Ni siquiera en la inspiración, sino en la sombra.

F: Yo creo que es porque es lo que está más a la mano. A la gente no le interesa mucho, realmente, escuchar las canciones y ver desde dónde estás sacando tus referentes. O sea, te juro que a mí me sigue pareciendo extraño que la primera comparación sea con Alex, sabiendo que existe gente como Prince, David Bowie, Bacharach. Obviamente uno trabaja en esto y uno estudia esas cosas, no se va a quedar copiándole a la persona que te produjo o a la persona que le podís hablar por Instagram. Mis referencias van bastante más allá que la cordillera y el desierto.

—La generación anterior abrió algunas puertas y construyó caminos que antes no existían, con su trabajo, pero gracias el empuje que daban los límites de su contexto también. Ustedes viendo eso, antes de dedicarse a la música, ¿qué rescatan de la generación anterior?

F: Yo creo que el principal valor que me deja esa generación y por eso la admiro mucho también, es que hayan desafiado el cómo hacer música en ese momento. Veníamos de la salida de las majors en Chile, de Los Tres y ese rock noventero y de repente irrumpe esta generación de pop sin prejuicios, electrónico. Cualquier generación que tome riesgos me parece interesante.

D: Yo creo que, justamente, porque lo sentí cuando empecé, es que toda esa generación cuando partió no pensaba hacer música de forma tan seria. Yo creo que de ahí viene esa cosa más desprejuiciada. Ahora nosotros sí empezamos a trabajar con esa presión, eso de “uy, radio”. Es una preocupación. Pero por ejemplo, Prissa tiene un disco muy bacán, pero es una producción sin ambición de radio. Sinceramente no la tiene. Hay muchos temas de Gepe también, que tienen la ambición de tocata, no de radio. Porque ellos también partieron con tocatas. Ellos partieron haciendo canciones para sí mismos, después cacharon que funcionaba, entonces las hicieron para tocatas y después pensaron quizás, ahora voy a hacer canciones para la industria. Y se fueron para allá. Fueron diez, quince años. Y todo ese proceso nosotros lo hacemos en tres.

F: Yo creo que a nosotros nos va a tocar muy distinto.

D: Es que si ellos no hubieran llegado al punto de la industria, a mí ni cagando se me hubiese ocurrido siquiera pensar en ese punto. Me facilitaron el camino de trabajar con intención de industria. Igual es cuático, porque también me enseñaron que en Chile es más difícil que la mierda mover un proyecto de más de cinco personas, entonces, esa escuela de ser solista y colaborar también me la enseñaron. Tener un gran equipo, pero estar siempre mutando.

F: ¡No tener banda! Básicamente, ja, ja, ja, ja.

D: Jajajaja, es que trabajar en banda a largo plazo es muy difícil.

—Tener una banda es muy caro.

D: Exacto, y hay tantas dificultades en Chile para girar en banda. Partiendo porque solo puedes girar en un sentido, al norte o al sur y eso te dificulta todo. Gracias generación del dos mil. Ellos se construyeron la confianza que ahora yo tengo.

Sobre el trabajo de colaboración en ‘No Me Alcanza’, ambos músicos coinciden en que fue una experiencia de lujo. “Mi pega estuvo más en algo que me gusta hacer mucho que es interpretar. También tuve que juntarme con la Dani para aprender un poco de su historia y sobre las cosas que habían inspirado el disco. Y eso abre una puerta de interpretación a la canción y es un ingrediente que si viene de afuera se va a escuchar distinto. Siento que eso le vino bien a la canción también, que ella compartiera su mundo y que la interpretáramos entre los dos. Hay muchas ideas que se nos ocurrieron a los dos, otras del ingeniero. Fue muy lindo. Dos sesiones de estudio y quedaron las ideas más bonitas. Y me di el lujo de interpretar de la manera que quisiera”, dice Francisco.

D: Eso fue súper bacán para mí, porque yo creo que en Chile -y no quiero sonar pesada- se canta como el hoyo, en serio. Es cuático. El fuerte de la música no va por ese lado. Y fue bacán que llegara el Francisco. Le pedí que hiciera algo, entraba a grabar y lo hacía increíble. Qué rico trabajar así, porque yo personalmente siempre tengo ideas más vocales, entonces, trabajar con alguien que maneje el mismo instrumento que yo y que lo maneje bien, ni siquiera tener que sobre explicarme o tener mucha paciencia, que saliera a la primera…

F: Tiene que ver con saber cuáles son tus partes más fuertes y las más débiles.

D: Es que yo creo que trabajar de esa manera es un lujo en Chile. Colaborar con gente que tiene buena voz. Hablo de lo indie ¿cachai? Porque las voces mega radiales también me cargan. Porque siempre intentan llegar al Whitney Houston, entonces, es bacán cuando no te pasas. Me gusta cuando una persona tiene la capacidad de interpretar, porque podría estar arriba todo el rato, pero no lo gasta, ja, ja, ja.

Hay algo que se nota en ellos, así como también en los otros artistas que mencionan en la entrevista, como Gianluca y Princesa Alba. Existe un interés en la producción. Algo que en general, en músicos que están en los veintitantos de diferentes bandas chilenas, no se advierte con tanta claridad.

F: Hemos conversado harto sobre eso. Sé que la Dani por ejemplo tiene miles de referentes, sabe cómo suenan todas las cosas y probablemente se ha dado la misma pega que yo de ser la matea de escuchar mucho.

D: Yo creo que tiene que ver con eso. Con ser ñoño. Yo creo que parte de la autogestión al principio es que tienes que saber, pero te gusta tanto, que lo haces.

F: También estás obligado a hacerlo, porque nadie más lo va a hacer por ti. Yo tengo la profunda inquietud de seguir produciendo. Me encanta componer e interpretar, pero ahora estoy produciendo dos discos para este año, el mío y de otra artista que no voy a mencionar, ja, ja, ja, ja. Y lo estoy pasando súper bien, porque producir otro tipo de música como el trap o el pop, te cablea el cerebro de otra manera y te sigue sacando de los prejuicios. Quizás cosas que nunca voy a poner en mi disco, sí las voy a poner acá. Pero nunca limitas las ideas y eso es lo que me parece más fascinante de producir. Nunca dejar de escuchar música, nunca dejar de estar al día con lo que está pasando hoy en la música en el mundo y nunca dejar de estudiar las cosas que pasaron hace cincuenta años.

—Me encantó que le quitaran el autotune a la voz de la Princesa Alba en ‘Summer Love’.

F: Es que la Trini canta, entonces, la gente cree mucho que el autotune se usa porque la gente no puede cantar. Y es un recurso estético. Entonces, era como un trapsplaining. Me imaginaba demasiado a la Trini en el estudio diciendo “hoy les voy a explicar cómo funciona el autotune”, jajajaja. Pero sí, lo he pasado muy bien haciendo esas cosas.

— Creo que este año va a ser raro, porque siento que el 2018 fue un año valle a pesar de que hubo discos muy buenos. Aún así siento que no hubo un gran relato. Hubo esfuerzos individuales, sí. Y hubo cosas bien gratuitas, como Pillanes. No puede ser que algo de lo más interesante que pasara fuera que se juntó Taller Dejao.

D: Es que yo creo que el problema fundamental es que no existe tanta industria para sostener ese relato. O sea, ya no se pueden lanzar cosas en varias radios, por ejemplo, en la Rock and Pop, entonces, ya no se puede ser parte de ese relato mainstream. Hay muchas cosas que relacionar para construir ese relato pero ¿qué queda? La música no es tan mediática.

—No creo que la culpa sea la música. O sea, hay discos increíbles, desde Ceaese hasta Yorka, es amplio el espectro. Creo que hay una crisis grande entre quienes deben articular ese relato: gestores, músicos, medios, etc.

D: Sinceramente, nunca me ha importado mucho porque nunca he construido mi carrera para Chile, porque no tiene sentido construirla acá.

F: Siento que estamos viviendo un periodo de ajuste, donde probablemente existe una histeria de parte de nosotros por sacar cosas constantemente y eso se ha visto reflejado mucho, sobre todo desde el trap, donde hay un lanzamiento casi todas las semanas. Aborrezco esa manera de ponerme tiempos, aunque sé que hay gente a la que le funciona. Es una ansiedad.

D: Es que además, los sellos grandes ya volvieron, porque ya saben cómo manejar las redes digitales, entonces, ahora el independiente tiembla. Por ejemplo, ahora está esto de que en Youtube si pones una canción ya no te aparece en sugerencias. Eso quiere decir que la gente lo primero que agarra es lo que escucha para siempre y, por otra parte, ¿cómo se compite contra las seiscientas lucas de Spotify que pone Universal, Sony Music, Warner en sus artistas todas las semanas para que aparezcan? Yo saqué mi disco el mismo día que Mon Laferte. Yo no tuve prensa hasta tres o cuatro meses después. Y ahora sigo peleando para tener algo que signifique mi disco hizo boom, porque hasta ahora solo significa un hito personal.

—Es que no hay medios.

D: Y no es fácil. Porque estás haciendo tu carrera desde Chile, pero sabes que Chile no te valida. Y que no lo va a hacer. Entonces intentas poner tus esfuerzos en que el material sea lo suficientemente bueno para que te permita sobrevivir aquí y cruzar una línea afuera.

F: Creo que eso se puede medir en términos de éxito. Yo he intentado no hacer ese ejercicio de medir lo que sea que hago con esos resultados. Si bien la gente necesita los números y las reproducciones, el hecho de supeditar tu vida a eso, te va a hacer sentir constantemente que estás en un carril de perdición, en el que jamás vas a llegar al nivel de las majors, pero al mismo tiempo, ¿uno quiere eso?

D: Es que esa es la cosa, porque a lo que puedes aspirar en tus primeros tres años de carrera, es que tu proyecto tenga el suficiente “éxito”, que significa que sea viable, que se sostenga, no perder plata. Que sea un trabajo, con un sueldo. Lograr estabilidad. No hablo de estar entre el top ten de Los 40. Y ese éxito uno lo pone en los oyentes mensuales de Spotify, porque esa es la forma independiente de medirlo. Porque ciertos oyentes al mes significan equis cantidad de plata y te fijas en eso para hacer tus cálculos. Y ahora están estas trabas, como la de Youtube, que hacen que no aparezcas más en las sugerencias si es que no inviertes la misma o más plata en publicidad que las majors. Que es imposible. Somos 25 hueones compitiendo con dos o tres a los que les inyectan mucha plata. Yo entiendo, en el sentido de la competencia, que sí, el espacio no se acaba, pero lanzas un disco y sí, el espacio se acaba en las portadas. En la forma mediática.

—Es que no hay medios. Y creo que nadie ha puesto en valor esa crisis, la de los medios y cómo afecta el registro. No solo lo digo en términos de promoción. Blogs que replican comunicados de prensa existirán siempre. Hablo de proyectos editoriales.

D: Es que es todo parte de lo mismo. Un ejemplo muy a mano por estos días. En la gala del Festival de Viña lo que menos hay es músicos. Y es un festival de música. Y a los que enfocan en la tele y a los que piden opiniones son cualquier cosa menos músicos. No estamos muy de moda ja, ja, ja.

F: Yo creo que está bien no estar de moda.

D: Yo me refiero a interés mediático.

F: Sí, lo sé y estoy bien con eso. Porque me permite hacer los discos que quiero. Siento que todo tiene sus ventajas. Tener una libertad artística al cien por ciento o que tú mismo te pongas tus estándares, es algo que valoro un montón, sobre todo en este primer momento, porque quién sabe qué va a pasar después, cuando no puedas tener tanto control.

D: Esa libertad siempre es bacán, pero también está el miedo a no poder elegir. Porque te hace bien decir, “si yo quisiera, esta es la oportunidad y la puedo tomar cuando realmente esté cansada, quiero que las cosas se me hagan más fáciles”. Y perdón que lo diga así, pero de verdad es más fácil. El camino es más fácil. Pero no está esa posibilidad, entonces, lo único que puedes esperar es que de verdad resulte con lo que tú hagas.

F: No sé si pueda decirse si es más fácil, porque cuando llega el momento en que se catapultan estas carreras, empiezan a funcionar de otra manera, las prioridades son otras. Se vuelve a pelear por que tu disco quieres que sea el que quieres, en vez de “quiero que escuchen mi disco”. Entonces, dónde está el balance también. Yo pienso que el camino más lento es mejor a la larga, porque personas como el Daniel (Gepe), entrando a Sony puede tener mayor control de lo que está haciendo, porque él mismo ha sabido como llevar su carrera hasta ahora.

D: Es que ahí está el tema, porque ¿diez años? ¿me estás hueveando? Llevo tres o cuatro y estoy más cansada que la mierda.

—En rigor, son casi diez años desde Audiovisión, en realidad, son por lo bajo siete años más.

F: Pero Dani, si somos jóvenes.

D: No me tires ese cuento, porque estoy cansada también, ja, ja, ja.

F: Soy un poco más optimista, ja, ja, ja.

blog comments powered by Disqus