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Jessica Hopper: “¿conoces la palabra mansplaining?”

Javiera Tapia Publicado el 22 de Febrero de 2017 por

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“Hoy es feriado, es el Día del Presidente, voy a salir con mis hijos, pero hablemos más tarde”, dice Jessica. Llegada la hora, preparo un vaso de agua con mucho hielo y la escena se ve más o menos así en mi mente, no puedo evitarlo, no quiero evitarlo:

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Al otro lado de la línea está Jessica Hopper, escritora estadounidense y crítica de música en diferentes medios desde la década de los noventa, como Chicago Reader, Spin, LA Weekly, The Village Voice. Para una nueva generación, en la que me incluyo, se hizo más conocida gracias a internet, desde su puesto como editora de música en Rookie, luego en Pitchfork y, actualmente en MTV News. También ha publicado dos libros: The Girls’ Guide to Rocking (2009) y The First Collection of Criticism by a Living Female Rock Critic (2015), este último con un título a primera vista presuntuoso pero que en realidad es una provocación, una crítica. En lo pomposo que suena, tiene algo de cierto y de cruel. Hasta el año 2015, la historia de la música ha sido registrada casi exclusivamente por hombres en este formato, excepto por títulos como Rock She Wrote, co editado por Ann Powers y Beginning to See the Light, por Ellen Willis.

Hopper, protagonista de un conversatorio de Ruidosa el 9 de marzo, es una de las pocas mujeres que paso a paso ha logrado establecerse en medio de una industria que ha cambiado completamente con el paso del tiempo. Partió en la década de los noventa, en Minneapolis, cuando estaba en el colegio. “Cuando empecé a involucrarme, iba a shows locales, a muchos. Y esto era antes de internet, en esa época, la música se movía desde estructuras mucho más pequeñas, en diferentes sentidos. El internet aún no había abierto las cosas, así que ser participante de la escena musical, en ese entonces, era porque tenías una banda, o tenías un fanzine o escribías para un periódico o trabajabas en las radios universitarias, armabas shows o simplemente ibas a los conciertos y comprabas los discos o el merch. Habían muchas maneras de participar, pero en esa época estábamos muy llamados por ese lema ‘apoya tu escena local'”, recuerda.

“Para mí, eso fue lo primero, luego, también estaba muy interesada en hacer crónicas acerca de mi participación, sobre mis sentimientos sobre algunas bandas, sobre todo sobre aquellas de mujeres, porque a veces la gente que escribía sobre estas bandas lideradas por mujeres no entendían el atractivo. No entendían el porqué. Como fan de esas bandas, no reconocía esas perspectivas en lo que leía y sentía que mi entendimiento o mis ideas sobre ellas no estaban escritas en ningún lugar”, declara.

Luego de ese impulso inicial, vino la educación autodidacta. Jessica no pasó por ninguna escuela de periodismo, sino que tomó el otro camino, el de perfeccionarte en lo que realmente te interesa. “La curiosidad era mi forma de educación. Leía sobre música, feminismo, cultura, sobre historia de la música… así que me di a mi misma la educación que me interesaba. Luego empecé a hacer cosas y traté de perfeccionarme. Trabajé con editores que apoyaban mucho mi trabajo, pero la verdad es que nunca esperé a que la gente me contactara y me ofreciera un trabajo o escribir sobre alguna banda, persistí. Siempre fui muy ambiciosa y aún lo soy, esa es la forma en la que pasé de ser alguien que publicaba sus escritos en un pequeño fanzine en el colegio a ser la editora de MTV News”.

El segundo libro publicado por Jessica es una compilación de escritos de diferentes temas y también épocas. Para todo escritor, volver a sus viejos registros a veces resulta ser un camino doloroso. “Ja, ja, ja, fue muy vergonzoso volver a leer todo lo que alguna vez publiqué. Algunas cosas las escribí cuando estaba en el colegio y ¡oh! en esa época pensaba que era una genia, pensaba que era tan inteligente, divertida y asertiva… cuando releí todo eso me retorcía, ja, ja, ja, ja. Pero, por otra parte, el libro fue un desafío para mí, como escritora adulta. Pensar ‘oh, acá tengo esta idea, escrita hace quince años y me veo realmente entrando en ella, sumergiéndome y explorándola desde ese momento’. Reflexiones sobre feminismo, música, el lugar de las mujeres en la música, sus expresiones, la independencia. Cuando descubrí eso me sentí aliviada. Pensé: “no es que no vaya a volver a tomar estas ideas, pero puedo dejarlas ahí por un rato e investigar sobre otras cosas que también me parecen interesantes”. Siento que le hice justicia a mis ideas, creo que las honré en mi escritura. Eso fue lo bueno y lo malo del proceso de escribir este libro, pero la verdad es que, como escritora, fue un regalo poder ir y mirar todos con ojos de adulta, como lectora adulta”, explica.

—Es difícil hacer ese ejercicio. Muchas veces vuelvo a textos antiguos y me avergüenzo un poco, pero al mismo tiempo, me doy cuenta de cómo hay ideas que van progresando, pero es complicado no juzgarte.

“Sí, por supuesto. Mira, mi mamá fue periodista por treinta años. Cuando estaba trabajando en este libro, fui donde ella y me dio un muy buen consejo: “esos textos escritos por tu yo más joven, tienes que tratarlos como lo harías si fueran de tus escritoras en Rookie. Imagínate como una escritora joven acercándote a ti, como editora, pidiendo ayuda”. Y esa idea me permitió ser mucho más gentil y no sentirme avergonzada. Y sí, tienes que mirarlos y estar orgullosa de tu yo más joven, porque estar avergonzadas de nosotras mismas no nos lleva a ninguna parte como escritoras o como personas. Creo que cuando te sientes insegura contigo misma como escritora, eso te tira para abajo y no ayuda a tu oficio. Cuando pude apagar ese sentimiento, sentí que podía servir a mi propia escritura”.

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—En una entrevista dijiste que escribiste este libro pensando en tus escritoras jóvenes de Rookie. Esa idea tiene mucho que ver con la representación que las generaciones posteriores a la tuya pueden tener en los medios. Es importante, ¿cómo lo ves de vuelta?

“Es difícil para mí decir qué es lo que significa esto que hago para otros escritores, sólo sé lo que ellos me dicen a veces, por ejemplo, cosas como “no sabía sobre la crítica de rock desde el feminismo hasta que leí tu trabajo”. Pero una de las cosas que creo que toda generación tiene, es que encontramos mujeres que hablan desde sus propias experiencias y en la mayoría de mi trabajo, lo que más me interesa hacer desde mi posición, es levantar voces y escrituras de otras mujeres a las que no se les han ofrecido las oportunidades que yo he tenido. Eso es lo más importante para mí”. Cuando Jessica tenía 16 años, Courtney Love pagó la impresión del tercer número de su fanzine. Años después, se la encontró en un avión y le regaló una copia de su libro. Moraleja: cuando una mujer apoya a otra, pueden pasar cosas maravillosas.

Además de ser escritora Jessica Hopper ha sido editora de medios logrando algo que en tiempos de sobre información pocos consiguen. Tomar espacios y convertirlos en verdaderos rincones de análisis, mezclando la música con la política, el género y la raza. Ha sido capaz de capturar a esa masa que le interesa leer sobre música y llevarla a lugares en donde ese tipo de lectura ya no existía (hola MTV). Sobre la misión de los editores de medios musicales en la actualidad, ella cree que “a medida que la música se vuelve más diversa y estamos frente a sonidos más amplios, que nacen desde diferentes inspiraciones, en distintas partes del mundo, la música se vuelve mejor, más arriesgada, más creativa e inspiradora. Es por eso que creo que se vuelve necesario que tengamos crítica y una escritura sobre música que venga desde muchas perspectivas, desde antecedentes diversos, diferentes ángulos y particularmente de mujeres y sectores que históricamente han sido marginalizados por la crítica tradicional. Porque la gente no las ve como una autoridad, sino como fanáticas… “oh, fanáticas, ellas no saben nada”, eso piensan, cuando en realidad ¿quién sabe más de música que una fanática? Ellas son expertas. Todos deberíamos contratar fanáticas, ja, ja, ja”.

—Es verdad, las mujeres somos groupies, los hombres expertos.

“¡Es cierto! Y en realidad, saben más que nadie: entienden al autor, entienden lo bueno y lo malo de un artista. Son enciclopédicas en su conocimiento y creo que hay mucho valor en contratar a las fanáticas y a escritoras jóvenes que tienen otro tipo de entusiasmo. Quizás no conozcan toda la historia o los contextos, pero de verdad aman la música y creo que ese es el lugar más importante para comenzar”.

—¿En qué momento sentiste que no tenías que probar tu capacidad y tus conocimientos con terceros? Siempre pasa que te ponen a prueba varias veces y de las formas más tontas, antes de creer en tu trabajo.

“Eso es difícil, aún me pasa, sobre todo fuera del trabajo, con hombres que no saben a lo que me dedico ¿Conoces la palabra mansplaining?

—Ja, ja, ja sí, ¡la vivo!

“¡Ja, ja, ja! sí, bueno, hace poco me pasó conversando con un hombre, me decía “esto, esto otro y aquello” sobre el trabajo de Joan Jett y le dije “sí, ella recomendó mi libro” y el tipo seguía, ¡agh!. A veces las mujeres no son oídas, los jóvenes no son oídos y es pésimo, porque perdemos mucho cuando esto sucede, cuando no son parte de la conversación, sobre todo en el arte y la cultura”.

—Y bueno, actualmente Estados Unidos está viviendo un momento, por lo bajo, complicado. ¿De qué forma que esto va a repercutir en la creación artística? Todos los días aparecen acciones de músicos en contra del gobierno.

“Sí, está muy duro. Creo que todavía estamos a la espera de ver en qué se convertirá todo esto, es muy difícil ser optimista cuando por ejemplo se está hablando de quitar el NEA (National Endowment for the Arts). La forma en que eso impactará no la conocemos, pero una cosa que sí sabemos sobre los músicos y los artistas es que sin importar lo que esté pasando, ellos seguirán haciendo arte y eso es esperanzador”.

Imagen de portada * Lauren Silberman

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