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Los Amigos Invisibles: Porque gozar es un arte

Los Amigos Invisibles: Porque gozar es un arte


Veinte años de baile, ritmo y sabor que ya son una marca registrada. Veinte años en que su nombre se transformó en sinónimo de fiesta en cualquier idioma. Nunca fueron típicos, y hace rato que dejaron de ser sólo venezolanos. La gozadera de Los Amigos Invisibles, y ellos bien lo saben, ya le pertenece al mundo entero.

El 15 de abil del 2007, el Vive Latino Chile se tomó el Club Hípico. Fueron 55 bandas repartidas en tres escenarios. Y entre ellos, Los Amigos Invisibles hicieron su debut en Santiago con una presentación breve (como se entiende en medio de la instancia en la que estaban) y con varios problemas técnicos. Sin embargo, el día anterior la historia fue muy distinta. Una noche de aquellas se tomó El Huevo de Valparaíso, una que Mauricio Arcas (Maurimix, percusiones y coros) y José Rafael Torres (el Catire, bajo), desde Caracas, Venezuela, aún no olvidan.

“Ese show tuvo una energía increíble. El del Vive Latino, sí, estuvo bien, pero el de Valparaíso quedó para la historia”, cuenta el Catire. “Sólo estuvimos brevemente. Nos hubiera encantado tocar en más lugares. Yo recuerdo ese día con mucho cariño. Y mira, la imagen que tengo del público chileno, basado en esa experiencia: están todos locos. Ustedes están todos locos por allá abajo, fue una gran locura”, dice entre risas.

Fue la primera y única visita de este sexteto venezolano a nuestro país. Eso, hasta este mes, en que regresan para presentarse en el Centro Cultural Amanda el próximo 19 de mayo. Y las expectativas son altas. Tanto del público como de ellos mismos. Porque da la coincidencia de que Los Amigos Invisibles no vienen en un momento cualquiera, sino que celebrando veinte años de carrera. Una que empezó cuando todavía iban en el colegio.

“Hay quienes hacen deporte, hay quienes hacen música. Nosotros, pues escogimos eso. No fue una respuesta a lo que estaba pasando en Venezuela, eran las ganas de adolescente de tener una banda”, explica el hombre de las percusiones. Más adelante, claro, notaron que su sonido era radicalmente único respecto a lo que los rodeaba. “Nos dimos cuenta que la escena musical era toda muy rockera, y lo bailable era más bien salsa y merengue. Y nosotros veníamos haciendo algo como acid jazz, nos dimos cuenta que era la unión de muchos ritmos y que era muy fiestero, a diferencia de lo que había entonces en nuestro país: mucho ska, mucho de protesta. Nosotros nos fuimos por la onda setentosa y ochentosa. Era lo que sentíamos y nos gustaba”.

Y claro, las influencias venían de todas partes. Los nombres que los han inspirado musicalmente son tantos que les es difícil acotarlos. “Desde Juan Gabriel hasta Prince. Pero sí tenemos una tendencia hacia la música divertida, que nos mueva y que tenga energía. Entonces, yo creo que nuestros favoritos serían todos ésos: todos las que te hagan bailar”, reflexiona Maurimix. Catire, mientras tanto, se arriesga con un par de nombres. “Una cosa que reconozco de los chilenos es que siempre preguntan acerca del funk, eso les llega. Y en ese género, puedo decir que Corduroy es una de mis bandas favoritas. Los Brand New Heavies, también, un grupo muy inspirador para todos nosotros en un principio. Jamiroquai, también. Una de las bandas de cabecera cuando empezamos”.

DE TÍPICOS, NADA

Allá por 1995, Los Amigos Invisibles editaron su primer álbum, “A Typical and Autoctonal Venezuelan Dance Band”. La ironía del nombre, sin duda, los persigue hasta hoy. Y es que hace rato que dejaron de ser un fenómeno local, e incluso latinoamericano. Lo de ellos ya es global, y no cabe duda que hace años ya que son una banda internacional de tomo y lomo. Giran por el mundo con frecuencia, y son prueba fehaciente que lo del idioma es secundario cuando la música es buena. Ahora, lo divertido viene cuando aquellos que hablan otras lenguas se enteran de lo que dicen sus temas.

“Salvo España, en Europa nadie entiende nuestra letras. Los mueve lo que escuchan, y está bien, los latinoamericanos escuchamos música en inglés toda la vida, ¿no? Ellos van a un show, ven que la gente se prende, baila. Creo que que aprecian nuestra entrega. La performance y la energía. Pero sí, hemos sabido historias de gringos cantando ‘El Disco Anal’ (de su disco “The New Sound of the Venezuelan Gozadera”, de 1998), que les encanta y luego se enteran de qué dice la letra. No se lo pueden creer, ¡se freakean! Pero ni modo, eso también pasó en nuestro país. Cuando salió esa canción, a mi mamá le parecía que éramos unos groseros por andar cantando eso en la radio. Cuestión de gustos”, cuenta el Catire.

La internacionalización, eso si, ha tenido una consecuencia muy curiosa: varios eventos importantes que ocurren en el mundo tienen repercusión directa para ellos. Cataclismos incluídos. “Por ejemplo, teníamos gira en México cuando sucedió lo de la epidemia de la gripe A1H1. Hace unas semanas nos íbamos a Japón, tocábamos el 15 de marzo y cuatro días antes pasa lo del terremoto. No pudimos ir. O cuando estábamos en Europa y ocurrió lo del volcán (Eyjafjallajökull, en Islandia). Nosotros alcanzamos a escapar, pero nuestro ingeniero de sonido, que se quedó un día más, no pudo volver sino hasta dos semanas después”, recuerdan.

Pero, pese a tanta historia que podría sugerir lo contrario, ellos siguen sintiéndose plenamente venezolanos. “Personalmente, yo vivo hace diez años en Nueva York, pero el 98% de mis amigos allá siguen siendo compatriotas. Por más que vivo en un lugar extranjero, estoy amparado en mis raíces, y creo que puedo hablar por todos en la banda cuando digo que no nos sentimos ajenos a lo que sucede en nuestro país, aunque nuestra carrera se lleve a cabo en el resto del mundo”, explica José. Mauro lo complementa: “Nosotros seguimos trabajando, venimos a Venezuela con mucha frecuencia, nuestra familia sigue acá y, bueno, seguimos formando parte de este país”.

UNA FIESTA HONESTA

Si acaso faltaba un álbum definitivo para la consagración de Los Amigos Invisibles, éste llegó el 2009 bajo el nombre de “Comercial”. Un disco rotundo, que combina estilos y humores que con un equilibrio digno de una banda con su prontuario. Editado internacionalmente por Nacional Records (propiedad de Tomás Cookman, quien ya había sido mánager de la banda antes), ha tenido una rotación insana, con canciones como ‘Mentiras’ que llevan ya dos años (sí, dos años) sonando en radios norteamericanas y mexicanas. Por lo bajo, un éxito.

“Pienso que es el álbum más grande que hemos hecho desde “Arepa 3000” (2000). Lo que vino después ya era más caprichoso, para personas más melómanas. Con “Comercial” retomamos ese camino que empezamos con “The New Sound…” y “Arepa 3000”. Pero la recepción ha sido una gran sorpresa. Lo que hicimos fue componer canciones muy honestas, y luego recolectarlas. Después salió ese contexto de spot publicitario”, rememora el hombre tras las cuatro cuerdas. “Definitivamente, tienes razón en eso: fue una suerte de consolidación”.

La ola que vino con semejante recepción dio pie para un segundo disco de lados b para el hemisferio norte, “Not So Commercial”, el principio de la celebración de estos veinte años de carrera que tendrá su punto cúlmine el 2 de junio en Caracas, e incluye un documental sobre la historia de la banda, llamado “La Casa del Ritmo”. “Fue idea de un amigo”, explica Mauro. “Vino con esta idea de registrar el aniversario de la banda, la historia, y también un show en vivo que hicimos hace poco. Quedó muy chévere. Por lo poco que he podido ver, está bien interesante, creo que le va a gustar a todos los panas que lo puedan ver”.

Un viaje que ha tenido un montón de historias, incluyendo la creación de su propio sello discográfico: Gozadera Records. “Nace por necesidad: para el año 2003, nos encontramos con un disco engavetado que no podíamos publicar. La única forma de sacar “The Venezuelan Zinga Song” era así, a través de Gozadera”, cuenta Catire. “Luego se hicieron compilaciones, y salieron los discos solistas de Julio (Briceño, vocalista) y Cheo (José Luis Pardo, guitarrista). Y así seguirá siendo, discos solistas y compilaciones, más que nada, porque sacarle el disco alguien más… Requiere un compromiso profundo con esa persona. Requiere inversión de recursos, de tiempo, una infraestructura y una energía que no tenemos. Entonces, si firmásemos a alguien, le estaríamos haciendo un mal muy grande”.

Y ellos bien saben el esfuerzo necesario para levantar y mantener un proyecto así. Ellos mismos son conocidos como una de las bandas más trabajadoras del mundo, un comentario más que merecido. “No hemos hecho más que trabajar, darle y creo que eso se nota mucho en la tarima”, piensa Mauro. “Hemos conseguido todo esto a punta de trabajo”, tanto como banda como entre sí, para mantenerse juntos durante tanto tiempo. Una rareza: los mismos seis que comenzaron son los que siguen juntos. “No es fácil. Hay que ser muy tolerantes, tener mucho respeto los unos con los otros. Somos muy democráticos, para todo hacemos votaciones. Hay que tener fe en lo que uno hace, muchísima constancia. Pero también es necesario ese repeto para que no se te hunda el barco”.

ZAPATOS CÓMODOS

Este jueves 19 de mayo es una cita que viene cocinándose por años, y la banda lo sabe. Están las ganas de volver, presentar un nuevo show (ya han salido dos discos desde aquella primera venida). Y claro, también pequeños factores extra musicales. “Esperamos que podamos volver a ir con más frecuencia, ¿no? La parte sur de Latinoamérica la conocemos poco y nos gusta mucho. El vino chileno, también. En Venezuela tomamos muchísimo vino chileno”, confiesa Mauro. De hecho, uno de sus recuerdos de aquella primera vez son los pasillos de vinos (“¡torres y torres de botellas!”) en los supermercados.

Pero alcoholes aparte, ellos saben que tienen mucho que mostrar. Ésta no será sólo una fiesta: también es un aniversario. Mal que mal, veinte años no se cumplen todos los días. “Es un recorrido de todos los discos. Va a ser una gozadera, todo el mundo va a brincar y a cantar”, promete el Catire. De hecho, el setlist se hace en función a la respuesta de la gente, una opinión que les importa más que las de ellos mismos.

“Tratamos que el show tenga una cierta curva”, explica Mauro. “Pasa por un lado latino, uno un poco más lento, pasa por el funk, el house, pasa por el lado medio disco e incluso por el lado medio cómico. Pero el repertorio lo termina eligiendo el público”. Tan así, que hay canciones que son intocables: sí o sí tienen que estar. ‘Por ejemplo, ‘Ponerte en Cuatro’, no nos atrevemos a hacer un concierto sin tocarla. De hecho, no recuerdo que eso haya pasado en la historia de la banda”, cuenta José entre risas. “Además, sabemos cómo reacciona la gente con ellas. Es muy grato cuando ves, no sé, a dos mil personas saltando y coreando esos temas”.

Y así va a ser en unos cuántos días más. La gozadera se va a tomar Santiago, qué duda cabe. “Estamos súper contentos de volver y vernos pronto por allá. ¿Un mensaje? Que se pongan zapatos cómodos, para bailar, porque vamos con todas las de la ley, con todos los hierros a ponerlos ahí….”, dice Mauro, y el Catire completa la idea como cualquier otro integrante de Los Amigos Invisibles lo hubiera hecho: “En cuatro”.

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