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Los Valentina: “hay muchas mamás que dejan sus vidas botadas por sus hijos”

Javiera Tapia Publicado el 21 de Enero de 2016 por

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Se supone que en una vida ideal, nuestras casas son un refugio frente a todo lo dañino que podemos encontrar afuera. Llegamos a cierta edad y ya sabemos que el mundo no está tan bueno, pero que hay instantes de felicidad. Relaciones con otras personas que mejoran hasta el peor día y también, un hogar. Un hogar no siempre es una casa. A veces es hasta un amigo. Eso sí, entrando en la casa de Valentina Martinez de Los Valentina para realizar una entrevista, sentí que entraba a un hogar. Un departamento en el centro de Santiago, antiguo. En un barrio que sigue siendo barrio. Paredes de rosa pálido, el parqué igual al que muchas veces mi mamá me pedía que ayudara a virutillar. Más tarde me contaría que allí vivía una abuelita, que el baño tenía anti deslizante y barras para sostenerte.

Me ofrece un vaso gigante de agua con hielo y lo acepto feliz, igual que los dulces Arbolito que saca de un tarro y me regala.

Los Valentina son una de las últimas bandas que firmó Piloto, el sello que el 2015 sacó discos destacados como Temporada de Patio Solar y Nonato Coo de Niños del Cerro. Durante el fin de año, esta banda -compuesta por ella, Mico (Medio Hermano), Leo Saavedra y Roberto Sanhueza- liberó dos temas y el martes 19 de enero, por fin mostró su EP debut por completo, Señoras.

—Han tocado sólo una vez, en el cumpleaños de Piloto, en la casa de Simón de Niños del Cerro, en La Florida ¿te gustó esa tocata?

“Me gustó, mas no me gusto el pantalón que andaba trayendo. Eso es lo único que recuerdo que no me gustó. Fue una buena experiencia. Fue la primera, después de un año entero ensayando”.

“Nosotros partimos con el Mico a fines del 2014, empezamos a asistir a la sala juntos. Él ensayaba ahí con Medio Hermano y yo le mostré las canciones en un carrete en su casa. Me dijo que le gustaban y que lo hiciéramos juntos. Yo empecé a ir a la sala, a pagar la cuota y llegó Roberto. Antes toqué en varias bandas. Una se llamaba Sopita de Pollo. Era media grunge, nunca tocamos en vivo y cuando me fui justo tocaron en el Loreto, así que fue como la cábala haberme ido. Ahí solo tocaba la guitarra, después me tiraron pa’l bajo y como caché que el baterista era bajista, me enseñó las baterías y las terminé tocando yo”, relata.

“Después me fui. Fue justo el terremoto de hecho, el de febrero del 2010 y ahí yo me distancié. El terremoto me pilló cuando volví con mi familia, me había ido de la casa. Y cuando me pilló eso fue como chuta… no sé. En verdad, no estaba muy motivada en la banda tampoco, porque los locos eran super jaleros y yo llevaba onda, mi leche y galletas ja, ja, ja y los locos jalaban encima del sintetizador. En ese tiempo era más pollo, ahora me hubiese dado lo mismo. Me aleje harto de la música después, pero siempre grababa maquetas. No encontraba gente interesada en formar un equipo. Pensé en hacer una banda de puras mujeres y nunca resultó. Nunca nos juntamos”.

Así, después siguió conociendo gente e intentando levantar proyectos musicales, pero por diferentes motivos prácticos nunca se llegaban a concretar. “De ahí conocí al Mico y fue bacán, porque hizo que funcionara Los Valentina”, explica.

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—¿Por qué funcionó ahora y no antes?

“Yo creo que es la actitud igual. Cuando llegué y dije ya, vamos a hacer una banda, son puros hombres, da lo mismo, y yo tengo que sacar la voz igual, porque siempre había sido muy tímida para cantar. No tenía ninguna experiencia en cuanto a la proyección de la voz, nada. Y me sentí a la par con ellos, porque estaban tocando por primera vez un instrumento distinto, era como que si yo me pifiaba, ellos se pifiaban y le dimos duro con los ensayos por un largo tiempo. Además, pasaban esas cosas que me hacían pensar que íbamos por un buen camino. Como cuando estai ensayando y de repente te vai en la melodía completa, abres los ojos y ves que están todos en la misma onda, que están todos con los ojos cerrados, muy metidos en todo. Yo creo que por eso no los cambiaría por nada. El proyecto va bacán”.

Valentina tiene 26 años. Me cuenta, además, que han tenido que pasar muchas cosas para llegar al lugar en el que está ahora. “Lo que pasa es que yo tomé una decisión, que fue salirme de una carrera. Yo estaba estudiando arquitectura, me salí y me fui de la casa de mis papás. Igual nuestra relación era insostenible. Me fui dos veces, perdón, tres. La tercera es la vencida. Pero entre eso, cuando no estaba en la casa, estar arrendando piezas, trabajando y saliendo cuando me daba la gana de salir, conocí mucha gente importante que después seguía viendo en el camino y me iba aconsejando”. Todas esas conexiones la llevaron a Los Valentina, eventualmente.

Y a compartir espacios con otras bandas.

Una de las mayores virtudes de esta nueva ola de grupos que apareció durante finales del 2014 y todo el 2015 es que ninguno se parece al otro. Se comparten ciertas maneras de ver la vida y el hecho de hacer música, además, de la que una generación completa está siendo testigo por primera vez.

“Yo tengo 26 y me he topado con personas mucho más jóvenes en las tocatas. Es bacán que haya una convocatoria tan amplia. Pero si hay algo que compartimos es que hay una emoción que estaba como silenciada. Hubo un tiempo que yo cachaba que no se movían muchas cosas, que se tocaba siempre en los mismos lugares, o en un pub, la SCD, en Loreto, pero nunca se había implementado este formato de tocar en una casa, en un patio, en un galpón. Y los chiquillos me contaban que en las tocatas de Patio Solar o de Medio Hermano había una actitud punki de saltar, de soltar energía. Yo eso lo encuentro la zorra y mucho mejor si es de una forma independiente. Prefiero eso que los conductos regulares que siempre se llevaron a cabo y que no me llamaban mucho la atención. Además he conocido a un montón de gente.

Para mí igual es cuático, porque vengo de una burbuja: trabajando para pagar las cosas, de repente no podía ensayar, no sé, es como que para mí ha sido un proceso bien importante. Trabajo en una cafetería de lunes a sábado y salgo a las cuatro y media y ahí tengo tiempo para programar los ensayos. Y es pesado igual, eso es lo que trato de relatar en las canciones. Cuando tengo un pensamiento que quiero meter en una canción no es respecto al amor o la primavera. Es respecto a la gotita que va cayendo (desliza el dedo por su frente) y por qué cae. Por qué llego así a fin de mes, ¿cachai?. Igual es como algo que a todos nos puede llegar a pasar en algún momento. Cuando tratai de independizarte acá y te topas con trancas.

Es lo que vas recopilando cuando vas en el Metro. Una recopila información. Vai cachando que hay ánimos caldeados de repente. Hubo un tiempo en que mi bici se pinchaba mucho. La arreglaba y se pinchaba. Una y otra vez. Y estuve andando en Metro y más de una vez me agarré con gente porque de verdad es cuático. Me gusta esa rabia y no necesariamente soltarla con la gente, sino hacerlo de otra manera”.

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Señora Civilizada

El EP de Los Valentina se llama Señoras y trata sobre ellas. “Hay canciones que hablan de la señora que se levanta a las siete de la mañana para ir a trabajar. De la señora que se queda en su casa y ve las novelas. Es el personaje que más resalta, en la mayoría de las canciones. Hay dos, en especial: ‘Señora 1’ y ‘Señora Civilizada’. Esa última yo la escribí para mi vieja igual… relata la vida de una mujer que dejó ahí sus sueños, que dejó ahí sus anhelos de ser lo que haya querido ser y se quedó sentada en un escritorio de una oficina, siendo secretaria, toda la vida. Entonces, es como una pena media disfrazada igual. Hay muchas mamás que dejan sus vidas botadas por sus hijos. La mujer debería tratar de llevar a cabo lo que quiera ser”.

“Y bueno, ‘Señora 1’, el uno es un número entre muchos y habla de la señora que está en su casa y sobre lo que la tele le vende a esa señora. Le vende novelas, productos para el hogar, descuentos, supermercado. Se basa en una vida en círculo. Además, a mí me han apoyado muchas señoras en la vida: mamás de amigos, tías abuelas, tías, mamá. Me han agarrado y me han sacado del hoyo. Son personajes muy valorables”.

“La tipografía de la carátula es la letra de mi abuela”, me cuenta. Copió las letras una a una de una dedicatoria que ella le escribió y desde ahí salieron esas figuras curvas que adornan la esquina inferior izquierda del disco. La foto también tiene que ver con su abuela. “Ella colgaba las bolsas del té en las plantas. El té seco es un abono bacán para las plantas y ella lo colgaba siempre en el jardín. Cada vez que la iba a ver en las vacaciones habían bolsitas colgadas”.

Las realidades de las mujeres son temas poco registrados en el cancionero popular. Si pensamos en la actualidad o en el pasado reciente, estos personajes se encuentran expuestos en escenas poco masivas y en otros géneros diferentes al tuyo. En un ejercicio rápido de nombres, está por ejemplo, el último disco de Camila Moreno, donde se hace de una manera súper directa. Y si nos fijamos en la historia, más atrás, Violeta Parra hablaba sobre la mujer trabajadora, la maternidad, de ser mujer. Tú lo estás haciendo dentro de una escena que tampoco habla de las mujeres. De hecho, hay muy pocas tocando, aunque sí hay muchas en el público.

“Sí y es raro igual, porque es un personaje que todos tenemos cerca. Hablar de esto para mí es natural. Hacer música es un relato que uno establece con alguna idea. Tiene que ver con lo que uno decide en la vida igual. Cuando yo decidí no arrendar un departamento chico con tabiques delgados pagando la misma cantidad de plata que podía pagar en este, pero teniendo que buscar esta hueá hasta el fin, es una opción que yo tomé. Cuando decido no ir al supermercado y en su lugar ir a la verdulería de la esquina, es otra opción que tomo y tiene que ver con lo coherente que podís llegar a ser. No sería coherente si compusiera canciones de amor en la playa ¿cachai? Igual, probablemente sí ja, ja, ja.

“Además, hay tantos temas que abarcar en Santiago. Está lleno de cosas. Y yo, por lo menos, voy a tratar de relatarlo igual”.

—¿Qué es lo que vas a contar?

“Todo lo que no cuenta la tele y los medios. Están todo el rato exagerando, la gente anda con miedo, es ridículo. Creo que la opción para los jóvenes es dejar de sentir miedos por hueás y lanzarse a hacer cosas distintas. Vivir solo, intentarlo, hacer otras cosas. Hay que atreverse. Hay una canción que se llama ‘Serpiente’, que habla de la corrupción, de esos locos con sus trajes, que son todos muy frescos. Imagínate. yo estaba acá solo con tele nacional, la radio y música, y sentarse un rato y prender la tele, porque yo no tengo plata para pagar un pack de cable y toda la tontera, era cuático. Tanta tontera. Solo me gusta la tele los sábados en la mañana, cuando dan Malcom, Los Simpson, Futurama y Bob Esponja. No dan ganas de levantarse, es lo mejor. Oye, ¿tu no preguntai sobre las influencias de las bandas?

—Ja, ja, ja, no la verdad. Casi nunca. Es que encuentro que a veces es una pregunta muy comodín, media pelotuda y se pueden preguntar cosas más interesantes. Igual, a veces los músicos solos te lo empiezan a contar y está bien también.

“Ah bacán, es que es difícil definirse. O sea yo ahí tengo hasta Evanescence”, me explica apuntando a sus discos, “tengo todo. Además lo que te puedo decir ahora puede cambiar mañana. Cuando uno muestra la música, le deja como un campo a la gente en el que se puede pasar rollos para saber de dónde viene y eso es más entretenido. Y ojalá encuentren un montón de influencias y sentidos en una canción. Es mejor dejar ese espacio despejado que poner una hueá al centro. ¿Qué música estai escuchando tú?”, me pregunta.

—Ahora estoy muy pegada con Betacam, con Los Lagos de Hinault. Y con el último disco de Francisco Nixon. Ese disco es la zorra. Es súper cercano al sonido Torrelaguna, pop disco que suena medio fancy y tiene hasta un cover de ‘Juventud’, una canción de una banda chilena de los setenta que se llama Tiza, que luego hicieron carrera en España. Me gusta mucho el canto en castellano. La composición en el idioma. Es tan rico, se puede moldear tanto con los sonidos. Da para tantos juegos. Es bacán. ¿Te has dado cuenta que en los archivos de prensa en audio o video antiguos toda la gente habla bonito? ¿Por qué no se podrá volver a eso?

“Es verdad. Me gusta mucho lo antiguo. Hay muchas cosas que me gustaría que volvieran. Que vuelva esa poesía de la que hablas, que es distinta. Es cuático. Espera, mira”. Sale corriendo de la sala y vuelve con una revista en las manos. Me pasa un ejemplar de Estadio, de 1949. “Si quieres te presto esta revista. Queda grabado en este audio que la voy a reclamar, ja, ja, ja. Sale el mejor arquero de la historia de Chile”.

Fotos: María Paz Alvarado

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