Esa idea de ir a comprar un cassette virgen para grabar las canciones de la radio y hacer tus propios compilados es lejana. Vaga. El sufrimiento por encontrar una mención de la emisora justo encima de ese solo de guitarra, o el fin de la cinta antes del último coro, ha sido reemplazado porque se te acaba la batería del iPod en medio de un taco arriba de una micro, o simplemente, porque Youtube no permite mostrar ese video en tu país tercermundista.

Han pasado 20 años. Los mismos 20 años que cumplió la radio Rock & Pop en diciembre pasado y que celebraron con una fiesta hace un par de días. Y no sólo ha cambiado la forma de recibir la música. Cambió una industria completa, la oferta es diferente, los sellos ya no poseen el poder absoluto que tuvieron durante los años noventa, las voces y la parrilla radial también han variado mucho y, por supuesto, el público. En el año ’92, esta emisora surge como un espacio que pretendía capturar la atención de jóvenes entre 15 y 25 años, los mismos que actualmente están o superan los 30.

¿Qué es lo que actualmente observa con recelo y nostalgia ese antiguo público? Jóvenes que crecieron y que, dejaron de escuchar la 94.1 porque se sintieron interpretados por  otros diales o apagando la radio, nada más. ¿El grupo que creció con R&P ha pecado de ingenuo? Si la emisora nació como un negocio más, que si bien durante esos años apostó por una renovación de la parrilla ¿no se movió por las aguas comerciales tal como se hace ahora? Estas preguntas pueden sonar absurdas, pero lo claro es que aquel público es el que recuerda con nostalgia esos años y algunos, de forma bastante ingenua, se sienten abandonados y un poco traicionados. Es un sentimiento de falso abandono comparable con el cambio de MTV que antes mostraba videos y los viudos de Green Day o el grunge. El razonamiento apunta a que ellos se hicieron adultos y lo que en esos años era comercial, ya no lo es más. ¿Será acaso la parrilla musical lo que los hace sentir esa nostalgia? Si ahora pueden acceder a discografías completas con sólo un click, no debe ser sólo el cambio musical el que los hace añorar aquel tiempo.

No es que la Rock and Pop haya inventado un fenómeno o haya inventado una estética o un marco de referencia. Eso pasaba, eso existía en el país, en los amigos, en las universidades, pero ningún medio le había dado cauce. Entonces, cuando alguien formatea esto, genera una empatía lógica. La Rock and Pop entendió lo que había que hacer en ese minuto. No inventaron el rock chileno ni nada… esas cosas iban a pasar igual. De pronto surge un medio donde el tipo cacha más lo que hay que hacer”, asegura Marisol García en Los Noventa.

Lo que está claro es que bajo ningún punto de vista esta radio es recordada por inventar bandas. Eso explotaría tarde o temprano. La cuestión tiene que ver con lo que comenzaba a sonar una vez que terminaban las canciones. “(…) la Rock & Pop era una radio hablada, a la argentina. Y donde hablaba gente que no eran locutores, sino que hablaba “como habla la gente”, recuerda la periodista Paula Molina para Los Noventa, “era una cuestión suelta, una cuestión que reflejaba la calle y que reflejaba a la gente joven. Eso era algo absolutamente inédito en ese momento. Fue absolutamente explosivo. Se convierte en un medio exitoso no sólo en los jóvenes, sino a todo nivel de audiencia. Había un espacio que se llamaba “La tuya en Rock and Pop” que salían a la calle y tú pedías una canción y después te ponían en la radio. Y era como ¡Guau! Ja, ja, ja, ja…”, continúa.

Y si el paradigma del rol de la industria radial se vio modificado en esos años, el camino no se estancó. Este siguió cambiando, con mucha más rapidez que antes e incluso, de forma más torpe. Si ahora es posible conseguir una discografía de 5 gigas, al mismo tiempo que revisas tu correo electrónico ¿cuál es el valor agregado de una radio? Probablemente, sea la conversación y, es cosa de dar un paseo por el dial para preguntarte ¿hay algo que se esté diciendo que valga la pena? ¿existe una identificación por parte de la audiencia con lo que están oyendo? O quizás ahora es al revés, ¿acaso se está presentando un público que desea identificarse con los contenidos que se presentan?

Todas estas preguntas indican que tanto la industria como el público están aturdidos. Existe la comodidad de tener un mar de información encima, al alcance de todos y nadie sabe aún muy bien como reaccionar, que es quizás lo más preocupante ¿en qué momento vendrá la reflexión? ¿cuándo será el momento de dejar de presentar banda tras banda, marca tras marca, para pensar qué está pasando realmente con la música? No es necesario tener un doctorado en musicología para hacerlo. En su momento, las voces de R&P no lo tuvieron y aún así la música nueva, los estrenos y la conversación tenían algo de cabida. No podemos decir que la totalidad de la escena musical en Chile de esos años estuvo representada, pero existió un debate y un formato nuevo de hacer las cosas que antes no existía.

Si ahora no existe tal nivel de conversación ¿es porque ya no hay nada que decir? O acaso ¿el público ya no quiere escuchar? Lo cierto es que el tiempo nos ha aturdido. La velocidad nos ha aturdido, tanto a la industria como al oyente y, a 20 años de un cambio que marcó a una generación, es preciso tomar el tiempo de contestar al menos algunas de estas preguntas.