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Carly Rae Jepsen: La e•mo•tiva visita de la dinastía pop

Carly Rae Jepsen: La e•mo•tiva visita de la dinastía pop

Con banda y coristas dispuestos al baile, una intervención de fans en medio de ‘The Loneliest Time’, y la e•mo•ción a flor de piel por parte de la artista y chilenos, lo de la canadiense fue una suerte dentro de la mala racha. Verla en formato reducido, sin el ambiente festivalero masivo, fue un verdadero regalo: el que se merecían los acérrimos fanáticos que dejaron en claro qué lugar ocupa Jepsen en la dinastía del pop actual.


Por estos días hemos visto en muchos ojos fanáticos la felicidad de concretar el encuentro en vivo; poder escuchar en directo aquellas canciones que nos acompañan a diario, piezas que nos cautivan, nos cobijan, el soundtrack de nuestras aventuras agrias y dulces. Podría pensarse que es un ritual mucho más asociado a proyectos históricos, que por décadas han servido de amigos omnipresentes cuando les damos play. Así fue con Blur y con Pulp. Pero eso es lo mismo que pasó anoche con Carly Rae Jepsen.

La cantante canadiense es una de las divas bajo perfil de pop, nunca había visitado nuestro país, y lo de ayer fue esa deuda pendiente para muchos, muchas y muches. Desde temprano varios seguidores se apostaron en la entrada del Teatro Coliseo, que tímidamente se fue llenando hasta dar con el vamos con un pequeñísimo atraso. ídola gay, crush lesbiano, musicalizadora de adolescencias, también de los treinta y los cuarenta. Coliseo se vio compuesto por variopintos públicos que tenían un gran conductor: poder cantar a todo pulmón, y junto a su creadora, esas canciones que se han ganado miles de corazones en un poco más de una década.

‘Let’s Sort the Whole Thing Out’, ‘Run Away With Me’ y ‘Anything to Be With You’ prendieron inmediatamente la fiesta, aprovechando de darnos pistas de lo que sería todo el show: un pensado repaso por toda su carrera. Si bien su visita está enmarcada en la gira de su más reciente disco, The Loveliest Time, Carly Rae Jepsen cuenta con una discografía tan pulcra en el pop, que es realmente grato ver cómo va integrando todas sus pasadas por el estudio.

En un universo paralelo, este show era presenciado en el marco del Primavera Sound Santiago –que se está desplegando de manera tímida en nuestro país en una coproducción con Bizarro para pasos de Pet Shop Boys, Bad Gyal y Bad Religión–. Ese fue el caso de su paso por Buenos Aires. Desafortunados por no tener el megafestival, pero totalmente afortunados de haber tenido el lujo de ver a Carly Rae Jepsen en una intimidad de teatro, donde la simbiosis entre la gente sobre escena y quienes cantamos sin micrófono es inigualable.

Un show para fans, que crece considerablemente más cuando son los mismos seguidores los que dan toda la energía, el baile, el griterio y los aplausos para que se pase de divertido a inolvidable. Al menos así lo sintió la propia artista, que no cesó en los lugares comunes del son el mejor público del mundo, jamás olvidaré esta noche. Podríamos no creerle, no es que este sea nuestro primer concierto y no sepamos cómo funciona la dinámica, pero es muy difícil no entregarse a estas afirmaciones cuando es la propia Carly quien pareciera estar viviendo, genuinamente, una noche que no pasará desapercibida en el listado del tour.

Con un fan proyect incluido, donde el público elevó carteles con la leyenda “Your Music Is Our Nirvana”, haciendo guiño al sencillo del álbum del mismo nombre, ‘The Loneliest Time’, se tangibiliza esa emoción. La carrera de CRJ ha estado en el under mainstream, si bien es una artista que gira por el mundo y figura en los grandes festivales, su música sigue siendo una joya oculta para muchos; presenciar en este formato teatro a una constructora del pop como lo es ella, que debería estar encabezando todo lo que se le cruce, es oportunidad de una en un millón. La energía sólo fue creciendo entre gritos, bailes con coristas y músicos, firma de discos en plena interpretación, y una noche brillante para atesorar en el alma. Una que, realmente, creemos que le costará olvidar.

Foto por María Loreto Plaza – Cortesía Bizarro.