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Movistar Primavera Fauna: apuntes sobre una tibia quinta edición

POTQ Magazine Publicado el 16 de Noviembre de 2015 por

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Había que tener mucho aguante para soportar los 30° de calor que se sintieron en las piscinas del Espacio Broadway, sumado al frío viento que bajó por la noche, además de la agresiva reacción alérgica a la primavera en algunos casos. Pero contra todo pronóstico, lo que se vivió en Movistar Primavera Fauna -musicalmente- fue una correcta versión del dicho festival, con una parrilla media que a momentos dejó mucho que desear (Wild Nothing), pero que la jerarquía de los cabeza de cartel y algunas increíbles sorpresas (Explosions in the Sky, Rhye), pusieron la guinda de la torta en casi quince horas de música.

Ya en su quinta edición, el festival dejó que desear en algunos aspectos logísticos. El sistema para comprar la bebida consistía en usar una pulsera que cargabas en un centro de carga. Con las experiencias anteriores en mente ¿no se debería apuntar a disminuir las filas? Por otra parte, aunque mucho más ordenado, el servicio de buses sigue siendo insuficiente en relación a la cantidad de personas que lo utilizan. Eso sí, las esperas tanto de ida como de vuelta, aunque fueron largas, también estuvieron mucho más tranquilas, como si el público ya estuviera resignado frente a la lentitud del servicio.

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La jornada se inició con puntualidad. Una de la tarde y el Escenario Ray-Ban que se comenzaba a llenar con los primeros en arribar al recinto desde temprano para dar la bienvenida a la única banda chilena que dijo presente en los main stages. El ensamble nacional puso su cuota de psicodelia en una prolija y atmosférica presentación, que se enmarcó perfectamente con el sol y la fresca brisa que corría por la Ruta 68. Aún así, la actuación tuvo que ser cortada de tajo, puesto que los nacionales se excedieron con el tiempo sobre el escenario, lo que produjo el corte de la amplificación por parte de la producción del festival y solo sonando con la amplificación de ellos, de todas maneras los aplausos no demoraron en aparecer, incluso con Magnus Sveningsson, bajista de The Cardigans, presenciando la espacial propuesta de los chilenos. (Bayron Ríos)

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Miami Horror

La euforia vino en forma de synthpop, o eso hizo creer Benjamin Plant y Josh Moriarty durante la hora que Miami Horror estuvo sobre el escenario de Movistar. Ambos, en compañía de Daniel Whitechurch y Aaron Shanahan, se turnaron el papel de frontman en el espectáculo que desde ‘American Dream’ no esctimó en saltos y aplausos que fueron replicados por los asistentes, en clásicos contemporáneos de la pista como ‘Real Slow’ y ‘I Look To You’.

Piruetas sobre la escenografía en altura, y halagos constantes para nuestro país -con el que ya tienen una larga relación- le dieron la partida a la fiesta diurna en la que se transformó Primavera Fauna, que con la presentación de los australianos quedó cargado de energía para seguir: el agradable viento que comenzó a correr, en conjunto con las cervezas necesarias para sobrevivir al extenuante sol que no dejó de pegar, acompañaron todo el ritmo de las esperadas ‘Sometimes’ y ‘Holidays’ que se transformaron sólo en un adelanto de todo lo que Espacio Brodway tuvo para entregar. (Bárbara Carvacho)

Wild Nothing

‘Reichpop’, ‘Nocturne’, ‘Confirmation’ y ‘Live In Dreams’ se ganaron la atención y los gritos de las primeras filas de fanáticos que al momento de canciones como ‘Chinatown’, y su novena pieza del setlist, ‘TV Queen’ hicieron notar que Jack Tatum era uno de los más esperados de la programación del certamen de este año.

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Eso sí, la explosión y la expresión de los más pasivos no llegó hasta ‘Paradise’, single que anunciaba que el turno de la agrupación estaba llegando a su fin, no sin antes tocar ‘Summer Holiday’ y ‘To Know You’. Curiosos conformes, fanáticos contentos. Eso sí, probablemente no fue un buen show ni siquiera para ellos, quienes se miraban arriba del escenario cuando de pronto aparecían equivocaciones en la ejecución. Además, ¿qué es ‘Chinatown’ sin sus teclados? Ese es un ejemplo de los problemas de sonido que hubo. (Bárbara Carvacho)

The Cardigans

Lo que harían los suecos de The Cardigans estaba bajo la atención de todos. Una visita no concretada había generado bastantes expectativas entre los fanáticos locales. Pero no fue hasta 2015 que Nina Persson, Magnus Sveningsson y compañía se hicieron presentes en territorio nacional con el pop tan único que los destacó en la segunda mitad de la década de los noventa. Si bien los asistentes a esa hora del día ya habían podido disfrutar de varios números, fue The Cardigans quien comenzó a prender realmente las masas (siendo bastante generoso con estos últimos). El espectáculo, compuesto por 15 canciones, fue interrumpido varias veces por el espeso aire que corría a esa hora, incomodando a Nina en varios pasajes. El punto máximo llegó cuando aparecieron clásicos como “Erase/Rewind”, “Lovefool” y “My Favorite Game”, siendo acompañados por tímidos coros del público. (Nicolás Pereira)

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Mac DeMarco

Con unos cinco minutos de retraso saltó al escenario Mac Demarco, junto a esa pandilla de gringos chascones, descamisados y graciosos que oficia como su banda de apoyo. Lo hizo para mostrar, sobre todo, las canciones de Another One (2015), que en vivo se oyen menos aletargadas que en el disco, con una vibración distinta, similar a las composiciones que están en 2 y en Salad Days, lo acompañó, por otra parte, el contexto. Mientras el sol caía al poniente y la tarde se volvía amable, Mac Demarco despachaba canciones ideales para escuchar en esa situación: distendidas, amigables, perfectas para un goce guiado por el brillo de las guitarras. Son esos timbres los que definen la música del norteamericano, aún cuando las canciones más recientes abran un espacio importante a los teclados. Es música de guitarras, de guitarras con un sonido muy particular, ya familiarizado con el canto lánguido de Mac Demarco, salpicado por chistes y aullidos al viento.

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Fue uno de los primeros actos que provocó devoción entre el público, que hasta una bandera lanzó al escenario. Quizás ese cariño se explica porque, a diferencia de otros participantes del festival, Mac Demarco actúa con una naturalidad entrañable y se salta algunas formalidades de un evento tan reglado. Un ejemplo: mientras The Cardigans todavía hacía lo suyo, apareció en el escenario para montar todo junto a sus compañeros de banda, como si se trata de una tocata más y no de un gran festival. Luego, cuando el concierto finalizaba con “Still together”, imitó lo que ya había hecho su tecladista y se lanzó sobre el público, avanzando casi hasta las últimas filas en manos de sus devotos. Y siempre sonrió, aunque de regreso en el escenario su polera con un retrato de Neil Young estuviera hecha jirones. Una postal para atesorar. (Rodrigo Alarcón)

Explosions in the Sky

Luego de finalizado el energético show de Mac Demarco, el público se agolpó en el escenario Movistar para ser testigos de la primera presentación de Explosions In The Sky en Chile. El quinteto estadounidense inició su embestida orquestal con ‘First Breath After Coma’, mientras el sol comenzaba a disiparse entre los cerros de Pudahuel. Michael James tomó las riendas del show, comandando a las guitarras de Munaf Rayani y Mark Smith con lúcidos solos. Chris Hrasky estaba sumido en un mundo aparte: entre su batería, las redes sonoras que tejían sus compañeros y las proyecciones de la pantalla que le resguardaba su espalda, parecía disfrutar el show a un nivel propio, desconectado del espacio/tiempo. Un show emotivo hasta decir basta y que capturó la atención de los presentes hasta el último segundo. El final se construyó con la tenue ‘Let Me Back In’ para pasar posteriormente a ‘The Only Moment We Were Alone’, donde la catarsis arremetió en la atmósfera. Las sonrisas eran imborrables en la cara de los fanáticos, dejando como palpable evidencia que lo vivido había sido uno de los puntos altos de la jornada. (Nicolás Pereira)

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Rhye

Con la noche ya encima parecía un momento elegido para ver el soul sedoso de Rhye. Quizá un llamado de atención a la organización en un detalle: en cuanto había un poco de silencio los beats de los escenarios electrónicos se entremezclaban con el sonido de los escenarios principales, dando lugar a un pequeño caos sonoro y, siendo sinceros, a cierta molestia como espectadores. Y es una pena especialmente en el caso de Rhye al que llegábamos después del shock producido por el intenso espectáculo de Explosions in the Sky, porque la emoción a ratos quedaba recortada por factores externos como ese o las ideas y venidas del sonido por culpa del eterno viento.  No es menor esta queja porque afectó durante toda la jornada y es algo que se debería valorar en el futuro.

El concierto en si funcionó de la misma manera que funciona su disco Woman. Con una instrumentación de lujo, con la voz de Milosh que, por momentos te hace sentir que a falta de Sade él puede cumplir con creces, llegó a sus puntos álgidos en sus más grandes canciones, esto es, en los singles ‘Open’ y ‘The Fall’, que actúan un poco como bendición y como castigo (no estamos seguros de que puedan superarlos). Es verdad que hay momentos en los que la instrumentación gana peso frente a las versiones de estudio como en ‘Last Dance’ y, a pesar de que la distinción al proyecto está en el peso de la parte vocal, se agradecían estas pequeñas variaciones. Sin muchos fuegos de artificio en lo visual juegan sus cartas con inteligencia.

Saben lo que se espera de ellos y eso dan. Frente a otros artistas que pueden decepcionar tratando de sorprender el pero que se les pudo achacar es precisamente su propia virtud, una evidente falta de riesgo que hace que todo e l público (no era difícil de comprobar escuchando los comentarios) quede satisfecho, pero sólo una pequeña parte apasionado. No es difícil de confirmar esta teoría cuando un buen rato antes del final muchos de los asistentes dejaban de lado la última parte del concierto de Rhye para posicionarse ante la inminente (aunque luego tuvieron que tragarse su playlist de Youtube) salida de Morrissey. La razón es clara: uno podía estar disfrutando pero nada te hacía sentir que perderte un rato significaría no asistir a algo esencial. (Javiera Tapia)

Morrissey

Nada en la vida está al azar y mucho menos los videos que iniciaron esa experiencia multisensorial llamada Morrissey. The Ramones, Ike & Tina Turner, Charles Aznavour, Leo Sayer, Bob & Marcia, New York Dolls e incluso la poetisa Anne Sexton, fueron parte en esos treinta minutos de atraso en el show. Pero en realidad el inglés nos trataba de decir algo, desde siempre, en todo momento.

Tonight we are throwing our arms around Paris fue el saludo con el que se presentó ante las miles de personas que esperaban el plato fuerte de la jornada. ‘Suedehead’ fue la encargada de iniciar la procesión junto a una batería de hits que noquearon a todos: ‘This Charming Man’, ‘First of the Gang to Die’, ‘Alma Matters’ y ‘Speedway’ dejaron instalada la emoción en la fanaticada. Morrissey se daba el tiempo de conversar, preguntando si lució bien en su presentación en El Informante. Le acomoda el público nacional al inglés y se reflejaba con naturalidad al interpretar parte de su último trabajo World Peace Is None of Your Business (2014) y que respetuosamente era recibido por el público.

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Pero lo de Moz es un todo completo, el mensaje y las visuales eran brutales en ‘Ganglord’, con imágenes de la policía haciendo uso a destajo del abuso de poder sobre personas y animales. ‘The Bullfighter Dies’ se proyectaba con la imagen de un toro preparando el golpe final a un herido torero, como telón de fondo. Pero todo este imaginario confluye en ‘Meat is Murder’, canción que cobra una fuerza ludovica al mostrar secuencias de mataderos alrededor del mundo, cerrando con la leyenda “¿Cuál es tu excusa ahora? La carne es asesinato”.

También tuvo palabras para lo sucedido en Francia y dedicando ‘I’m Trowing My Arms Around Paris’, con la bandera gala de fondo. El final fue para ‘The Queen Is Dead’ con un Morrissey a torso desnudo y lanzando su camisa como ofrenda al público, encendiendo aún más el fuego por el mancuniano, en un show que sufrió ligeros cambios respecto a su presentación en Movistar Arena, pero que sencillamente fue un deleite para los oídos. (Bayron Ríos)

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Phonique

El Domo Heineken prometía entregar una experiencia diferente a la de los demás escenarios. Físicamente, ya era algo diferente: dos domos conectados por un túnel. El primero, con una barra que la gente utilizó más como un espacio de conversación y luego, el espacio en donde lo importante estaba pasando. Sólo se necesitaba una tarima para el DJ y todo el lugar repleto, así estaba el Domo al menos a la hora de la presentación del músico y productor alemán. Pero la distribución física no fue sólo lo importante. El lugar pretendía ofrecer algo extra: visuales en 360 grados, al más puro estilo de un planetario. El público parecía estar hipnotizado. Muy pocos hablaban. La mayoría bailaba solo frente al escenario, mirando las proyecciones. Una y otra vez, sin parar. El Domo pretendía hechizar y, al parecer, lo hizo.

Empire of the Sun

No hay tiempo para el error en el cierre del escenario de Movistar. Las luces están sincronizadas de manera perfecta, el vestuario no sufre ningún inconveniente, la capacidad de las bailarinas hace llegar a pensar que tienen toda la coreografía programada con alguna tecnología oriental, y la interpretación de Empire Of The Sun explota una y otra vez en el rostro y pies de los asistentes que a la una y treinta de la madrugada todavía reservaban un poco de energía para escuchar canciones como ‘Sound Scape Intro’ seguida por ‘Old Flavours’, encargadas de darle la partida al show.

De aquel 2008 que los vio debutar con su lanzamiento, Walking On a Dream, la agrupación ha pasado por altos y bajos, pero si hay algo que los australianos han podido conservar tras estos años, rumores de ruptura, y separaciones inesperadas, es que la esencia de la banda es la misma: ningún sentido va a quedar quieto después de un par de canciones de Empire Of The Sun, mucho menos de piezas como ‘We’re The People’, el mismo éxito que los trajo al Lollapalooza durante el 2011 donde se convirtieron en la sorpresa de un arriesgado espacio electrónico en su primera versión.

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Exceso de humo y led para una presentación que no escatimó en nada. Confianza musical que pista tras pista revela lo cuidadoso que ha sido el trabajo de los australianos en la creación del espectáculo, la virtud de una buena batería y el apoyo de cuerdas en el proyecto rebosado de sintetizadores y sonidos acordes al baile, y una performance que no termina de encajar con el cansancio de los asistentes que sentían como las más de 13 horas de festival empezaban a pasar la cuenta.

Luke Steele toma a la perfección el papel de guía en el paseo cósmico que entregaron los extractos de sus LP como ‘Surround Sound’, ‘I’ll Be Around’ y la esperada ‘Walking On A Dream’, que con guitarra destrozada frente a todos y salidas dramáticas le dieron paso al verdadero final del show. Ese mismo punto en que toda la puesta en escena cobró sentido.

Sólo bastaron unos segundos de ‘Alive’ para que la gente que había asumido el encore como el fin volviera a mirar con atención. Esos mismos segundos que bastaron para que miles de celulares estuviesen preparados para grabar lo que engloba con todas sus letras el significado de presentación en vivo. Al final de cuentas el himno, que deja la sensación de haber visto un comercial de retail, es el mismo que hace sentir a los asistentes que la suma de dinero que están pagando va un poco más allá de ir a escuchar una canción que les gusta. Y va a aprovecharlo hasta el último sonido del mayor éxito de los encargados de empezar a cerrar el lugar. Imposible no despedirse del Movistar Stage sin repetir una y otra vez ‘loving every minute ’cause you make me feel so alive…’. (Bárbara Carvacho)

Para revisar el álbum completo de Movistar Primavera Fauna, visita nuestro fan page.

Te presentamos este contenido gracias a la invitación de Heineken.

Fotos: Jaime Carrera y Reinaldo Rodríguez

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