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Ozzy Osbourne – Movistar Arena (28.03.2011)

Ozzy Osbourne – Movistar Arena (28.03.2011)

Seba Amado C.

Fotos por Carlos Varela y Guido Asis

El prospecto de la visita de un músico de 62 años, sin importar cuán bien cuidado esté, siempre va a provocar aunque sea un mínimo grado de preocupación. Tal vez no para el público, pero sí para quienes están tras bambalinas y tienen que velar y responder, de cierta forma, por él. Por su performance, su estado físico, su capacidad para aguantar el ritmo de un concierto en vivo ante miles de personas. Ahí es donde se suele apelar a una buena banda de soporte capaz de “aguantar el fuerte” y cubrir cualquier falencia de aquel gran nombre que está en la marquesina y que, en más casos de los que nos gustaría admitir, está venido a menos.

Anoche, por tratarse de quien se trataba, aquella idea rondaba a la mayoría de los presentes. Los mismos que, en el fondo, estaban a la espera de un chasco o algo por el estilo. Y qué tapaboca se llevaron. Porque el tipo que se subió al escenario del Movistar Arena estuvo lejos de aquel que visitó suelo patrio el 2008, y a años luz del gagá de voz temblorosa que el circuito de la televisión reality dejó impregnado a fuego en demasiadas memorias. El que vimos en una nueva fecha de su Scream World Tour no era una parodia de sí mismo, sino todo lo contrario. Era una leyenda viva: alguien muy, muy cercano al Ozzy que queríamos ver.

Con un recinto casi lleno (mostrando, una vez más, que el público del metal no falla) y tras la presentación de ese engendro bastardo y lamentable que el mercenario de Andreas Kisser insiste en llamar Sepultura (pan pan, vino vino), unos minutos de espera para el correspondiente montaje de backline y listo. Apenas pasadas las 21:00 hrs., el Príncipe de las Tinieblas salió a escena con mirada desorbitada y lleno de energía. La clásica ‘Bark at the Moon’ dio inicio a un set que se paseó por todas las etapas de este ícono indiscutible del metal, algo tremendamente complejo de lograr en sólo quince temas, pero que se cumplió a carta cabal.

Desde el repaso necesario al catálogo de Black Sabbath (acelerando ‘War Pigs’, cumpliendo de sobra con ‘Fairies Wear Boots’ y ‘Rat Salad’, quedando un poco al debe a la hora de ‘Iron Man’, resarciéndose con ‘Paranoid’), paseando por buena parte de su propio material solista (tremendas versiones de ‘Mr. Crowley’ o ‘Suicide Solution’, la sentida entrega de ‘Mama I’m Coming Home’ y una extraordinaria ‘Crazy Train’), hasta llegar a su último disco. Un detalle no menor, porque todo quien creyera que el británico sólo venía a echar mano a antiguos repertorios se debe haber llevado una gran sorpresa al escuchar al Movistar Arena coreando a rabiar ‘Let Me Hear You Scream’, el brillante primer single de su última producción.

Hablar de Ozzy en vivo implica, necesariamente, hablar de los músicos que lo acompañan. Un line-up por el que han pasado insignes como Jerry Cantrell, Robert Trujillo, Zakk Wylde, Randy Rhoads, Steve Vai y Mike Bordin (por nombrar a unos cuantos). Y da la curiosidad respecto a este show que, si hubo alguna crítica musical después de, apuntó hacia ellos. Lo de Gus G. (guitarra) es y será complicado por un tiempo largo: las comparaciones con Wylde son inevitables, y a momentos los solos se le fueron de las manos. Algo similar pasó con “Blasko” Nicholson (bajo), a quien no se le oía todo lo que tocaba (culpa del instrumento, los efectos o los sonidistas, quién sabe). Tommy Clufetos (batería) cumplió, aunque a la hora del quiebre instrumental (que entre solos y demases alcanzó quince minutos) dejó claro que es mucho mejor con el doble bombo que con las manos. Y lo de Adam Wakeman (teclado, segunda guitarra), quizás el más sólido de los cuatro, es toda una curiosidad. Por años, Osbourne tocó sin tecladista, o bien con uno escondido tras un biombo para que pasara desapercibido ante el público. Y ahora está ahí, a vista de todos. El paso del tiempo cambia costumbres, y en este caso es una buena cosa, considerando que el aludido siempre estuvo a la altura de las circunstancias.

Pero a la hora de los análisis, el resultado es uno solo: quien mejor estuvo sobre el escenario fue el propio Ozzy, que no tiene derecho alguno a estar cantando tan bien a estas alturas. Mojado entero desde el primer tema, tomándose tiempo entre canción y canción, alentando al público a corear su nombre. Dejando el alma a cada momento y agradecido de principio a fin. No nos engañemos con frases del tipo “el renacer de Ozzy”, por favor. Él nunca se ha ido. Se perdió a ratos, entre la caja chica, el cuerpo que le pasa la cuenta y el adaptarse al paso del tiempo. Pero ya no más. Sí, es cierto, el tipo viene de vuelta, pero no con la cabeza gacha y sus últimas fuerzas, sino con los ojos abiertos y una sonrisa que -mientras está sobre el escenario, al menos- no se le borra ni con cirugía. Y ese brillo en la mirada, ese guiño propio de alguien que sabe que está por dejar boquiabiertos a quienes tiene adelante. Anoche fuimos por nostalgia y nos regalaron una clase de cómo rockear hasta el último aliento, hasta la última gota de sudor. Se puede discutir el setlist, se puede discutir a los músicos, pero la entrega está ahí, inapelable. Y así, a la larga, es como se defiende un legado.

SETLIST

1. Bark at the Moon
2. Let Me Hear You Scream
3. Mr. Crowley
4. I Don’t Know
5. Fairies Wear Boots (Black Sabbath)
6. Suicide Solution
7. Road to Nowhere
8. War Pigs (Black Sabbath)
9. Shot in the Dark
10. Rat Salad (Black Sabbath)
11. Iron Man (Black Sabbath)
12. I Don’t Want To Change the World
13. Crazy Train

Encore
14. Mama, I’m Coming Home
15. Paranoid (Black Sabbath)
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