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Jay-Z & Kanye West – Watch the Throne (Roc-A-Fella)

Publicado el 21 de Septiembre de 2011 por

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Un profundo exceso de conciencia del poder que convocan. Aquel aroma deja el trabajo en colaboración de dos de los más connotados músicos de la Norteamérica actual. Ambicioso, derrochador y excesivo ante todo. Portador de destellos geniales llenos de melodramatismo y opulencia. A veces, incluso, el romperle la madre a las estrategias musicales contemporáneas -gravamen manifiesto para estos miembros de la elite que nos miran hieráticos desde el partenón- provoca una sentida y forzada intención por dar siempre una vuelta más a la revisión final del álbum, por tratar de estrujar de alguna nueva e intrépida forma el sample, a riesgo de desfigurar una canción, como en el caso del precioso muestreo original de Otis Redding en ‘Try a Little Tenderness’ para ‘Otis’, cuarto track del disco.


Un profundo exceso de conciencia del poder que convocan. Aquel aroma deja el trabajo en colaboración de dos de los más connotados músicos de la Norteamérica actual. Ambicioso, derrochador y excesivo ante todo. Portador de destellos geniales llenos de melodramatismo y opulencia. A veces, incluso, el romperle la madre a las estrategias musicales contemporáneas -gravamen manifiesto para estos miembros de la elite que nos miran hieráticos desde el partenón- provoca una sentida y forzada intención por dar siempre una vuelta más a la revisión final del álbum, por tratar de estrujar de alguna nueva e intrépida forma el sample, a riesgo de desfigurar una canción, como en el caso del precioso muestreo original de Otis Redding en ‘Try a Little Tenderness’ para ‘Otis’, cuarto track del disco.

Todo en pos de la vanguardia, de la sorna omnipotente y áurea, de proyectarse con la vacua y majestuosidad que poseen los adelantados. En este sentido, y tomando en cuenta lo último hecho por uno y por otro, “Watch the Throne” es, desde lo conceptual, mucho más disco de Kanye West que de Jay-Z. Y aunque comprenderá el de Chicago que jamás podrá siquiera pensar en métricas como las que porta el de New York -si es por medir-, la balanza se carga para el lado de un emotivo West, quien pareciera tomar el timón de la obra buscando cohesión en lo que –según los mismos autores- fue un difícil tetris de agendas de músicos tremendamente comprometidos en sus carreras personales, deambulando entre Honolulu, París, Sidney, New York, Abu Dahbi y Wiltshire, haciendo coincidir genios y horarios para dar vida a este golem. Y en aquel saco no sólo caben los autores intelectuales: también son parte de la obra músicos tan destacados como RZA, Swizz Beatz, 88-Keyz, Q-Tip, The Neptunes y una larga lista de arreglistas y ghost producers).

De la mano de lo anterior, y considerando que el resultado último pareciera develar dos egos hiperdesarrollados jugando póquer con sus respectivas creatividades, más que un proyecto alternativo y complementario a sus carreras solistas, quizás sería buen ejercicio ver con un poco mas de acucia qué posee “Watch the Throne” de cada cual. Si ya mencionamos que a simple vista la mayoría de las formas que surgen nos recuerdan mucho más a “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” que a “The Blueprint 3”, es indudable que cierto aspecto de la opulencia, justamente aquel que apela con más ímpetu a la negritud, es atribuible al método de Jay-Z. En ‘Made In America’, mientras Kanye pareciera estar más preocupado de excesos metafísicos y débitos divinos, Mr. Carter habla con elegancia de lo duro que sigue siendo ser negro y exitoso en la sociedad de consumo, dejando claro además que los recursos clásicos del hip hop le sientan mucho mejor que a su compañero de andanzas, lo cual es un doble halago: al flow de uno de los mejores letristas que ha parido la costa este por un lado, y a la cada vez mas madura osadía y al atrevimiento que muestra West, quien estira elásticamente su relación con el rap y pasa por estadios musicales mucho más nutridos y afanosos.

Tal vez les pasó la cuenta la mutua admiración, probablemente si se hubiesen faltado un poco más el respeto estaríamos frente a un disco de dimensiones magistrales. Y si bien es seguro y merecido encontrárselo en futuras revisiones dentro de lo mas granado del año, no deja de llamar la atención que quizás lo único que lograron tamizar como concepto central sea justamente uno de los pecados más grotescos de la industria a la cual pertenecen, y por añadidura, del estilo de vida occidental. “Somos los mejores, miren nuestro trono. Ya sea desde la ironía o desde la gloria más absoluta, pero miren nuestro trono. Miren quiénes somos, pues somos los mejores y jamás podrán ser como nosotros”. Pensando que reuniones como ésta no se dan todos los días, el afán avant-garde que acusan, esa constante por desmarcarse del resto y autocoronarse debió haberse encauzado en un concepto un poco más obtenido que el de la distancia que da el lujo. ¿Responsabilidades? Absolutamente todas, pues como dicen los superhéroes de Marvel, a mayor poder, mayor es el yugo del deber. Aunque ‘Murder to Excellence’ sea una obra maestra que pague cualquier negligencia, Aun así.

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