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Maratón Massive Attack: Mezzanine (Virgin, 1998)

Publicado el 9 de Noviembre de 2010 por

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Muchas cosas pasaron entre 1994 y 1998. El reconocimiento e impacto de “Protection” fueron prontamente supeditados a un género y a un lugar: Trip-hop y la escena de Bristol. Dos términos de los que Massive Attack renegaba de forma tajante, pero que -no obstante- se hicieron recurrentes tras la aparición del “Dummy” de Portishead y del “Maxinquaye” de Tricky.


Muchas cosas pasaron entre 1994 y 1998. El reconocimiento e impacto de “Protection” fueron prontamente supeditados a un género y a un lugar: Trip-hop y la escena de Bristol. Dos términos de los que Massive Attack renegaba de forma tajante, pero que -no obstante- se hicieron recurrentes tras la aparición del “Dummy” de Portishead y del “Maxinquaye” de Tricky, quien para entonces ya había decidido no trabajar más con Robert, Grant y Andrew.

Su alejamiento no fue el único cambio que rodeó este largaduración. Ante la partida de Nelle Hoope, Neil Davidge se hizo cargo de las perillas. Primero como ingeniero y luego como productor propiamente tal, en un proceso de grabación friccionado que terminó con Andrew Vowles retirándose del grupo. Y es que, si bien su nombre está en cada track de este álbum (salvo ‘Man Next Door’, cuyos créditos son exclusivos de The Cure por el sampleo de su tema ’10:15 Saturday Night’), la dirección creativa estaba en otras manos.

Robert Del Naja había tomado el asunto por cuenta propia, llevando a Massive Attack por otro camino. Una senda plagada de pequeñas referencias post-punk, con extractos de The Velvet Underground e Isaac Hayes. Un derrotero oscuro e hipnótico, una colección de ambientes y sonidos graves. Con Horace Andy (quien también fue parte de su más reciente “Heligoland”) y la incomparable Elizabeth Fraser, de Cocteau Twins, como invitados estelares, no había quiebre que pudiera detener esta obra de arte.

Desde ‘Angel’ hasta ‘(Exchange)’, “Mezzanine” tiene un don siempre escaso y difícil de encontrar: es una de esas creaciones que, de tan inimaginables que son, cambian vidas al ser conocidas por primera vez. Con densos himnos que ya son inmortales, como ‘Risingson’ e ‘Inertia Creeps’. Con joyas escondidas de un tremendo nivel de adicción, como ‘Black Milk’ y los ocho minutos de cambios de intenciones, estilos y velocidades que componen ‘Group Four’. Con ‘Teardrop’, una canción que está en una categoría aparte, escrita por Fraser en homenaje a Jeff Buckley y con un videoclip memorable. Las razones suman y siguen. Unas a simple vista, otras con el pasar del tiempo y las escuchas. Todas válidas para poder afirmar que éste es, de principio a fin, un disco rotundo.

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