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Maratón The Smashing Pumpkins: Gish (Caroline, 1991)

Publicado el 25 de Octubre de 2010 por

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A finales de 1990, cuatro músico veinteañeros de Chicago dieron con el nombre de Butch Vig, por sugerencia de su sello discográfico, mientras buscaban un productor barato. Eran The Smashing Pumpkins, quienes sólo contaban con el autogestionado single debut ‘I Am One’, editado por la pequeña etiqueta Limited Potential, y querían seguir obrando en estudio. La primera colaboración entre ambas partes se llamó ‘Tristessa’, el único sencillo de la banda para Sub Pop y el primer atisbo de lo que sería “Gish”.

A finales de 1990, cuatro músico veinteañeros de Chicago dieron con el nombre de Butch Vig, por sugerencia de su sello discográfico, mientras buscaban un productor barato. Eran The Smashing Pumpkins, quienes sólo contaban con el autogestionado single debut ‘I Am One’, editado por la pequeña etiqueta Limited Potential, y querían seguir obrando en estudio. La primera colaboración entre ambas partes se llamó ‘Tristessa’, el único sencillo de la banda para Sub Pop y el atisbo inicial de lo que sería “Gish”.

Editada en mayo de 1991, a través de la independiente Caroline (Bad Brains, White Zombie, Hole), la placa supuso cambios futuros en la vida de todos sus involucrados. La tensión que experimentaron grabando, por falta de presupuesto y la responsabilidad de seguir de día en sus empleos extramusicales, convirtió a los Smart Studios de Wisconsin en un lugar insufrible mientras registraban el álbum. Tales sesiones fueron la génesis de los ahora famosos delirios perfeccionistas y déspotas de Billy Corgan, quien -años después- declaró no conocer esa faceta suya sino hasta el mismo día en que empezaron a trabajar.

Antes de asesorar “Gish”, en diciembre del ’90, Butch Vig había trabajado con bandas como Die Kreuzen y Killdozer. Agrupaciones que se convirtieron en reconocidas influencias para los estandartes del grunge, pero que no gozaron de una estampa distintiva que los hiciera sobresalir y se perdían en raudales de baja definición. Muy por el contrario, The Smashing Pumpkins (conscientes de que probablemente ésta sería su única oportunidad) hurgaron en las posibilidades sónicas y profundizaron hasta encontrar su propia singularidad, con su líder y vocalista en el papel de co-productor.

La opción tomada fue perseguir la fastuosidad en el registro. Con influencias claras del heavy metal y el art-rock, el cuarteto debutó con un disco donde convivían a la perfección dos fuerzas opuestas: las procesadas paredes de guitarras de Billy Corgan y James Iha versus la batería de Jimmy Chamberlin, quien grabó sólo una o dos tomas por canción. Rasgos que alimentan el mito detrás de una placa que, además, se encargó de presentarnos a un grupo rebosante de ideas, pese a que los recursos –técnicos y estilísticos- con los que contaban no eran los óptimos para concretarlas.

Con este álbum, las puertas quedaron abiertas, no sólo para el éxito mundial de la banda, sino también para una metodología que marcaría los noventas. Hay un antes y un después de estos 10 cortes en la carrera de Butch Vig. La siguiente misión del productor fue grabar “Nevermind”, la segunda entrega de una banda de Seattle con la que expandió y mejoró lo aprendido aquí. El trío de Kurt Cobain le arrebató el protagonismo a The Smashing Pumpkins, que serán tildados como “los nuevos Nirvana” en 1993, cuando regresen con el multiventas “Siamese Dream”. Nadie dijo que la vida era justa.


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